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Monodrama [2min] Empty Monodrama [2min]

Mensaje por Carol Ney el Vie Feb 27, 2015 12:21 pm

Hola~ gente bonita y conocedora, les traigo un one shot bonito, loco y dulce, espero de todo corazón que les guste y disfruten de la historia. Ya saben que lo mió es 2min, así que aquí esta. De antemano gracias por leer ^^


Mono-drama.



Con el codo sobre la mesa que sostenía su cabeza, Minho presenció una vez más como aquel chico alto (no tan alto como él) intentaba inútilmente hacer que el mesero aceptara tener una cita esta noche. El “Don Juan” hablaba sentado en el taburete junto a la barra mientras el empleado permanecía parado junto él, abrazando una charola contra su cuerpo.

A nadie podría parecerle relevante que un chico se le declare a otro, pero estamos hablando de “él mesero” de esta agradable y concurrida cafetería; un chico de más o menos 1.70 m de altura, de cabello negro como la noche, con pestañas largas y ojos avellana que con solo dedicarte una mirada puede sonrojarte y hacer que sonrías aunque no lo quieras.

(A él le pasa muy a menudo)

Lo que obviamente sucede porque lo observa a cada maldito segundo que pasa en esa cafetería, ya sea por un simple café, o por el antojo de un pastel de chocolate. M…no, en realidad lo mira porque no puede dejar de hacerlo. Es imposible retirar los ojos de esa belleza con mandil marrón y estampado de letras amarillas que dice “Bienvenidos a ‘ACE’ la cafetería que sabe consentir a sus clientes”

—No, lo siento hyung estoy doblando turno, para el final de la noche estaré muy cansado y al único lugar que quiero ir es a mi casa a dormir —dijo con una triste sonrisa en sus rosados labios.

El chico soltó un suspiro de resignación—. Taemin algún día conseguiré que aceptes una cena conmigo.

—Será un día que no trabaje hyung —dijo y se despidió dándole una palmada en el hombro.

Minho frunció el ceño ante aquel acto de confianza, no entendía como Taemin podía ser tan amable con alguien tan terco como ese chico, si hubiese sido él, hace tiempo que le habría estampado la charola de metal en su rostro.

Sonrió para sí mismo imaginando esa escena, luego se vio acercándose lento y muy confiado, alejando a ese tipo, dándole un empujón que lo hace caer del taburete mientras él hace una pose típica para empezar a coquetear.

Sonríe galante y las mejillas de Taemin se coloran, hablando tan cerca del pelinegro, sonriéndole, incluso acariciando su rostro, se siente poderoso.

—Taemin —dijo con voz ronca y sensual—. Ya sabes lo que quiero.

—Hyung…—susurró el chico, poniéndose más rojo.

—Saldrás a cenar conmigo, ¿verdad?

Los dedos de Taemin apretaban con fuerza la charola, sus labios estaban entre abiertos, invitando a Minho a probarlos. Asiente confirmando que aceptaría su petición. Su mano se alzó y se posó lento sobre la mejilla caliente del mesero, lo vio dar un respingo por el contacto.

—Tae —Se acercó lento…muy lento. Hasta que su aliento chocó con los labios de Taemin…

— ¿Qué ordenará señor? —como si le hubieran abofeteado, despertó de su dulce sueño solo para darse cuenta que Taemin estaba parado frente a él, con su libreta de notas y un lapicero en mano, sonriendo como siempre, siendo amable con su sola presencia, solo como él sabe hacerlo.

—Yo…yo…—balbuceó como un retrasado, carraspeó la garganta sin saber dónde colocar las manos. Torpemente tomó el menú y lo alzó hasta su rostro quedó totalmente oculto, logrando que el sonrojo de sus mejillas no estuvieran expuestas a la vista de nadie.

Su pierna comenzó a brincar, se aclaró de nuevo la garganta y tuvo que hacer un esfuerzo descomunal para que no se le rompiera la voz al querer hablar de nuevo.

—Un…un café americano por favor.

—Siempre pide un café hyung parece que le gusta mucho la cafeína.

— ¿Qué? —dijo con total asombro, bajó lentamente el menú y de nuevo esa sonrisa lo cautivó.

—Que siempre que viene pide un café americano —se rascó la sien con el extremo de su lapicero—. Disculpe fue algo impertinente.

Para nada, de hecho le hizo feliz que Taemin se fijara en ese detalle a pesar de que la mayoría de las veces era atendido por el otro mesero que debía estar en su día de descanso. Un chico rubio de mirada felina y lindo trasero, claro no tan lindo como el de su Taemin.

