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Mis hermosos recuerdos. Jongkey. Empty Mis hermosos recuerdos. Jongkey.

Mensaje por Sou-Tan el Jue Oct 24, 2013 11:21 am

Titulo: Mis hermosos recuerdos.
Pareja: Jonghyun - Key.
Personajes: SHInee.
Genero: Romántico / Angts / Song Fic / Flash Fic /
Nota: Basado en la canción de F(x) 'Beatiful GoodBye'. Disculpas por los posibles horrores ortográficos.


Mis Hermosos Recuerdos…

Seul, 2013.

Suspiro aburrido, llevaba más de cinco minutos en ese lugar y ya comenzaba a cansarse de esperar. Revolvió el café con evidente desinterés en beberlo.

Aquella cafetería no era ya de su agrado por lo que había significado tiempo atrás, pero había madurado lo suficiente como para poder estar ahí tranquilamente.

Y ahí había ido a parar otra vez, en uno de los ya no tan extraños intentos de Taemin por conseguirle una pareja. Desde la primera persona, ya había tenido varias pero no lo suficientemente serias como para que durasen más que meses.

Le enternecía como el menor se preocupaba por su situación sentimental, pero dudaba que se hubiese dado cuenta cuando le dijo que los hombres ya no le interesaban (que de cierta manera no era mentira), porque después de la primera persona le siguieron a esa solo chicas en las que jamás estuvo tan interesado como para que fuese alguna vez en serio.

Se llevó el café a la boca con una sonrisa mirando a los bancos altos en la barra, donde lo único diferente eran algunos colores.

Al parecer aquella desconocida tardaría un poco en llegar.

Mujeres.

[Flash Back]
Seúl, 2007

Una vez más ese revoltijo en su estómago, como fuegos artificiales explotando dentro de él. Estaba muy nervioso, una vez más lo habían cambiado de instituto. Lo que significaban las presentaciones rutinarias y la atención de demasiados ojos juzgándolo como para sentirse cómodo.

Ya había dejado muchos amigos atrás como para hacer nuevos, no tenía ganas, y, si tenía un poco de suerte, ellos no querrían incluirlo en ninguno de los grupos sociales ya formados.

Sostuvo fuerte el papel con su horario de clases y numero de aula que tenía anotados para por lo menos no estar tan perdido en su primer día de clases.

Rio tontamente; era un poco irracional que estuviese asustado, cuando, como mínimo había pasado por tres escuelas y dos institutos diferentes en todo el país. De los que podía recordar, claro.

Cruzo una esquina intentando por todos los medios que nadie se fijase en él, pero obviamente ese montón de estudiantes universitarios estaban más interesados en sus conversaciones que en un chico flacucho en uniforme.

Alguien en especial, un chico un poco más alto que el, llevaba lentes de sol y tenía apariencia un poco ruda, llamo su atención. Estaba consciente de que le había estado mirando más de lo permitido usualmente, por lo que desvió la mirada nervioso y acelero el paso, rogando internamente que solo no lo hubiese notado.

Y sus ruegos no surtieron muchos resultados que digamos. En esos días la seguridad de Kim Kibum estaba a duras penas forjándose, cada día trabajaban en eso sin darse cuenta. Tenía carácter, pero debía deshacerse de su timidez antes de poder sentirse por completo a gusto consigo mismo.

Era uno de esos que se esforzaban en ser mejor cada día, alguien bueno que no tuviese miedo de enfrentarse a la vida.

Habría borrado ese primer día de su memoria si tuviera el poder para hacerlo, jamás vio a un grupo de adolescentes tan revoltosos como aquellos, revoltosos y salvajes, además de presumidos y criticones, lo de siempre. No sociabilizaría con ellos, él no era así como ellos, que actuaban como niños tratando de demostrar su falsa madurez e insultando a sus supuestos amigos en sus caras.

Sería un largo año para Kibum.

***~

Fue rápidamente apartado por todos, que con odio envidiaban sus notas tan altas, creyéndolo presumido por eso y porque no hacia ni el más mínimo esfuerzo por acercarse a alguien más. Aunque en el fondo le entristecía que las personas tuvieran esa imagen de él, ellos no le importaban.

Los recesos los pasaba apartado, dibujando cualquier cosa, burlándose de las tantas historias que se habían inventado de él y de su vida. Con el tiempo decidió no cambiar su ruta para evitar a los estudiantes mayores de la universidad, y su mirada examinaba por escasos segundos a ese joven con facciones caninas que vio el primer día.

Tal vez la seria unos seis o cinco años mayor, tendría una carrera interesante así como su apariencia y muchos amigos encantados con esa sonrisa que se gastaba.
Solo quizá se estaba interesando mucho por alguien que no conocía.

***~

Ya estaban a mitad del primer trimestre y su interés por aquel chico había crecido así como su seguridad. Su situación se asemejaba cada vez más a la de sus compañeros, imaginando situaciones en las que hablaban y podían ser amigos, así como su vida, con ese rostro tal vez podría ser modelo si dejase los estudios.

Pero las cosas no siempre comienzan como nosotros deseamos.

Una vez más tomaba su camino a casa después de otro día de escuela, tan rutinario como los otros. De nuevo esos nervios durante los cuarenta segundos que le tomaban pasar de largo la universidad. De nuevo esos deseos de ser ignorado por los mayores y de nuevo esa sensación de volverse un completo idiota frente a ellos.

A comparación de cuando caminaba por otras calles, cuando camina frente a la universidad, no se sentía como una hormiga que pasaba desapercibida, sino como un gigante que llamaba la atención de todos aun cuando estaba consciente de que era su mente jugándole una mala pasada,

Y sucedió, su torpeza le gano.

Maldijo por lo bajo al llevarse un par de miradas no muy agradables, había hecho un muy pequeño ridículo frente a ellos. Dejo caer su mochila que, no dudaba, los chistosos de sus compañeros habían abierto para que todos sus libros se salieran. ¡Oh, sí que lo hicieron!

Apresurado comenzó a recoger, mucho más rápido cuando una risilla divertida se escuchó cerca, seguida por unas manos que le ayudaban con el desastre en el suelo.

No alzo la mirada hasta terminar y levantarse, para mirar apenado a la persona que le había ayudado. Un fuerte color carmín se adueñó desde su rostro hasta sus orejas. Genial, justo el chico cara de perro.

-Y-Yo lo siento.

-¿Por qué te disculpas?-. Le pregunto divertido.

-Quise decir, gracias. No tenías que hacer eso.- Negó haciendo un gesto con sus manos que al otro le pareció divertido.

-Tú tampoco tenías que hacer esto…

Le miro con ceño fruncido, ¿hacer qué? Lo entendió cuando el desdoblo un papel que reconoció como suyo dado las extrañas formas que tenía en la cara del papel donde no había un dibujo…un dibujo del chico.

-¡Hey, dame eso!-. Exigió apenado, hablando de manera informal.

-Eres bueno…¿Por qué parece un perro?

-¡Porque tú lo pareces, ahora dámelo, no es tuyo!-. Extendió sus manos dispuesto a quitárselo.

Jonghyun, como se llamaba el joven, riendo por la situación se puso de espaldas, alejando el dibujo de su rostro lo más que podía de las manos de ese lindo –porque si se había fijado en el desde que pasaba por ahí- estudiante.

-Soy yo, ¿Qué diferencia hay? ¡Y soy tu mayor, no me hables así!-. Le reprimió.- Además, estas muy cerca de una persona que no conoces.

Al escucharlo se alejó de inmediato cubriéndose la boca. Había quedado no solo como un acosador, sino también como un maleducado. Vaya primera impresión.

