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Cat♥ (JongKey) Empty Cat♥ (JongKey)

Mensaje por ShawolDD el Vie Ago 29, 2014 10:02 pm

Titulo: "Cat" (Gato♥)
Autor: ShawolDany.
Género: Angst, Song-Fic, Romántico..
Parejas: IJongKeyI :3
Personajes: Jonghyun, Key, Gwiboon.
Nota: Esta historia se me ocurrió poco después de haber perdido al amor de mi vida... Con sólo leer el título pueden adivinar quién era el amor de mi vida xD Mi pequeño gatito :( Ok, pero no tiene nada qué ver con él. El shot está basado en una canción de una banda que amo (Pueden encontrar la traducción en este link ---> [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]). Quien lo lea, ojalá la reconozca y le guste aunque sea un poco c: Saludos!
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CAT♥

Aplica los acordes con su guitarra, y aguarda. Se detiene únicamente a apreciar el aroma de la tierra mojada, el viento que golpea en su cara, y las ligeras gotas de lluvia que alcanzan a entrar por la ventana de su habitación; para después regresar la atención a su precioso instrumento, sin dar la oportunidad a su mente de pensar, ni siquiera en una mínima cosa. Él no es nada en éste momento, nada más que música, música que desea convertirse en lluvia, para ser capaz de sentir aunque sea un poco de libertad. Y en realidad, eso es lo que Jonghyun piensa constantemente. “¡Cuánto me gustaría descender a la tierra sin ninguna preocupación!, causar felicidad a unos cuantos y después desaparecer”.
Canta, o más bien tararea, al armónico ritmo de su guitarra, creyendo que los pensamientos que tanto le angustian están a punto de volver, cuando de pronto un sonido agudo se entromete en la entonación de su voz, que a poco se desafina. Algo sorprendido, Kim Jonghyun baja de su cama, aquella que tiene pegada a la ventana, y se dirige a toda prisa hacia el origen de aquel ruido. Solamente lo distingue cuando tiene la oreja pegada a la puerta, y encuentra que es un maullido, en veces corto, otras veces prolongado, pero siempre desesperado, por lo que no tarda en abrir la puerta y en visualizar, justo sobre el tapete del recibidor, a un pequeño gatito de color negro, grandes ojos azules, y un profundo espíritu luchador, puesto que sigue maullando con fuerza, casi como si exigiera algo.

Yo sin ninguna palabra…
Te odio tanto.

La expresión en el rostro del muchacho se suaviza. Sonríe tan ampliamente que sus pequeños ojos parecen estar a punto de desaparecer de ese rostro de piel morena, enmarcado en unas suaves hebras de cabello castaño.
    —Hola amiguito. ¿Qué es lo que te trajo por aquí? —le dice mientras se inclina para tomar al pequeño animalito, y alzarlo junto a él.
Cuando lo tiene entre sus brazos, el gato deja de maullar, y en su lugar se acurruca, frota su cabeza contra el suéter calentito de quien será su nuevo dueño, y ronronea de felicidad, pues se ha dado cuenta de que ha caído en manos gentiles. Jonghyun suelta una dulce risita, y vuelve a adentrarse al departamento, esta vez con un nuevo acompañante entre las manos. Cierra la puerta y le da oportunidad al minino de explorar toda la habitación.
Es un departamento pequeño, que el músico adquirió junto a su musa, antes de que la musa en cuestión decidiera que ya no había nadie a quien inspirar.
Dejando al gatito entretenido con la sala alfombrada, Jonghyun se dirige a la cocina y toma un recipiente en el que coloca un poco de leche. Se encamina de nuevo hacia el gato y se inclina para ofrecérsela. El pequeño corre hacia él, con emoción y rapidez, cuando Jong, como le dicen sus amigos, se percata de un detalle importante.
    —Oh, perdóname. ¡No puedes tomarla aún, está fría! —le retira el recipiente, y en respuesta sólo obtiene un maullido decepcionado—. La calentaré para ti —le dice, volviendo a sonreír con ternura.
El sonido de la lluvia adorna como la música el instante de sosiego; Jonghyun introduce un dedo en el recipiente para verificar la temperatura de la bebida, y cuando nota que su pequeño gatito estará a salvo, se vuelve hacia él y se la ofrece nuevamente. Deja el cuenco en el suelo y el animalito comienza a beber de él, ronroneando tenuemente a causa de su gratitud. El dueño del departamento se sienta junto a él. Mientras lo observa, a Jong se le ocurre acariciarlo, y empieza a reír en cuanto nota la forma en que el gato se alza, justo cuando le pasa la mano por el lomo—. Estás feliz, ¿cierto? —le pregunta.
El gatito solamente lo mira con sus grandes ojos felinos, y enseguida regresa a la tarea de beber la leche. Jonghyun, por su parte, suspira y se reclina con sus manos en el suelo; lleva la vista hacia el techo, y por desgracia, vuelve a perderse en sus tortuosos pensamientos, que se tornan tortuosos precisamente por el ambiente de armonía que le suelen mostrar sus recuerdos, unos recuerdos ingratos que nunca tardan, ni siquiera un día entero, en aparecer.