—Me gusta el café —dijo apenado, detestaba parecer un hombre inseguro, porque a sus 24 años la inseguridad era algo que no se podía permitir, menos en la profesión que escogió. Doctor, estudiaba para ser doctor.

Taemin anotó el pedido en su pequeña libreta, Minho no perdió ningún movimiento de sus blancas manos ni de su anillo de rosario que brillaba con el reflejo de las luces. Se dio cuenta que de nuevo perdía la mirada en ese bello ser y se obligó a desviar su atención antes de ser atrapado.

—Usted —dijo vacilante, eso fue algo nuevo—. Estudia en la Universidad Central, ¿no?

—Sí, ahí estudio. Pero por favor dime Minho, si solo me dices “usted” me siento realmente viejo.

—Disculpe us…Minho hyung—se corrigió rápido.

Las mariposas en su estómago revoloteaban con solo escuchar que lo llamaba así. Instintivamente se llevó una mano sobre su abdomen, como si les exigiera a esas molestas creaturas que no agitaran tan fuerte sus alas porque lo hacían sentirse mareado.

(Aunque cerca de Taemin siempre se sentía inestable, como si el piso le fuera arrancado de golpe cada vez que lo tiene junto a él)

—Quiero entrar a esa universidad —dijo decidido—. Pero necesito ayuda con el examen de admisión, hay materias que no se me dan muy bien. Y no conozco a alguien cercano que estudie ahí.

¡Dios santo! ¡¿Me pedirá lo que creo que me pedirá!?

Ante la espera de la pregunta crucial, tuvo que apretar las manos sobre su abdomen ya que las mariposas se habían convertido en un enjambre de abejas hambrientas que zumbaban desesperadas por ir en busca de su miel.

—Sé que debe estar ocupado en sus propios asuntos, pero de verdad deseo entrar a esa universidad —eso fue casi una súplica anticipada—. Quiero estudiar gastronomía y convertirme en el mejor chef de este país…pero necesito pasar ese examen y necesito su ayuda, si pudiera ayudarme a estudiar, eso, eso sería perfecto, yo…

Taemin detuvo sus palabras cundo se percató que Minho no dejaba de observarlo, ni siquiera parpadeaba. Se echó a reír haciendo que el mayor despertara por segunda vez de sus fantasías.

—Debo parecer un loco —dijo y Minho al fin parpadeó.

Lo había vuelto a hacer.

Había fantaseado con decirle lo bonito que era, que le gustaba, que cada día que pasaba se enamoraba más de él. Y en esa fantasía no era rechazado, si no era bien aceptado, incluso festejado su declaración con un beso de esos apetecibles labios.

—No, no, no —Minho agitó las manos en el aire—. Yo…yo puedo ayudarte, no tengo problemas, yo…yo…—sentía que las abejas, pese a ser imaginarias, saldrían de un momento a otro de su boca.

— ¿Es enserio? —dijo emocionado—. No quiero causarle molestias enserio.

—No, está bien, yo te ayudaré —dijo ya más tranquilo—. Tú solo debes decirme que días puedes y yo estaré ahí para ti.

—Minho hyung quien debería pedirle que le informe de sus días libres soy yo —dijo en tono divertido.

Minho inevitablemente se sonrojó.

—T…tienes razón.

— ¡Mesero! —dijo una voz detrás de él. Un agradable anciano pedía que le tomaran la orden.

—Más tarde podemos ponernos de acuerdo —dijo, tomó su libreta de nuevo, arrancó una hoja que le entregó—. ¿Podría pasarme su número telefónico?

Taemin está pidiéndome mi número. Dios muchas gracias por esto.

Algo nervioso tomó la hoja y prestándole el lapicero escribió rápido una serie de números. Cuando acabó se lo entregó y el chico rápidamente lo metió en el bolsillo de su mandil.

—Lo llamaré más tarde, gracias de nuevo hyung y disculpe las molestias, ¡oh! En un minuto le traigo su café.

—Sí, sí, no te preocupes —dijo casi en su susurro pues Taemin ya se había dado la vuelta y encaminado hacia el anciano que le robó la atención del pelinegro.

Susurró una grosería hacia aquel hombre de avanzada edad, pero de inmediato pidió disculpas con una mirada al techo, hablando en su mente con el creador, pidiéndole un poco de auto control.