Lo que Kibum no sabía era que no había sido su primera impresión. La primera vez que Jonghyun lo vio, fue ese primer día de clases, cuando le había mirado un rato y llevaba esa sonrisa que hacia aparecer esos tiernos hoyuelos en sus mejillas. Desde ese día, no quitaba su vista del chico que pasaba todos los días frente a él.

-Lo siento, hyung.- Hizo una perfecta reverencia perfecta a modo de disculpa.

-Solo si me dejas quedármelo.

-¿El qué?-. Le miro curioso.

-A mi.- sonriente le mostro el dibujo.

-¿En serio?

-Sí, ¿Lo hiciste tú?-. Le vio asentir.- Tienes talento, deberías considerar el estudiar aquí cuando te gradúes.- Le halago.

Estuvo a punto de decir algo pero el ringtone de su celular le interrumpió. Era su mama, ella siempre tan oportuna. Aunque le salvo de una grande.

-¿Diga?-. Te dejo el almuerzo en el microondas, tuve una emergencia en el hospital.- Esta bien, suerte, te amo. Hyung, ¿Estas molesto?

El mayor le miraba con el ceño levemente fruncido, después de todo parecía que lo había hecho enojar y no quería ser golpeado por ese chico tan fuerte, era un poco bajo para su edad, pero su fuerza era evidente. La palidez cubrió su rostro mientras se preparaba mentalmente.

-¿Yo? Ah, no nada de eso. Yah, espabila que tu novia debe estar esperándote.- Le palmeo el hombro tranquilamente.

Tímidamente  devolvió la sonrisa que le había regalado, ¿novia? El ni conocía el nombre ni de la mitad de las chicas de sus clases.

-Debo irme, perdón por las molestias, Hyung.

-Ve, come bien.

-Comer solo es aburrido.- Hizo una leve mueca de desagrado-. Tú también come bien, Hyung…

-Jonghyun, y no me digas así, es como si fuese un viejo. Cuando me dicen Hyung es como si me dijesen Ajushi.- Sonrió.

-Soy Kibum, adiós Jonghyun H-Si, adiós.

Y ese fue el comienzo de sus hermosos recuerdos, totalmente desastroso. Poco después pensó en lo tonto que había sido, vaya forma de conocer a su futuro primer amor…

Los exámenes finales estaban próximos, lo que significaba que las vacaciones de invierno vendrían pronto, y con la venida de estas se libraría de sus molestos compañeros de clase y también de sus sosos comentarios. Lo malo de la finalización de clases, era el decirle adiós a esas vueltas a casa, donde los saludos a lo lejos y ocasionales cortas conversaciones que se habían vuelto frecuentes con el mayor.

Porque a Jonghyun no parecía molestarle sus edades tan diferentes, porque había descubierto ese lado divertido que contrastaba con esa faceta tan ruda que se cargaba, porque Jjong parecía más animado en hacerse su amigo que el mismo. Porque había conocido a la única persona que le parecía interesante y ya no iba a poder verla por un mes.

Y porque si, debía admitir, que esa persona comenzaba a gustarle, más allá de la relación Hyung-Dongsaeng.

Y los días pasaron tortuosamente lentos mientras dibujaba, esperaba que algo interesante para hacer llegase de golpe y las vueltas a casa se hacían más lejanas, muchos más lejanas a medida que se acercaban.

Seúl, 2008.

Recordaba haber estado ese día aún más nervioso que el primero. Cosas como atar sus agujetas y meter sus manos entre las cintas de su mochila parecían tener el mismo nivel de dificultad que resolver un cubo de rucbik estando maniatado. Al estar muy cerca de la universidad sintió de nuevo ese revoltijo en su interior.

¿Mariposas en el estómago? No, la cena de la noche anterior no era de su agrado, lo que significaba hambre. Mucha hambre.

Miro esperanzado a todos lados esperando verlo, aunque tal vez el moreno ya le había olvidado. Decepcionado quito su vista de ahí intentando no ser muy obvio, y lo que se encontró al mirar al frente le hizo dar un respingo. Le había asustado, estaba muy cerca y bueno, Jonghyun pago las consecuencias.

-¡Perdón, lo siento, me asustaste!-. Exclamo desesperado.- Tiendo a golpear lo que sea que este a mi alcance cuando me asusto y, bueno, técnicamente fue tu culpa.- Se encogió de hombros con una sonrisa angustiante. No estaba nada feliz.

-Esperaba un ‘Hola’, pero al menos te atreviste a tocarme…-. Se burló adolorido, sobándose el brazo donde le golpeo.

Sus palabras le causaron un sonrojo.

-Es triste no tener vacaciones, ¿cierto? Bueno, piensa que cuando entres a la universidad no tendrás casi nada de eso, es un privilegio.- Para esto él estaba poniendo unas caras de exageración muy graciosas como para dejar de reírse.- Pero es mejor así, ya me había acostumbrado a verte siempre por aquí. Es bueno tenerte de vuelta.

Las palabras fueron suficientes como para que sonriese como idiota durante todo el día al recordarlas.

-Yah, ¿Por qué dices esas cosas?-. Le dio un puñetazo de juego en el lugar donde le había golpeado.

-¡Auch!

-No ladres…

-¿Qué dijiste?

-Nada.- Negó.

-Bueno, va siendo hora de que entre a clase. Te veré en la tarde.- Agito su mano en forma de despedida.- Y, Kibum, bueno, ¿Qué te parece ir a comer después de clase?

La sonrisa gigante que se plasmó en su rostro fue la primera respuesta que recibió Jonghyun.

-Claro, pero, ¿Por qué? Digo, no me molesta, es que es extraño.- Se encogió de hombros.

-Debo ser un buen Hyung después de todos, y no sé nada sobre mi Dongsaeng favorito.- Hizo un puchero.

-¡Jonghyun-hyung!-. Grito una voz a lo lejos.

-Minho… ¡Nos vemos más tarde, Kibumie!

Se alegró por no haber tenido que responder a esas palabras, luego de escucharlas solo podía sonreír como el adolescente enamorado que se estaba dando cuenta que era. Y es diminutivo usado en su nombre fue algo que una persona como él no podía pasar por alto.

Y la mañana entera se la paso en las nubes, tanto que volver a los mismo susurros evidentes a sus espaldas y a los mismos ojos juzgándole no le afecto en nada, incluso pudo hasta reírse de ellos. Tenía un embrollo formado en esa negra cabecita. Con las únicas personas que hablaba era con sus amigos de otras ciudades, entablar una larga conversación con alguien, sumándole a eso unos cuatro años de más; le ponía los nervios de punta.

Le costó decidirse a levantarse de su mesa para ir a la salida, le pesaron los dedos al escribir y enviar ese mensaje a su madre y le costó más aun terminar de cruzar esa esquina que le llevaría frente a la universidad.

-¡Por aquí, Bumie!

Sonrió ante la melodiosa voz llamándole desde el otro lado de la calle. Jonghyun cuido de cada uno de los pasos que dio al cruzar la calle como si fuese un niño pequeño necesitado de atenciones debido a su torpeza y los impulsos de la edad.

Cuando llego a su lado no se extrañó cuando al mayor tomo su mano para dirigirlo a donde irían a comer. Anduvieron un rato hablando sobre el día que habían tenido en la escuela, una conversación donde el que más participo fue Jonghyun y Kibum agradeció que no hubiese hecho ninguna pregunta acerca de eso al ver que le incomodaba. Se golpeó mentalmente al imaginarse aquella salida como una cita, que de hecho no era la primera de su vida, y aunque no fuese una era, de hecho, la más importante de todas. En ese momento y durante tal vez unos años más adelante.