Sentía que podría derretirse sobre su silla, se llevó una mano al rostro y masajeó el lado derecha de esta. Soltó una sonrisa que se fue extendiendo hasta mostrar sus dientes blancos.

Todo había pasado tan rápido que creyó que fue una más de sus fantasías. Habían pasado cerca de seis meses cuando entró por casualidad a esta cafetería, ya que ese día estaba lloviendo como si el cielo fuese a caerse y corrió dentro del local, había entrado tan rápido que terminó chocando contra la frágil figura de Taemin.

Su penosa necesidad de estar cerca del chico comenzó con una mirada y una sonrisa y desde entonces no ha hecho otra cosa más que estar a su alrededor, yendo cada vez con la excusa de que el lugar le queda cerca para comer.

Se recostó sobre la mesa, perdiéndose de nuevo en sus fantasías románicas, esas donde puede decirle a Taemin cuando le gusta y cuan enamorado esta de él. Sí, en sus fantasías es más fácil declararse, porque en la vida real, le falta valor.
~

—Yo…solo quiero que sepas algo —se aclaró la garganta, su mirada se hizo expresiva—. Te parecerá ridículo, pero desde la primera vez que te vi, no sé, sentí que algo cambio en mí, yo…yo simplemente me enamoré de ti.
Se hizo un terrible silencio en la habitación.

—Soy tan patético —dijo al caer de rodillas frente a su espejo.

Hace como media hora había estado hablando con su reflejo, imaginando como podría comenzar una posible declaración hacia Taemin quien, en menos de diez minutos estaría en su departamento para comenzar sus asesorías y que así lograr que pase su examen de admisión.

A gatas se acercó al enorme espejo de su habitación, su camiseta blanca estaba arrugada de tantas veces que la estrujó para contener el temblor en sus manos mientras recitaba su monólogo.

Colocó una mano sobre el espejo, acercó el rostro, su aliento empañaba reflejo al mismo tiempo que se concentraba en crear una imagen clara de Taemin, como si estuviera en ese preciso instante frente a él.

—Tú eres la persona más hermosa que he conocido en mi vida, yo…yo te amo —dijo tan rápido que parecía no haber movido la boca.

Cerró los ojos con fuerza al tiempo que se tiraba hacia atrás, su enorme cuerpo cayó sobre el frío piso de madera, masculló una maldición para sí mismo. Sentía las mejillas calientes, pataleó como un mocoso en pleno berrinche, se sentía avergonzado, de su propia vergüenza.

¿Qué tan loco suena eso? ¿Cómo un hombre de 24 años podía estar frente a un espejo, utilizando su reflejo para imaginar que habla con la persona que le gusta? No le gustaba sentirse tan vulnerable, no le gustaba sentirse desprotegido.

No le gustaba como lo hacía sentir Taemin aun cuando no lo tenía cerca.

El timbre sonó, el chico de sus sueños llegó. Se levantó y rápidamente se hizo un inspección rápida de su apariencia, salió de su habitación y fue corriendo hacia la puerta principal, antes de abrir se pasó la mano por la cabeza, peinando sus cabellos rebeldes.

—Hola —dijo Taemin cuando le abrieron la puerta.

—Hola Taemin, pasa por favor.

Y se hizo a un lado para dejarlo entrar. Dejó que caminara hasta los muebles de su pequeña sala. Al final eligió el sofá más grande, se sentó y dejó su mochila caer junto a sus pies.

— ¿Quieres algo de beber? Agua, café, incluso tengo té —dijo con su mejor sonrisa.

—Un café estaría bien.

—Bien, acomódate. En seguida regreso.

—Lo haré hyung.

Para cuando llegó a la cocina, tuvo que respirar profundo para tranquilizarse, sus manos comenzaron a sudar, se repetía que debía mantener la calma o él mismo se delataría. Se recriminó el hecho de casi tartamudear, suplicaba por que el chico no se haya dado cuenta ya de su nerviosismo.

—Calma, calma Minho —se decía mientras preparaba la cafetera y la encendía—. De todas maneras no es como si él te mirara de la misma forma, así que no hay porque estar nervioso.

Sí, eso lo tranquilizaba, o le servía para no sucumbir por sus nervios. La sola idea de que Taemin ni siquiera lo miraría como algo más que “el tipo que lo ayuda a estudiar” lo destrozaba, pero a la vez lo convencía de que no podía haber nada entre ellos.

Por más masoquista que sonara, a Minho le funcionaba. Dejar claro que estaba prohibido, esa la mejor manera de estar como siempre.

Como si no estuviera enamorado.