Al llegar tomaron asiento en una de las mesas de fondo, que como las demás, estaban junto al ventanal. Era una de esas típicas cafeterías con un espacio reducido pero suficiente, con una pequeña variedad de pasteles y dulces, algunos helados y una lista interminable de bebidas, además de algunos platos sencillos de preparar. También había una barra con bancos altos y un largo mostrador. El cambio de ambiente, donde estaba uno frente al otro y no había escapatoria al concentrarse en sus manos entrelazadas o en el camino bajando la mirada, sino que estaban allí, mirándose incomodos y rogando internamente a la camarera para que llegase a tomar su pedido, cosa que no tardo más de treinta segundos.

Los treinta segundos más largos de su vida.

Y lo demás fue un cuento muy distinto. No les costó reestablecer ese ánimo que mantenían al estar juntos, entrando en confianza una vez que informaron sus pedidos a la amable chica, encontrando sus gustos muy diferentes, contrastando así con sus parecidas y a la vez distintas personalidades. Y aquí entre lector-escritor, les contare un secreto que posiblemente Kibum jamás noto ni supo en un futuro y a Jonghyun nunca se le ocurrió mencionarlo: El mayor estaba evidentemente celoso de aquella chica que, como el, también había notado la sencilla pero esplendida belleza del pelinegro. La chica le dedicaba miraditas coquetas desde detrás del mostrador, y él tenía ganas de reclamar el solo hecho de atreverse a poner sus ojos sobre él. Mientras eso sucedía, Kibum estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos acerca de si realmente era tan común como para no merecer la atención de Jonghyun que la mesera si tenía. Si el pobre solo hubiese sabido que estaba pensando el cachorro…

-Cuéntame algo de ti.- Pidió emocionado por conocer un poco más de si dongsaeng, que por cierto, le había interesado más de lo que muchas personas considerarían aceptable y normal. Kibum le gustaba. No. Mucho más que eso. Se había enamorado de él. Porque Jonghyun era de esos que no tenían amoríos para tontear, como muchos tipos de su edad, él era de los pocos románticos con, extraños y poco comunes pero después de todo buen intencionados, principios en el amor.- Que no sea dibujar, eso ya lo sé y lo haces de maravilla. ¡Lo digo en serio!... Aunque tú ya debes saberlo.

A Jonghyun e divirtió y esperanzo ese sonrojo que tenía en sus mejillas adorablemente un poco regordetas, que se veían lindas por esos labios acorazonados, pero más que eso, eran esos un poco abultados pómulos debajo de sus afilados ojos felinos que le encantaban. Esperando una respuesta se refugió en su bebida. Realmente quería tener un lugar, por más mínimo que fuese, en la vida de ese dongsaeng con, posiblemente, más amigos de los que el tenia y una vida tan llena de preocupaciones de la edad que lo más probable era que solo le hablase por ser su Hyung, por cortesía.

No esperaba –en fondo lo hacía- que él, un estudiante de universidad, con unos cuantos amigos de secundaria y una carrera que se le haría aburrida, le interesase a Kibum, mucho menos en el ámbito amoroso. Jamás.

Pero hasta ese ‘jamás’ implico una posibilidad.

Kibum vacilo unos momentos, dubitativo. ¿Algo de el? Bueno, ser hijo único, con unos pocos amigos en diferentes estados del país evidentemente lejísimo, de gustos un poco excéntricos y siendo el marginado de su aula de clases, no tenía mucho que contar.

-A veces me gusta cantar, pero, ¿Sabes, Hyunguie? Me falta un montón de práctica.

Y entonces vio los ojos de cachorrito iluminarse, como si le hubiese dicho que había ganado la lotería.

-No puedo decir que soy el mejor, pero el canto es mi especialidad, tal vez yo podría… ¿sabes?...enseñarte un poco.

-¿En serio te gusta cantar? ¡Kya! Serás el mejor maestro, aunque, siento pena por tus tímpanos…

El mayor soltó una carcajada bastante sonora, no podría ser tan malo, era Key, y era tan lindo que ya quería escuchar la voz de ese angelito.

-Dices eso sin haberme escuchado antes, y quiero escucharte.- Dijo en tono dulce bebiendo de su malteada, tomando suavemente su mano que reposaba sobre la mesa, inquietándolo.- Cuéntame, ¿Tienes hermanos?, ¿Perros?, ¿Qué tipo de música te gusta?, te gusta dibujar, ¿Quién es tu pintor favorito?, ¿Cuál es tu cuadro favorito?
Kibum rio.

-No, soy hijo único Tengo dos perros. Me gusta todo tipo de música, desde rock hasta pop, también puedo bailar bailes de chicas. Monet, por supuesto, amo el impresionismo y su técnica. Mi cuadro favorito es sin duda las Amapolas, no es uno de sus trabajos más complejos, pero me encanta el sentimiento que transmite.

-¿Muchas preguntas, cierto?

De hecho no le molestaba en absoluto responderle. A Jonghyun, una persona notablemente honesta, podía confiarle hasta su vida. Estaba impresionado por ese gran interés que el mayor mostraba para con él. Había pensado que Jognhyun, un estudiante universitario muy jovial y probablemente conocido hasta fuera de su círculo estudiantil, seguramente muy talentoso no estaba interesado en un simple niño solitario que debía ser unos cinco años menor que él.

-Jong, ¿Qué edad tienes? Nunca hemos hablado de eso, y sinceramente me sabe mal hablarte de manera informal.

-19, ¿vez? No soy tan viejo como crees.- Dijo haciendo una especie de pucheros muy extraños como para ser eso.- No te rías-. Y lo volvió a hacer.- ¿Y tú? No me has dicho aun.

Bajo su mirada, tenía miedo de alejarse solo por una tontería de la edad, más aun si el mayor le gustaba. Y mucho.

-Este verano serán 16.

-¡Woah!-. Exclamo el otro con su típica reacción cuando algo lograba impresionarlo.- Pensé que debías tener unos 17 ya cumplidos.

-Hyung, -a veces no podía evitar llamarle así.- ¿Aun quieres ser mi amigo?, ¿no te incomoda?

-Nop, eso te hace más lindo de lo que ya eres.- Sorbeteo del vaso totalmente vacío, tranquilo, sin mirarle, como si lo que hubiese dicho casi no hubiese hecho que Kibum escupiese la malteada por la nariz.- Muy lindo.- Y sonrió tiernamente.

Esa tarde Kibum supo que Jonghyun quería entrar en el mundo de la música como compositor, que tenía una hermana mayor, que la mayor parte del tiempo convivía con noonas –cosa que ciertamente no le agrado-, que podía ser diez veces más dulce de lo que aparentaba, que tenía una perra llamada Roo, y que sus mejores amigos era los supuestos Jinki, Minho y el pequeño Taemin. Jonghyun era mil veces más intrigante e interesante de lo que creía, y cada cosa que le contaba parecía ser más curiosa y propia de él que la anterior. Kim Jonghyun era una gran caja de sorpresas sin lugar a dudas.

Y los pequeños roces de sus manos, las miradas juguetonas de esos ojos de cachorrito que amablemente le regalaban, los dulces susurros con su nombre pronunciados con ternura, y la gran sonrisa que adornaba su rostro cuando le encontraba mirándole. Todas esas cosas fueron las que hicieron que ese día tuviese tanto peso en su vida.

Pero aun había algo que haría de ese el mejor de todos sus días: Los motivos de la invitación de Jonghyun.