Así que se ideó un plan para esta tarde: sólo se dedicarían al estudio, se concentraría en ayudarlo en lo que pueda y las conversaciones sería banales. Si pensaba en que podía declararse lo echaría todo a perder.

Cuando el café estuvo listo, lo sirvió en un par de tazas rojas y las llevó a la sala.

Desde que salió de la cocina pudo verlo desde lejos, sacando un par de libros y una libreta en la cual anotar las clases, sintió una ligera decepción al darse cuenta que lo que planeaba hacer, Taemin ya lo tenía decidido desde que le pidió ser su tutor.

El chico en ningún momento pensó en que iban a hacer otra cosa más que estudiar para el dichoso examen de admisión. Sintió su corazón romperse, sonrió triste pero fingiendo que estaba de maravilla.

Logró despegar los pies del piso y se acercó.

—Veo que has venido preparado —dijo ofreciéndole la taza de café humeante.

—Quiero pasar ese examen a como dé lugar, y necesito estar preparado para lo que sea —dijo seguro de sí mismo.

Otra cosa que me gusta de ti.

—Bien entonces comencemos —le dio un sorbo a su café para luego dejar la taza sobre la mesa de centro.

—Muchas gracias por ayudarme Minho hyung, no voy a defraudarlo.

—No creo que lo hagas —sonrió tiernamente, como si se tratara de un hermano al cual ayuda con la tarea—. Ahora es mejor ponernos a trabajar.

—Hyung —dijo Taemin al momento de extender su mano y tomar la mejilla de Minho en ella.

El corazón le comenzó a latir con fuerza, su toque lo quemaba.

—Tae…

—Debería ser más cuidadoso —y alejó su mano, sobre sus delgados dedos pudo ver una bolita de pelusa gris.

—Debió pegarse cuando caí al suelo —dijo para sí.

— ¿Cómo?

—No, nada.

La amplia sonrisa que Minho le ofreció a Taemin fue lo suficiente para convencerlo de que no pasaba nada. Aunque por dentro el alto se derrumbaba se decidió por estar lo más calmado que pudiera.

Se concentró en sus asesorías, solo en eso.

~

Dio un trago grueso de saliva, respiró tan hondo que casi sentía que los pulmones le explotarían. Lo estaba mirando a los ojos, incluso se aventuró a acariciarle una mejilla.

—Solo quiero que escuches lo que tengo que decir —dijo con voz seria—. He pensado mucho en lo que voy hacer y creo que es momento terminar con esto.

—Pero Minho…

—Shhh —le colocó el dedo indicé sobre los labios rosados—. Por favor solo escucha.

Se acercó lentamente, moría por abrazarlo, por decirle tantas cosas a la vez, pero debía hacer las cosas con calma, Taemin lo miraba algo asustado y no quería hacer que terminara corriendo lejos de él, menos cuando al fin tenía la posibilidad de declararse y acabar con su sufrimiento.

Tomó su rostro con ambas manos

—Taemin yo te…

—Minho es hora de que te levantes —dijo de repente.

— ¿Qué? —Frunció el ceño—. De que…

—Ya es hora…—miró su reloj de muñeca, luego lo acercó para que el moreno mirara la hora.

Pero había algo extraño en su reloj, las manecillas se movían a toda velocidad. Una luz salió de aquel aparato y lo cegó. Lo siguiente que pasó fue que abrió los ojos y estaba en el suelo de su habitación, boca abajo, con un fuerte dolor en su cabeza y nariz.

Aduras penas se levantó, con una mano se tallaba el tabique, giró lentamente hacia su reloj en la mesita junto a la cama, eran pasada de las once de la mañana. Echó una maldición al aire, esta era ya una rutina diaria, desde que había empezado las asesorías para Taemin, cada noche soñaba con la tan ansiada declaración que su corazón le pedía a gritos pero que su cerebro le impedía hacer.

La lógica batallaba contra el corazón. Mientras el primero lo llenaba de miedo el segundo le decía que debía atreverse a confesarse.

Era una batalla sin un ganador claro.

Caminó hacia su enorme espejo y se miró, las ojeras se hacían cada vez más grandes, no evitó reírse de sí mismo y de lo poco que podía controlar el asunto. Nunca creyó enamorarse tanto de alguien, al menos no de esta manera, porque no es que nunca haya tenido pareja, ha tenido solo dos novias, y a las dos las quiso mucho, pero en ninguno de los dos casos tuvo problemas para pedir que sean sus novias.

¿Entonces que hacía diferente a Taemin? El hecho de que fuera hombre no era relevante, es decir, no importara que lo fuera, el chico logró atraparlo con su dulzura, no sabe si es porque es joven, o porque es amable o porque cuando sonríe siente que el cuerpo le hierve y su corazón late de prisa.

En realidad, no sabe exactamente porque le gusta, ni tampoco porque no puede olvidar ese sentimiento, pero no le gustaba estar así, siempre con el corazón latiendo con fuerza, obligándolo a hacer cosas tontas y un tanto locas.

Al pasar de los días había empezado a creer que más que una bendición, el chico resulto ser su maldición.

Más ahora que lo tiene cerca y ha empezado a conocerlo, más bien porque Taemin le ha contado cosas que Minho no esperaba que le confesara. Como por ejemplo: tiene un hermano mayor, tiene un perro llamado “coco”, le gusta mucho bailar, el otro chico que trabaja en la cafetería es su mejor amigo desde los doce años, que le gusta mucho la carne roja o que tiene amigos mayores con los que le gusta ir al karaoke…

Que le gusta el café con mucha azúcar, que le gusta caminar y contemplar en silencio el paisaje; que le gusta salir de fiesta pero no ha aprendido a tomar, que cree devotamente en el destino y el amor terno.

—Quisiera tocarte, quisiera decirte lo importante que eres para mí —dijo mirando su reflejo en sus pupilas. Se dejó caer sentado frente al espejo, sin dejar de observarse, tratando de respirar normal.

—Quiero, yo te quiero.

Lo dijo aunque no haya nadie para responderle, en realidad lo había dicho para el resto del mundo, para ver si así lograba liberarse de su prisión, una jaula de oro que Taemin diseño especialmente para él.

Una trampa perfecta. Pues la idea inicial era que tuvieran una relación asesor-alumno, pero se ha involucrado mucho, ya no puede solo mirarlo y respirarlo, necesitaba más.

Cada vez que lo tenía sentado a su lado, hacia un esfuerzo descomunal para no abrazarlo, para no alzar su rostro y finalmente besarlo. Era una maldición, estaba seguro que al fijar la mirada en la suya provocó que una fuerza extraña lo maldijera y así, hizo que Taemin lo viera solo como “una persona más” mientras él, dentro de su corazón, crecía un amor que nunca pidió.

Pero del que no podría desechar jamás.

Cerró los ojos y en su mente materializó a Taemin, justo frente a él.

—Quiero besarte, quiero besarte ¿me dejarías besarte?

Alzó sus manos simulando tocar su rostro, moviendo los dedos como si los enterrara en su sedoso cabello.

—Tan suave, tan lindo.

Una sonrisa se formó de sus labios, ladeó la cabeza, palpando con las manos el imaginario rostro de Taemin, sus dedos pulgares acariciaban esas mejillas, incluso pudo sentir el calor emanando de su blanca piel.

— ¿Qué me hiciste? —Preguntó tan inocente—. ¿Por qué tuviste que sonreírme de esa manera? ¿Por qué lanzaste este hechizó sobre mí? ¿Qué no ves que ya no puedo seguir con mi vida sabiendo que tú no me notas?

Locura.

Se creyó un loco porque juraría que sintió sus manos ser tomadas y acaricias como él lo hizo con sus mejillas. Su Taemin de mentiras sonreía y le decía.

“Soy tuyo, soy tuyo”

Susurraba como si fuera un fantasma.

Soltó una carcajada y abrió lentamente los ojos, sus manos que estaban en el aire, fueron bajando hasta chocar contra el suelo, y tan dramático como es él, se dejó caer de espaldas. Sintió las mejillas calientes y tuvo que cubrir su rostro con las manos, a pesar de que ahí, no había nadie que pudiera verlo.

Se encontró de nuevo con su soledad y sus interminables ansias de tenerlo entre sus brazos.

—Taemin ¿te diviertes? —Dijo con la mirada en el techo—. Me eh convertido en un hombre patético enamorado. Ya no puedo ser yo, este mes que te he dedicado solo a ti he perdido todo contacto con el mundo exterior.

>>Al salir de la universidad, corro para pasar a la cafetería y así poder verte aunque sea de lejos, porque no quiero que pienses que soy un acosador —se mordió el labio—, en realidad si lo soy, pero no de la forma que puedes pensar.

>>Solo espero impaciente a que llegues a mi departamento, solo para tenerte unas horas para mí, solo para mí. Me había hecho una promesa de no ser más que tu tutor, pero siempre que vienes terminas contándome como va tu día, las personas que conociste y lo feliz que te hace trabajar en esa cafetería.