Al salir casi tiritando de los nervios que se apoderaron de el sin consideración alguna, por el rabillo del ojo pudo notar como no era único intimidado por la situación. No era como si una despedida fuese la gran cosa. La gran cosa era que ninguno quería despedirse. La gran cosa era que Jonghyun no soltaba su mano y no mostraba tener intención de hacerlo. Ya estaban fuera de la cafetería que próximamente se convertiría en su lugar. 

El cielo pálido y libre de un sol que lo adornase le daba a la ciudad esa típica apariencia de tarde-noche, la hora del día en que las persona comenzaban a cuestionarse y a reprimirse a sí mismas por haber perdido su tiempo del resto del día, intentando infructuosamente aprovechar las pocas horas de luz y claridad que les quedaban.

Pero ahí estaban ellos, siendo dos tontos avergonzados de ellos mismos por no ser capaces de hablar.
Jonghyun sentía miedo, pánico de llegar a asustar a ese pequeño, su pequeño.  Debía decirle, quería y necesitaba que supiese sobre sus sentimientos que ya de por si eran evidentes, y a la vez malinterpretados por un Kibum desesperanzado que solo quería irse a casa porque se hacía tarde. Aunque solo fuese una excusa barata para no hacer el tonto soltando un comentario incoherente totalmente fuera de lugar.

Soltó su mano, ganándose la curiosa mirada del mayor, quien aún vacilaba sobre su confesión. Agito momentáneamente su mano en señal de despedida y suspiro un inaudible adiós para Jognhyun, que confundido solo le miro atontado.

Partió sin más, sintiendo cada uno de los momentos vividos cada vez más lejanos, fugaces en tan solo cinco segundos que llevaba andando.

Y sucedió, Kim Jonghyun reacciono a tiempo antes de perderlo de vista, yendo tras él y girándolo gentilmente un poco por su brazo, asustándolo por un momento por temor a que fuese un extraño, pero cuando vio esas mejillas carnosa que le hacían ver como un dinosaurio sonrojadas, se tranquilizó al instante, tardando en responder a un abrazo que le dejo totalmente descolocado.

-Key…-. Suspiro junto a su oído, apretándolo contra él, consciente de que ese podría resultar su último encuentro.

-H-Hyung, ¿Qué pasa?

-Hay algo que debo decirte, pero, entiendo si no quieres que este mas contigo. Que no intente acercarme a ti…

-No, ¿Cómo crees?-. Sonrió compresivo, adaptándose mejor a ese improvisado abrazo.

-Bumie, me gustas, mucho.

-¿Era eso? Pero Jong, ya lo sabía.- Recalco calmado.

-No me estas entendiendo. Key, te quiero, no como un dongsaeng. Te quiero como para que…fueses mi novio.

Estaba en un pequeño estado de shock del que no pudo salir por largos segundos. Los más largos para Jonghyun. << ¿Realmente está sucediendo?>>. Se preguntaba. Pequeñas lágrimas se acumulaban en sus afilados ojos. Realmente estaba saltando de felicidad por dentro. Si, era un llorón desde siempre. Le abrazo tan fuerte que dudo un momento de haberlo dejado respirar con normalidad.

Los sentimientos del amor primerizo a flor de piel, y esos nervios tan conocidos como el cliché de las mariposas en el estómago. Nada fuera de lo normal, excepto esos latidos desbocados que le martilleaban el pecho.

-Te quiero.- Repitió, tomando sus mejillas.- De verdad que sí.

-Te quiero igual.- Dijo con seguridad.

Seguridad que más tarde se pasó a tono de voz y su modo de actuar.

-Yo…no creí jamás que tu…

-Tú tampoco, Bum.-Rio antes de besar dulcemente su mejilla y volver a abrazarlo.

Entonces todo le pareció pequeño: Los edificios, los autos pasando a grandes velocidades, y las personas que estaban muy metidas y concentradas en su mundo como para voltear a verlos. Los brazos de Jonghyun fueron seguros en días en que se sintió más pequeño que una hormiga, en que ni el mismo lograba entenderse y en que solo necesitaba ayuda y comprensión. Y además de eso, un poco de cariño.

-Kibum-ah, ¿Estás seguro? No quiero que creas que intento jugar contigo.

-Más seguro que nunca.- Admitió.

Y ese fue el principio de sus hermosos recuerdos…

Muchos parecieron notar el leve pero repentino cambio de humor de Kim Kibum. Sus sonrisas regaladas a la nada, la excesiva atención a sus dibujos y el despegue máximo de su creatividad, aquellos escurridizos suspiros que desaparecían en la brisa proveniente del árbol al lado de la ventana de su clase, sus constantes distracciones. Y el resto de los típicos síntomas de un adolescente enamorado, al que pequeñas demostraciones de afecto le parecían mucho más importantes que irse de cabeza en un juego, al que la mayoría de los adolescentes de sus edad estaban acostumbrados, donde nadie ganaba y ambos salían lastimados. Con Jonghyun no necesitaba hacer del mayor ni aparentar, los disfraces sobraban cuando esas grandes manos sostenían sus mejillas y luego aquellos labios se acoplaban dulcemente a los suyos. Sus sentimientos crecían de a poco, mientras notaba cuán importante se estaba volviendo Jonghyun en su vida.

Creía que nadie notaria eso, pero su madre no era tonta, aunque no se la pasaba todo el día en casa esperando por un hombre que trabajaba para sacar a la familia adelante y tampoco estuviese metida de lleno en la vida de su hijo porque su trabajo solo lo complicaba todo. Lo conocía mejor de lo que creía. Pero por los momentos, esperaba que es se tomase el tiempo de decirle. Porque confiaba en él, y no paso mucho tiempo cuando él se sinceró. Omitiendo gran parte de la verdad, pero diciéndola de todos modos, y ella no pregunto más, porque una cosa era ver sonrojado a su hijo, y otra era agobiarlo y verlo incomodo, deseando que terminase de preguntar porque realmente no se había preparado para eso con anterioridad.

Mientras que los días pasaban y la vida seguía su curso con tranquilizante normalidad, para ambos Kim pasaba con extrema rapidez, decepcionados siempre cuando las tardes terminaban para ellos y debían volver a su mundo, donde no estaban juntos y se extrañaban, sin saturarse de la presencia del otro. Las clases de canto para el menor no habían sido en juego, y aunque estuvo avergonzado al principio, luego de un tiempo vieron grandes avances con esa voz que Jonghyun siempre le decía que le recordaba a la miel.

Cuando se veían se saludaban con un beso en la mejilla que lograba que el mundo de Kibum diese unas cuantas vueltas antes de volver a la realidad, donde Jonghyun sostenía su mano y le preguntaba acerca de su día, de si las tareas habían sido muchas, y si lo profesores habían sido muy duros con el ese día, Le secundaria era; es y será un asco para cualquiera. Jonghyun conocía ese sentimiento de querer faltar un día no, un día sí y otro también. Con el tiempo conoció hasta el más mínimo detalle de Kibum, su Key: Que le gustaba, que odiaba, que no le importaba y hasta las poca veces que mentía para resguardar su privacidad. Y por eso supo que le ocultaba algo, estaba seguro. Y Kibum sabía que él se había dado cuenta, pero prefirió ignorarlo.