Se destapó el rostro.

—Soy un chico de 24 años, enamorado de un joven hermoso de 18 años —dijo con voz apagada—, soy un chico universitario, responsable de mí mismo, alguien que está perdiendo la razón por la sonrisa de una maravillosa persona —sintió un leve escozor en los ojos, no quería llorar pues ese sería el indicio de que ha caído en lo más profundo de la perdición.

>>Siento celos —dijo elevando la voz—. Siento celos de los tipos que se te acercan, los odio por mirarte, pero me odio aún más a mí por no tener el valor de terminar con esta tortura. Sí Taemin —pronunció su nombre con rudeza—. Soy un cobarde porque si me confieso puedo perder la confianza que tan esperanzado te une a mí.

>>Pero por sobre todas las cosas te odio a ti, por convertirte en esa dulce tortura de la que no puedo ni quiero escapar. Te odio porque me haces diferente, te odio porque así como me das fuerza me haces cobarde. Siempre voy a vivir pensando en el “si le hubiera dicho”, “si me hubiera atrevido”.

Se levantó de un impulso, con el corazón agitado, maldijo por lo bajo, apretó la mandíbula en un intento de reprimir un grito desgarrador.

— ¡Te odio Taemin, te odio por hacerme esto!

El ruido del cristal rompiéndose lo hizo alzar la mirada y fijarla en la puerta. Su corazón bombeó la sangre tan rápido que sintió como si alguien le hubiera golpeado ahí.
Sus ojos se abrieron hasta dejar al descubierto sus ojos. Todo su alrededor se distorsionó dejando sólo la trágica imagen de quien no esperaba que escuchara su dramático monologo.

Por el espacio que la puerta entre abierta le dejaba, observó a Taemin arrinconado a la pared del pasillo, como si alguien lo hubiera estampado de un golpe. El florero de cristal que le regalo una amiga estaba hecho añicos alrededor del menor.

Se levantó algo torpe, caminando hacia la puerta y abriéndola en su totalidad, logrando que la luz de su habitación iluminara ese bello rostro.

—Taemin —susurró con una mezcla de miedo y sorpresa.

—La puerta estaba abierta —contestó automáticamente—. Vi la luz de la habitación por el pasillo y yo pensé que…que…

Minho recordó lo último que dijo antes de descubrir a Taemin en el pasillo.

—Taemin eso que dije no, no es verdad…

Pero el pelinegro no quiso escuchar, se despegó de la pared y emprendió su camino hacia el final del pasillo. Minho lo siguió y antes de que pudiera escapar de su departamento lo tomó del brazo para hacerlo girar, pero al hacerlo vio lo que nunca hubiera querido.

Los ojos de Taemin estaban llenos de miedo.

Así que lo soltó.

—Yo no te odio —dijo a modo de disculpa.

No sabía exactamente cuanto haya escuchado, pero es seguro que lo último, sí. No sentía el cuerpo, era como si su cabeza flotara en el aire y se meciera con el viento.

—Tú dijiste que me odiabas —Minho lo vio agachar la mirada, supuso que estaba escondiendo su rostro de miedo transformándose en ira y asco.

—Yo…

—Y también dijiste que te gustaba.

Eso último hizo que Minho diera un respingo.

—Que por mí culpa estabas pasándotela mal.

—Tae…

Se quedaron largo tiempo en silencio, ninguno de los dos parecía querer hablar del incómodo asunto. Minho tenía miles de disculpas y palabras para justificar su loca costumbre de hablar solo, pero entendió que nada de lo que dijera serviría, de hecho solo confirmaría que de verdad está loco.

Sintió su ira mezclarse con la vergüenza.

¿Cómo pudo descubrirlo precisamente cuando estaba en su momento de locura?

¿Por qué de todos los días, Taemin había escogido este para aparecerse tan temprano en su departamento y descubrir así lo mal que estaba?

Sabía que tampoco habría nada que justificara que siempre lo observara, así que decidió al menos, que Taemin decidiera por sí mismo lo que haría.

—Puedes pensar de mí lo que quieras —dijo con voz neutra—. Puedes hacer lo que mejor consideres.

Taemin levanta la mirada, parecía menos asustado, pero un poco desconcertado. Asintió con la cabeza, dándose la vuelta y tomando la perilla de metal.

— ¿De verdad, sientes todo eso que dijiste? —su voz no sonaba molesta, no sonaba a nada, era como tirar la pregunta al aire.

—Sí —dijo seguro—. Me enamoré de ti.

—Yo no quería hacerlo —Minho se sorprendió al verlo girar—. No pensé que te sintieras así, de haberlo sabido jamás me hubiera atrevido a acercarme a ti.

—Pe…pero…

—Soy un idiota —dijo para sí.

Y finalmente salió.

Minho escuchó sus pasos alejándose por el pasillo, reaccionó tarde cuando abrió la puerta y se asomó, solo para comprobar que de verdad se haya ido. Y cuando no vio a nadie, entro de nuevo al departamento.

¿Qué pasó? Se preguntó. No entendió muy bien lo último que Taemin dijo.

¿A qué se refería con “no quise hacerlo”? ¿Por qué decir semejante cosa cuando fue él quien lo estropeó todo?

Se halo los cabellos con ambas manos.

— ¡No importa lo que significa! ¡Taemin no volverá! —gritó con desesperación.

~

Había pasado una semana desde aquel penoso incidente en su departamento. No se había atrevido a ir a la cafetería, no podría soportar la mirada de repugnancia de Taemin o que se sintiera intimidado en su lugar de trabajo.

Así que prefirió alejarse, por el bien de ambos.

Esta mañana había decidido ir a caminar, su cuerpo necesitaba moverse y su mente despejarse. La idea de que todo el drama que protagonizó fue, eso, un drama, lo hacía enrojecer las mejillas.

Nunca voy allegar a la madurez.

Ajustó sus tenis y se colocó los audífonos, estaba listo para partir. Abrió la puerta de su departamento y casi se cae de espaldas al ver a Taemin con la mano alzada, porque seguramente pretendía llamar a la puerta con ligeros golpecitos.

— ¡¿Qué haces aquí?! —dijo sorprendido.

Taemin se mordió el labio, a Minho se le antojó morder su labio. Inmediatamente desechó la idea, estaba regresando a su hábito de fantasear y no le gustaba.

—No has ido a la cafetería —dijo tratando de no sonar molesto, pero fallando en el intento—. Pensé que algo malo te pasó.

Y también notó que le estaba hablando informal.

—Yo…he estado ocupado —mintió, Taemin frunció el ceño.

— ¿Enserio? —ya no fingió no estar molesto.

—Sí.

El silenció los abordó.

—Yo no quería hacerlo —dijo Taemin, ahora Minho fue quien frunció el ceño.

— ¿Qué cosa?

—Yo…yo creí que…si aceptabas ser mi tutor podría estar más cerca de ti, sin…sin nadie más alrededor, solo yo y tú…y…así conocerte más…no imaginé que te estuviera haciendo tanto daño.

A Minho le costó un poco carburar las ideas, su estado de shock le impidió hilar sus pensamientos con rapidez. Sorpresivamente, Taemin lo empujó dentro del departamento y cerró la puerta tras él

—Tae…

—Solo quería saber más de ti.

El corazón estaba gritándole que sí es eso que piensa, que lo que estaba diciéndole el pelinegro era lo que creía que era.

—Tae —se acercó un poco—. Tú…tú estás diciendo que me pediste que te ayudara con el examen…

—No te mentí cuando dije que necesitaba ayuda, gracias a tus asesorías he aprendido mucho, pero también fue la excusa perfecta para...

— Tú querías estar cerca de mí —No reprimió la emoción en su voz—. Tú…tú querías…

—No me bastaba verte en el café —frunció los labios—. Siempre ibas y te quedabas en esa mesa pensando en no sé qué cosas. Era molesto tener que echar a los hyungs que me invitaban a salir, sentía mucha vergüenza si estabas mirando hacia nosotros.

—Tae —lo tomó velozmente de los hombros—. ¡¿Rechazabas a esos tipos por esperarme a mí?!

El rostro de Taemin enrojeció de inmediato, una clara respuesta a su pregunta.

— ¡Dios porque me haces tan bruto! —Dijo al tiempo que abrazaba a Taemin—. Tonto, tonto, soy un tonto. Todo este tiempo, tú estabas viéndome, incluso diste el primer paso que yo tenía miedo de dar.

—Minho está asfixiándome —apenas pudo decir.
—Lo siento —dijo dejando un poco de espacio entre ellos.

El silenció que ya parecía amiga de ambos se hizo presente. Nerviosos sus dedos jugueteaban con lo que tuvieran a su alcance. A Minho le hubiera gustado poder decirles tantas cosas, esas cosas que siempre fantasea con decirle, todas las posibles declaraciones que construyó no se ajustaban a la situación.