Esa mañana de clases no tuvo nada digno de destacar. Se sentó al fondo de la clase, en esa mesa que parecía embrujada porque nadie nunca la considero para que fuese su lugar, esa misma mesa que si tuviese el poder, se hubiese quejado de todas las cursilerías de ilusionado que se le escapaban, a misma que tenía un asiento vacío y un par de palabrotas escritas con un marcador muy llamativo en la parte de abajo. Con el paso de los meses, ellos, sus compañero comenzaron a ignorarlo. Porque era el ciclo de siempre, hablaban por no saber, por la necesidad de responder todas su preguntas que no quería, sin embargo, las típicas bromas inmaduras siempre estaban en el aire. Cuando la campana sonó, como día a día, se tomaba su tiempo para salir, asegurándose de no tener a sus espaldas a ningún graciosito payaso que quisiera pasarse de listo. Tomo su mochila y no se molestó en esconder sus uñas pintadas de negro por ser la salida, viéndose desastroso según los profesores por quitarse la chaqueta y la corbata desecha debajo del cuello de su camisa. Sin animo, casi arrastrando los pies camino hacia la salida, el ambiente del lugar no era en absoluto reconfortante y que Jonghyun tuviese clases hasta casi la noche no ayudaba a mejor su ánimo. Realmente odiaba romper su rutina, se sentía un poco inseguro, por mucho que se quejase de la monotonía. Como todos.

-¿Ya lo viste? ¡Es tan guapo!

-¿Ese no es el oppa que estudio aquí hace dos años?

Rodo los ojos, chicas huecas de su clase, las mismas chismosas que hicieron que toda la escuela le llamase gay solo porque ellas lo dijeron sin pensar. Todo porque él era aún más lindo que ellas, y eso él no lo sabía.

Muy pronto una gran cantidad de estudiantes ni se molestaban en susurrar especulaciones y halagos sobre quien sabe quién. El no tenía ganas de escucharlos, solo quería llegar a casa, comer hasta no poder caminar, y dormirse olvidando su tarea para ver a su novio al día siguiente.

-¿Cuál era su nombre?

-¿Jongup?

-¡No! Era Jonghun.

-¿De qué hablan?

-De ese Hyung.

-Ah, Kim Jonghyun-hyung. ¿Qué no iba el a la universidad?, ¿Qué hace aquí?

Escuchar ese nombre fue casi como una ilusión pasajera, intento tomarlo como un simple juego de su mente, que estaba tan concentrada en el mayor que todo lo relacionaba con él. Fuese lo que fuese. Sin embargo, desecho toda clase de pensamientos al verle ahí, parado en el umbral de la entrada principal con una expresión impaciente y agitada, ignorando a todos y bien concentrado en lo que estaba pensando.
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Mensaje por Sou-Tan el Jue Oct 24, 2013 11:38 am

Continuación...
-¿Tendrá novia?

-¿No es el muy mayor para alguna?

-¡Es una afortunada!

Sonrió ampliamente sintiendo lastima de ellas, con cierto aire de arrogancia poco común en él. Se sentía poderoso, pero inevitablemente avergonzado. ¿Jonghun había ido hasta ahí solo por él?

-Kibumie…-. Pudo ver como sus labios se movían al compás de la pronunciación de su nombre, en un leve susurro solo audible para el mismo. El mayor esbozo una sonrisa de cachorrito al verle, y agito su mano saludándolo.

Rio con las mejillas coloreadas, mirándoles juguetón antes de mirar a ambos lados y luego señalarse a sí mismo, fingiendo no estar seguro de que lo buscaba a él. Jonghyun hizo un gesto de evidente ironía y luego añadió algo en voz alta para que todos los que hablaban y señalaban a SU lindo novio le oyesen. Estaba molesto, y decidido a hacerlo sentir mejor.

-¡No Kibumie! Vine solo por esta planta de aquí, la invitare a almorzar a ella. Invitar a MI novio sería muy extraño.- Soltó mordaz para aquellos niñatos con los que todos alguna vez tuvimos que afrontarnos, pero a la vez amable al dirigirse a él, haciendo énfasis en la palabra ‘mi’.

Las críticas, murmullos y hasta risas e insultos dichos en voz alta fueron los que duraron casi dos semanas en su contra, en ese momento se sintió abatido y asfixiado con un montón de preguntas y respuestas inútiles. Pero, como siempre, Jonghyun arreglo eso con una sonrisa reconfortante.

-Vamos.- Extendió su mano para que la tomase,

Titubeante avanzo unos cuantos pasos para llegar a él, y seguro tomo su mano. Con Jonghyun le importaba poco si el mundo se caía a pedazos, y mucho menos las opiniones de personas que nada sabían de ellos.

Pero en el fondo todo dolía, aunque la juventud fuese cruel y dura, la juventud era vulnerable.

Con la cabeza gacha, sintiéndose muy poca cosa para la persona a su lado que sonreía seguro, apretó el agarre de sus dedos entrelazados, como si fuese lo único que le daría fuerzas para mirar al frente, para enfrentarse a un mundo que esa mañana se le antojo más difícil que nunca. Pero Kim Kibum aún no estaba aquel cachorro dispuesto a animarle todos los días de su vida.

Más que animado, Jognhyun le tomo del mentón para luego dejar un beso fugaz en sus labios y otro más prolongado en su mejilla, no por demostrar nada a aquellos que aún lo miraban, sino por querer sacarle una sonrisa que consiguió sin mucho esfuerzo.

-Sabía que algo no andaba bien contigo aquí…- Suspiro-. Pero no te regañare por no decirme nada, mejor te digo algo bonito.

Kibum solo unas sonoras risotadas, deteniéndose un momento a sostener su estómago.

-Mejor canta, creo que sería menos vergonzoso y heterosexual.- Rio no muy de si quería verdaderamente eso.

No fue hasta que Jognhyun comenzó a entonar unas notas improvisadas y letras de amor sin sentido alguno, poniendo caras melodramáticas que su risa se convirtió en esas fuertes carcajadas escandalosas. Se veía tan cómico, y aunque un poco estúpido si no estuviese enamorado, reía más de felicidad por todo eso. Porque si, porque poco importaban  los ojos que los juzgaban mientras se alejaban, porque hacía mucho que sus días de sentirse se estaban alejando cada vez más, porque si caía, estaba seguro de que Jonghyun se ofrecería a levantarlo cuantas veces fuese necesario hasta que ya no necesitase ayuda. Cuando solo necesitase amor…

Porque incluso después de dejar de necesitarlo, seguiría necesitando necesitarlo.

-¿Sabes?-. Hablo más serio, señalando al cielo sin soltar su mano.- En serio el sol parece más bonito si estas tu.- Dijo besando su mejilla.

-¡YAH, no seas así! Me avergüenzas y me siento como una chica cuando me hablas de esa forma.

-Me gusta cuando te sonrojas, y no eres una chica.- Frunció el ceño, como pensando.- Eres mucho más bonito que una. Apuesto que mi noona te amaría.- Agrego alegre.- Pero si le digo a mi familia…

-Se molestaran mucho, lo se.- Le vio bajar su mirada.- Hey, te entiendo. No quiero imaginarme a mi mama, esto sacaría a la madre sobre-protectora que lleva dentro. No quiero que me alejen de ti, no por tonterías, no de ti. Hyung, no a ti.- Respiro profundo.- No de ti, porque te amo mucho.

Antes de que pudiese arrepentirse de lo último un beso gentil en sus labios detuvo cualquier pensamiento de arrepentimiento. Jonghyun le tomo de la mejilla y la cintura y le imito, dejándose llevar por ese ritmo lento, disfrutando del dulce sabor de las palabras no dichas que quedaron atrapadas entre sus labios. Lentamente, tomándose su tiempo en grabarse el sabor de cada uno, como si los cientos de estudiantes que pasaban por las calles no se hubiesen asombrado de ver aquello. Gimió ante el contacto de sus lenguas enredándose en tímidos roces. Juntaron sus frentes al final del beso, mirándole, amándose en su mundo donde solo existían, hablando con la mirada y prometiéndose infinidades de cosas.