Así solo optó por una cosa:

—Gracias por no considerarme un loco —dijo apenado, rascándose la nariz—. Después de lo que viste…

—Por supuesto que creo que estás loco —el alto puso cara de espanto.

Taemin rio.

—Sé que suena mal pero me gusta ser la razón de tu locura —se frotó la mano sobre el brazo—. Así como tú lo eres de la mía.

— ¿Qué?

—Parece que nunca te diste cuenta —se sonrojó—, pero todos en la cafetería saben que tú…que tú me gustas…

La boca de Minho se abrió grande, balbuceó cosas a las que Taemin no quiso ponerle atención.

—Key dijo —continuó—, que tú siempre me mirabas cuando yo no medaba cuenta, que hacía lo mismo que yo, yo también te miraba cuando no te dabas cuenta, lo, lo siento…

Minho tenía que asegurarse de que no se trataba de un malentendido.

— ¿Estás diciendo…que te gusto?

Taemin frunció los labios, desvió la mirada y asintió con la cabeza.

La sonrisa de Minho era radiante, no podía creer que estuviera pasando en realidad, Taemin se le declaraba frente a frente, eso parecía un sueño más. Decidió comprobar si lo que pasaba era verdad o no, se pellizcó un brazo tan fuerte como pudo, chilló de dolor, y sonrió al confirmar que estaba despierto.

— ¡Dios no estoy soñando! —gritó alegre—. ¡Esto de verdad está pasando!

Taemin lo miró casi con compasión, aunque le agradaba que Minho fuera así de loco. No se había dado cuenta de cuanto le gustaba en todos los sentidos, ahora que había dejado al descubierto sus sentimientos una oleada de calor lo atacó y aprovechó la distracción de Minho para hacer algo que desde que tropezó con el alto en la cafetería ha querido hacer.

Dio un par de pasos que eran los que lo separaban, se colocó de puntitas y atrapó el rostro de Minho, sus labios atraparon los ajenos, en una increíble sensación de estar flotando en medio de la sala, quería decirle que sus labios siempre fueron el motivo de una tentación que tenía que reprimirse.

Porque tenían bonita forma y parecían esponjosos, justo como un bombón.

Ahora comprueba que efectivamente así es.

Pero Minho, asimilando su realidad, aprovechó todo lo que Taemin le estaba ofreciendo, así que lo abrazó desde la cintura, se relajó, su lengua chocó dos veces con los labios de menor, pidiendo permiso como cuando tocas a la puerta para que te dejen entrar a una casa.

Taemin abrió ligeramente la boca, ofreció su lengua y fue tomada, sonrió, y se dejó llevar. Los segundos que transcurrieron durante el beso fueron fantásticos.

—Tenía miedo de que me odiaras —susurró Minho sobre sus labios. Su mirada tierna enloqueció a Taemin.

—Escucharte decir que me odiabas me dolió —dijo abrazándolo—, pero escucharte decir que estabas enamorado de mí fue mejor…y a la vez me hizo sentir culpable por no haber dicho nada. No me fui porque te odiara, me fui porque estaba enojado conmigo.

—Debes pensar que soy raro por hablar solo…

Taemin se despegó solo un poco, para verlo a los ojos.

¿Loco? Claro que pensaba que estaba loco.

— ¿Qué es el amor sin un poco de locura? —dijo sonriente—. Creo que es uno de tus encantos.

—Tengo otros encantos —dijo alzando al ceja derecha.

Taemin se soltó a reír contagiando a Minho en el proceso. Se alegra de haberle hecho caso a Key cuando le dijo que vaya a buscarlo, esa semana pasada fue el infierno cuando nunca lo vio llegar a la cafetería.

Extrañaba verlo en su mesa habitual, sintiendo su mirada sobre él, atento a las ofertas que otros chicos le hacían y como las rechazaba.

Se alegra mucho de haber ido aquel día con la excusa de que no entendía bien un tema que sinceramente, gracias a él, dominó por completo. Solo quería una excusa para verlo ya que habían concluido las asesorías.

Solo una excusa y descubrió mucho más.

—Entonces enséñame esos encantos hyung…

Claro, esos encantos como los de perder la mirada en su taza de café mientas sonreía, haciendo que Taemin perdiera la razón tratando de averiguar en quien pensaba que lo ponía tan alegre.

Vaya sorpresa que se llevó al averiguarlo.



Carol Ney

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