Que al final…no estuvieron seguros de poder cumplir.
Seúl, 2009.

El tiempo paso rápido, trayendo más felicidad, mas amor…y más miedo. Jonghyun tenía miedo de Key, miedo de que sufriese por su culpa y de arruinar su vida. La relación que tenían implicaba sacrificios, Jonghyun ya había pasado por eso, pero tuvo suerte, más el chico con el que tuvo su primera relación no la paso muy bien. Hubo mucho sufrimiento. Pero las cosas siguieron su curso natural:

Mañanas de tortura e indiferencia, tardes de sonrisas y cariños y noches de anhelo. En una ciudad tan grande, escapar de lo conocido para resguardarse en lo desconocido no era muy difícil que digamos. Salían a todas partes juntos, hasta los amigos de Jonghyun, que aceptaron a Kibum como uno más, y ahí, con ellos conoció a la persona que haría de sus días escolares más llevaderos: Taemin.

Ese torpe niño de segundo año con increíbles habilidades para el baile, hermano de Onew y mejor amigo de Minho, cosa no tan rara después de haber pasado todo una vida juntos. Por primera vez se sintió aceptado, como en una familia al lado de esos cuatro casos perdidos, donde cada uno tan diferente pero a la vez tan inseparable a los demás.

En su casa su madre le veía más animado repentinamente, incluso más que aquellos primero días  meses de haber empezado su relación, el trabajo de su padre ya no sería un problema más. Se quedarían permanentemente.

Con Jonghyun ya tenía un año de haber empezado su relación y uno y medio de conocerse. Ciertamente, el sentimiento de los primeros días había prevalecido y florecido a un punto impresionante. Todos los días iba a buscarlo a la escuela, la gente parecía aburrida de hablar y escuchar de ellos, pero no faltaban los rumores acerca de su relación. Nada que no pudiesen superar fácilmente.

Ne se sofocaban con su presencia ni se lo pasaban separados, eran como cualquier otra pareja normal.

Pero ambo sabían que no serían considerados como una pareja normal.

Jonghyun, totalmente decidido a sincerarse con su familia, un día los reunió a todos, su hermana y padres. Se esperaban cualquier cosa menos eso. Era algo que debía enfrentar, ellos siempre fueron unidos y habían aceptado muy bien su orientación, pero esto no sabía cómo iban a tomarlo. Era un chico cuatro años menor. Maldición.

“Tengo un novio, su nombre es Kibum. Y es…cuatro años menor que yo.”, tal vez, solo tal vez si no hubiese dicho eso ultimo no habría terminado llorando en su habitación, porque si tal vez sus padres no le hubiesen dicho la verdad que se negaba a aceptar, entonces tal vez no se habría decidido a hacer aquello.

La mañana pasó sombría para él. No, no era que sus padres no le apoyasen, todo lo contrario. Solo que ellos parecían tener la razón todo el tiempo, y odiaba que fuese así por primera vez. No fue a la universidad, necesitaba pensar y la fatiga además del bullicio de muchas personas juntas no ayudaría.

Kibum se preguntó por qué no había estado fuera, o si no había ido y por qué no le había mensajeado para saberlo. Pero bueno, ya se había hecho a la idea de que deba volver solo directo a casa. No obstante, la sorpresa que implico verlo ahí, esperándolo como siempre, se reflejó en una tenue sonrisa. Sin embargo notaba algo extraño en su semblante. Jonghyun no le esperaba con los brazos abiertos así como acostumbraba, o extendiéndole una mano para que las tomase, pero prefirió pensar que solo estaba precipitándose exageradamente.

No se acercó muy bien a el cuándo le halo hacia su cuerpo, acercándolo de golpe y haciendo chocar sus cuerpos. Le beso con tanta intensidad cómo fue posible, robándose su aliento. Estaba impresionado, siempre prefería la privacidad, y entonces todos los miraban, pero eso era lo de menos, estaba muy preocupado. Jonghyun no actuaba normal, realmente no entendía de que iba eso, pero solo le siguió, poniendo sus manos sobre sus cadera y correspondiendo con timidez que pronto desapareció, convirtiéndose en un beso lleno de pasión, de desespero…un beso angustioso. Y es que era demasiado. Entonces sus dedos comenzaron a tiritar y sus ojos comenzaron a humedecerse. Ni el mismo entendía por qué, ahora solo quería llorar y besarlo hasta que sus labios se desgastasen y se desmayase por la falta de aire.

Sus pechos estaban completamente juntos, luchaban con fervor por respirar por la nariz, y se sintieron morir cuando tuvieron que separarse.

No pregunto cuando el mayor tomo su mano para sacarlo de ahí y lo arrastro unas cuadras más, parecía desesperado, como haciendo todo rápido para luego no poder arrepentirse de lo que pretendía hacer, y, quizá, quería decir.

Otro beso y sus pensamientos fueron borrosos, demasiadas emociones confusas y difusas como para no abrumarse. Sus acciones le dejaban descolocado, como si le estuviese hablando de algo que había sucedido diez años atrás y no entendiese ni una palabra, o como si estuviese hablando en alemán. Necesitaba una explicación.

-¿Qué pasa?-. Pregunto al borde del llanto.- ¿Qué te pasa?-. Se corrigió, dejando caer la primera lagrima.

Frente a él, Jonghyun parecía de piedra, como si nada de lo que hizo hubiese sido lo habitual. Él le entristecía, sus ojos estaban hinchados, parecía no haber dormido nada, se veía melancólico y desolado. Había llorado, y parecía no haber terminado porque sus ojos inyectados en sangre le delataban. Había algo extraño hasta en su forma de respirar.

-Me preocupas. Vienes aquí luego de haber faltado, me besas frente a todos y me arrastras a este lugar, pareces un muerto viviente y aun así no me dices nada. ¿Qué-. No termino de hablar cuando los brazos contrarios le rodearon su cuerpo, sollozando en su hombro con facilidad porque ahora era más alto que el mayor. Perecía roto, y su llanto era tan…quebrado que le hacía sentir inútil.

Y ahí iba otro beso, más dulce y preocupante que antes, el que se hizo más corto pero que fue el más largo.

Y luego ya no había ni contacto físico ni visual. Como si tocarse y mirarse les quemase.

-Nosotros, Kibum. ¡Mierda! Nosotros ya no somos nada, ¿entiendes? No, no entiendes, me odias. Mierda. Me odias. Esta mal…debemos terminar.

-¿Qué? ¿Qué está mal?, ¿Yo?

-No. Yo estoy mal, todo está mal. Porque soy un maldito cobarde, eso es lo que está mal, y sinceramente ya no puedo…Bumie, no lo soporto. Se acabó, todo.

-¿Qué?

Y no grito, ni se alteró, solo lo pregunto evitando mirarle a la cara, con la voz quebrantada. Porque sus ojos que le miraban suplicantes, como si le pidiese ayuda, como si le rogase que le perdonara y que terminase eso porque él no era tan fuerte solo por ser el mayor como para hacerlo el. Aun le quería. Jonghyun no había dejado de quererle. Entonces, ¿Por qué?, ¿Por qué así?

Lo había pensado mucho, se torturo y taladró la cabeza convenciéndose de que no soportaría verle lastimado. A este punto de la historia, ustedes los que lee, deben estar confusos sobre sus motivos para terminarle así, tan repentino. Lo amaba, era lo mejor que le pasó en la vida, Kibum era maravilloso, pero había algo que jamás se permitiría: Ocasionarle dolor. La conversación con sus padres le hizo pensar en algo que ya había considerado, y tenían razón. ¿Qué pasaría si Kibum le decía a sus padres? Ya había hecho que perdiese cualquier persona que tuviese la oportunidad de estar como su amigo en la escuela aun cuando ya era duro para él, haciendo que soportase más abusos. ¿También haría que perdiese lo poco que quedaba en su vida para que estuviese a su lado? Jonghyun no era tan egoísta. Lo había vivido, no el, sino aquel chico, su primer amor, vio desde primera fila su mundo caerse a pedazos cuando todos le alejaron y les obligaron a separarse. Fue duro. Fue horrible. Además, Key todavía podía cambiar de opinión sobre sus gustos, aunque no tuviese dudas. ¿Valía la pena perder todo por algo que podía esperar o tal vez sería venidero? Realmente no quería tener la culpa de arruinar su vida. Tal vez Kibum en ese momento no lo entendería, que era lo correcto. Y lo correcto no siempre nos hace felices. Mientras más pronto terminase con eso, menos doloroso seria, aunque se ganase el odio de quien más amaba, aunque se odiase a si mismo por estarle viendo llorar. Y él estaba si, tan frio como si no le doliese, aguantándose las lágrimas. Tendría que volver a vivir su vida como antes de que el llegase a ellas, pero…se había olvidado de cómo era y que hacía antes de él. Mierda, se había acostumbrado demasiado a él.

-Es lo mejor. Yo…Kibumie…-. Dijo perdiendo poco a poco la dureza.- Te amo, entiende que no es fácil, pero es el adiós. Tal vez, no debía amarte y hacerte esto después, pero, aun si me odias, yo te querré siempre…-. Y no intento acercarse a él, solo le dejo solo. Porque era un cobarde con todas las letras, que no quería escuchar ni recibir su odio.

-Jonghyun…¡Jonghyun! ¡JONGHYUN! ….Jong…-. Escucho su nombre desvanecerse mientras más avanzaba. Pero él no le seguía, Key no podría, no tendría el valor, y él debía asegurarse de no flaquear por más ganas que tuviese de correr tras él, de devolverse y arrepentirse de todo lo dicho, de abrazarlo y no separarse nunca de él.

Se había ido, Jonghyun le había dejado. La única personas que parecía interesada en él, luego de tanto tiempo a su lado, se había marchado de su lado, dejándolo solo. Solo contra el mundo, solo en esa calle donde la nieve y el frío  despiadados atacaron su cuerpo y amenazaron con congelar a las miles de lágrimas resbalando por sus mejillas. No supo cuento tiempo estuvo parado ahí, sin cambiar de posición, tratando inútilmente de contener la oleada violenta de sollozos que se apoderaban de su en ese entonces frágil cuerpo. Gimoteo en ese sitio solitario de las muchas calles de Seúl por lo que se convirtieron en horas, pocas largas y tortuosa, como si el tiempo se burlase de él.

Con pasos vacilantes se dirigió a casi, como si dos grilletes aferrados a sus tobillos le obligasen a arrastrar sus pies, viéndose devastado y patético para cualquiera que le viera. Ya no sollozaba, solo fluían esas gotas amargas de sus afilados ojos. Se sintió debía, abandonado, solo desprotegido de la cruel realidad donde Jonghyun de alejaba a pasos largos, ignorando sus llamados suplicantes y su llanto, porque no le importaba ni un poco al que por mucho tiempo considero el que duraría con él por siempre. El primero y el único. La típica promesa rota de juventud “perdidamente” enamorada. Abusado. Se sentía abusado. Se había abierto y expuesto ante alguien que solo se encargó de regalarle un adiós. Y lo peor era que lo quería más que a sí mismo.

Claro, sería muy tonto intentar olvidarlo tan solo unas horas después de haberle perdido para siempre. El único “Para siempre” real donde existen personas viviendo resignadas, para siempre.

O eso creyó.

Odiando todo lo que se le cruzase por un lado entro a casa con desgane. Esa noche agradeció más que nunca el estar solo, que su mama fuese una enfermera y su padre un hombre de negocios muy ocupado nunca le hizo tan feliz.

No quería ver a nadie ni responder preguntas que solo avivarían el dolor y los recuerdos. Sus hermosos recuerdos que habían terminado ese día. Lo único que quería era encerrarse y hundirse en su miseria. La miseria de alguien con sentimientos rotos. Y quería comenzar a odiarlo, a detestar a Kim Jonghyun por dejarlo así sin más.

Sin él no era nadie, sin él solo era Kibum, el chico retraído que se pasaba los almuerzos solo, dibujando, saludando de vez en cuando a ese chiquillo de primer año, y que tenía una realidad muy distinta a la miseria de la escuela, una realidad donde pasaba tardes enteras entre besos y sonrisas. Sin Jonghyun se sentía vacío luego de haberse acostumbrado a sus sonrisas gigantes de dinosaurio, a sus ojos tiernos que le hacían ver menor de lo que era, a su hermosa personalidad, a su afán por ser un romántico empedernido, a su melodiosa voz susurrándole dulces “te quiero”, a su habilidad nata para hacerle sonreír y sonrojar, a sus repentinos cambios de humor, cuando estaba tranquilo y de repente hacia las cosas más extrañas que podía como si no estuviese acompañado, a su cabello, a la forma como este caía sobre su frente y le llevaba a esa nariz perfilada y luego hasta sus labios. Sus exquisitos labios.

Labios que no besaría.

Besos que comenzaban a desaparecer.

Brazos que no le protegerían más.

Palabras cariñosas que se desvanecieron.

Promesas que se quebraron en mil pedazos.

Estaba roto, pero sabía que podía arreglarse.

Era la primera persona, antes de Jonghyun no fue nadie. Sabía que jamás lograría olvidarle, que lo extrañaría, y que el cariño que le tenía se quedaría como un tatuaje en su memoria. Porque aunque lograse dejar de amarle, siempre le iba a querer. Porque era consciente de que solo era la impotencia de no saber qué hacer sin él lo que le hacía querer odiarlo, y con eso solo conseguía lastimarse más.

Y al día siguiente y los días siguientes a es no le vio en las mañanas. Incluso cambio su ruta de vuelta a casa para no encontrárselo de casualidad. La poca seguridad que tenía había desaparecido, se sentía más observado que nunca, como si las miradas se enterrasen en su piel como miles de alfileres. No quedaba nada de él, parecía haberlo perdido todo. Pero, incluso si dolía, debía recuperarse, ser fuerte y superarlo.

Tal vez algún día entendería que era realmente lo correcto…

[Fin Flash Back]
Seúl, 2013.

Con rapidez termino su café, sino no lo haría nunca. Miro su reloj. Quince minutos más pare sumar veinte. Vaya, la impuntualidad era la especialidad tal parecía ser.

Saco del bolso que llevaba siempre consigo un bolígrafo y un trozo de papel. Se dispuso a escribir un educada nota para la chica, pero titubeo antes de culminarla, indeciso sobre si dejarle su número y darle una oportunidad o no. Sonrió nostálgico mirando de soslayo hacia el ventanal, encontrándose de frente con esa mesa del fondo donde juro haber escuchado sus carcajadas acompañadas con otras. Cuatro años, suficiente tiempo para superar, no para olvidar. Dejo escrito su número en la esquina inferior del papel y se lo dejo a la chica detrás del mostrador para luego salir.

Camino un rato por ahí, y como era de esperarse, unos treinta minutos después recibió una llamada de un Taemin bastante alterado por haber abandonado el lugar.

Le escucho decir un montón de improperio propios de sus rabietas, que más que lastimarlo, le hacían creer que cada día su niño estaba más lindo que el anterior. No comprendió nada, no sabía a qué se refería con todo ese alboroto exagerado. No supo cómo, pero de repente el nombre de Jonghyun entro en escena. Y fue cruel, Taemin debía haberse guardado aquello. Pero sabía que solo decía la verdad. Aunque había activado una bomba de tiempo que había dejado guardada dentro de sí por durando mucho tiempo.

-Sinceramente, no sé porque se empeña en saber de ti.- Le escucho suspirar.-Son tal para cual, igual de impacientes y tercos. Aun estando lejos se hacen daño. Pero bueno, no haré más, arréglense entre ustedes, par de maricas cobardes.- Y colgó.

Lo último, a pesar de ser en juego, le dolió, porque no era propio de Lee Taemin. ¿En serio era un cobarde que no podría aceptar que nunca le dejo de querer ni un poco? Si, seguía guardándose todos esos sentimientos. A veces se imaginaba que había sido de ellos si no hubiesen terminado, y eso dolía mucho más.

Detuvo un taxi para ir a casa, la nieve cayendo no le gustaba. Odia mucho frio. Odia mucho calor. Odiaba ser así de meticuloso con hasta el clima. Echo su cabeza para atrás en el asiento mirando por la ventana. Había entendido lo correcto, pero, luego de haberlo hecho, supo de mil maneras de haberlo hecho que no fuese la de cortar toda relación. Podrían haber esperado…pero, luego supo que necesitaban estar lejos, necesitarse aún más, pero aprender a vivir sin el otro. Porque no podía atarse a alguien y anclarse a él de una forma un tanto exagerada. Sin embargo el tiempo paso, y sus caminos eran tan diferentes que jamás volverían a cruzarse.

No era capaz de odiarle.

No era capaz de olvidarle.

Sin darse cuenta, de nuevo todo había llegado a él. Los recuerdos que se había guardado. Estaba abrumado por todo, no quería volver a pasar lo mismo. En el fondo, solo era ese chiquillo necesitado de amor…pero también caprichoso, porque solo lo quería a él.

No era capaz de reemplazarlo.

Las escaleras se le hicieron eternas cuando su celular comenzó a sonar sin cesar. Pensaba que era Taemin, y no se molestó en ver el identificador de llamadas. Al entrar en su departamento, se decidió a callar el aparato. La lluvia comenzó a caer, le gustaba la lluvia, lo relajaba.

Abrió las cortinas llevándose el celular a la oreja, viendo las ventanas empapadas. Se sentó en el sofá, subiendo sus piernas y abrazándolas mirando al vidrio, a la espera de una respuesta.

-¿Hola?

Sintió su pecho contraerse ante la impresión. No pudo evitar que sus ojos de humedecieran. Después de todo era Kibum, el medallista de oro en llorar. Escuchar de nuevo esa voz luego de tanto tiempo. Había imaginado un montón de cosas para decirle, pero se quedó en blanco.

-¿Jonghyun?-. Cerro sus ojos, sintiendo un escalofrió recorrerle el cuerpo al decir su nombre.
-Kibumie…-. Escucho su voz a punto de quebrarse, como si le doliese mucho decir su nombre.

El también sufrió, lo sé.

Con la lluvia como música de fondo, pudo escuchar un rebelde sollozo que no estaba en sus planes, y no pudo evitar hacer lo mismo, solo que él no se molestó en ocultarlo porque sabía que era necesario. Que necesitaba de él y viceversa. Esta era una conversación que debieron tener hacia mucho.

-¿Cómo esta Kibumie?

-¿Por qué me llamas?-. Por más que quisiera tomar todo eso mal, como si le molestase hablar con él, no pudo sonar duro o rudo. Jonghyun era su punto débil sin importar el tiempo.

Y el muy desgraciado decide ignorar su pregunta. Sin soltar el teléfono escondió su cabeza entre sus rodillas, con miedo irracional por los truenos. La lluvia era buena. Pero las tormentas eran espantosas para él.

-¿Estas bien con la lluvia?-. Sonrió al escuchar que aun recordaba eso, y prefería no pensar en que recordaba todos y cada uno de sus detalles. Aunque podía asegurar que era así.- ¿Quieres que vaya para allá?

Su loca propuesta le puso los nervios de punta. ¿Qué pasaría si le volviese a ver? Seguro no sabría cómo actuar ante él y se comportaría como un idiota.

-Estoy bien, aunque eso no estaría mal…- Bromeó sin ganas.- ¿Y tú?

-Yo te extraño.

Suspiro. El chico no cambiaría nunca, parecía tener la inexplicable necesidad de hacer sonrojar, al mismo tiempo le encantaba su sinceridad. Con Jonghyun era imposible no sentirse querido.

-Fue difícil la última vez…-. Fue difícil también decir eso con aquel nudo en su garganta.

-Es imposible arrepentirme, incluso si aún siento aquí…-. Supo porque le conocía que se estaba apuntando justo en donde estaba su corazón, sacándole una sonrisa.-…las ganas de volver por ti y no alejarme nunca, ¿sabes?

-No, no puedes. Pero incluso si no quería que te fueras, tampoco fui capaz de ir detrás de ti. Jamás deje de…

-Yo tampoco, y duele, ¿cierto?

-Sí, pero es como si fuese más fácil la segunda vez.- Sonrió ladino ya con esperanza, pero con evidente tristeza.

-¿Quieres…?

-No sabes cuánto.- Dijo en un hilo de voz dejando brotar sus lágrimas.

-Hemos soportado mucho tiempo, hermoso. Podremos, ¿puedes creerme de nuevo?

-Tu nunca mentiste…solo hiciste lo que pensaste correcto.- Le reconforto.

Relajándose, convirtiendo su llanto en uno calmado, siguiendo un ritmo de sollozos sin despegarse del celular ambos se relajaron. ¿Realmente quería intentarlo de nuevo? Rió. Nunca quiso nada como quería aquello.

-Solo intentabas protegerme, pero, absurdamente terminamos los dos de esta manera.- Suspiro.

-Te quiero.

-Nunca dejaste de hacerlo.

-Diva…y tú tampoco.

-No.

-¿Sabes de algo que tampoco ha cambiado?

-Dime…

No obtuvo respuesta, luego de eso la llamada se cortó. Y dejo que el llanto se intensificase al verlo. Lo había necesitado y ahora estaba ahí, parado frente a él en el umbral de la puerta. Con las lágrimas desbordándose.

Desesperado por tenerlo cerca se enredó en su cuerpo, dejándose besar y saboreando lo salado de sus lágrimas en el beso. Lo siguiente que supo fue cuando cayó sobre su cama y se negó a abrir los ojos porque la realidad era muy bonita y podría ser un sueño. Uno del que nunca quería despertar. Ansioso recorrió su cuerpo, grabándose cada centímetro de su piel y entregándose a la necesidad de pertenecerle.
Alguien debería agradecerle al Ontaeho por ese reencuentro en un futuro…



Gracias por leer. El final estuvo medio raro, pero la canción era muy "corta venas" y ya he escritos suficientes finales tristes para el JongKey ;-; 
De nuevo, gracias.
Sou-Tan
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Mis hermosos recuerdos. Jongkey. Empty Re: Mis hermosos recuerdos. Jongkey.

Mensaje por DulChoc! el Lun Dic 09, 2013 4:03 pm

Oh~~ Es muy bonito, me gusta.
Como pasa el tiempo y a pesar de ello se siguen amando.
Gracias por el hermoso JongKey ^^
DulChoc!
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