Yo sin ninguna expresión…
Sonríe una vez para mí.

    — ¿Sabes? Me recuerdas mucho a alguien que conozco —le cuenta mientras lo acaricia. Pronto el gato se recarga junto a él, y se frota contra su espalda—. Sus ojos son similares a los tuyos —añade—, y cuando está feliz, suele hacer eso que tú haces; en realidad sólo le falta ronronear —suelta una risa divertida que llama la atención del gatito, aunque poco después, esa risa comienza a bajar de tono, hasta que deja espacio para el silencio. Jonghyun vuelve a hablar con la misma suavidad rebosante de melancolía—. Bueno, o al menos así es como solía ser. Conmigo él era… simplemente impredecible.
Por enésima vez en el día, la cabeza de Kim Jonghyun se llena con el recuerdo de su musa, se pierde en una extraña sensación de vacío, y le cuesta volver su atención a la realidad. Solamente un sonido le hace recordar quién es ahora, y es el de un maullido agudo y enternecedor.

Un día pasa, junto a otro y otro más, hasta que se cumple una semana. Jong ha decidido ponerle a su gato Key, como una llave en inglés, porque es así como solían decirle a su musa, y Jonghyun no ha parado las comparaciones entre su nuevo inquilino y aquella persona que tan bien conocía. Se ha dado cuenta de que son curiosamente similares. Honestos a la hora de expresar tanto su alegría como su furia, curiosos y de intensa mirada.
Pocos días después de permitir la entrada a su nuevo inquilino, a Jong le fue inevitable recordar la manera en que había conocido a Kim Kibum, a él, la persona que lo inspiraba, y por la que había sido tan fácil perderse en la locura… besar no sólo a altas horas de la noche, sino también de mañana, frente a cualquier testigo ocular, sin importar lo que otros pensaran; pero tan difícil admitir que estaba amando, porque por alguna razón le era imposible reconocer que lo hacía, en realidad, le extrañaba la incapacidad de contestar a esa pregunta cada vez que algún curioso la sacaba a relucir.
Lo conoció cuando vagaba en la gran ciudad, con su pequeña maleta de escasas prendas arrastrando tras de sus pies, y su guitarra adherida a la espalda. Asemejaba a un perro asustado cuando fijaba la mirada en los rascacielos, se desplazaba a través de los faros de las calles, esquivando los coches presurosos, y volvía a preguntarse “¿qué estoy haciendo aquí?, ¿estaré haciendo lo correcto?”. Un músico pueblerino probando suerte en la capital, llevaba toda la pinta de serlo, y eso lo supo tiempo después, cuando comenzó a conocer a la persona con la que se topó cruzando una calle concurrida. En el momento en que pudo abandonar la enorme masa de gente que lo aprisionó por largos minutos, se inclinó y se apoyó sobre sus rodillas, la maleta cayó violentamente a su costado, y él, manteniendo la mirada fija en el suelo, intentó calmar sus presurosas respiraciones. La gran multitud y las largas horas en ausencia de alimento, le ocasionaron un mareo repentino y su visión se tornó borrosa. El corazón se le aceleró, pero pudo reparar en esto únicamente cuando empezó a recuperar el sentido de la vista. Volvió a divisar el presuroso transitar de la gente, y a escuchar el ruido de los coches. Se percató de que a nadie le había importado lo que pudo haber sido un desvanecimiento en medio de la calle, cuando alzó la mirada y encontró todo justo como estaba antes de que cruzara la avenida; parecía incluso la misma acera que acababa de abandonar. Solamente un chico lo miraba fijamente, con una sonrisa ladina que, en un principio, a Jonghyun le enfureció. De ojos negros y afilados, que en el futuro más cercano le resultarían sensualmente encantadores, y un cabello también negro, con mechones de color azul —luces que cambiarían constantemente a causa de su enorme gusto por el arreglo personal—. La imagen de ése chico, tal cual como se hallaba esa noche, inclusive con las prendas que vestía en ese momento, jamás se borraría de la mente de Jonghyun, puesto que se trató de la primera vez que lo vio.
Justo allí, casi metido en un callejón, el chico se reía burlonamente de lo que acababa de pasar, pero cuando se encontró con los ojos del foráneo al que creía asustadizo, se cubrió la boca con una mano. Inmediatamente después se marchó, pero Jonghyun, frunciendo el entrecejo, trató de seguirle el paso. El chico era delgado, y se movía rápido, pero eso no impidió que Jonghyun lograra alcanzarlo unas calles más adelante, a pesar del equipaje que lo entorpecía, y su ignorancia acerca de aquella enorme ciudad, en la que el chico parecía tomar constantes atajos para entorpecer la persecución de aquel desconocido. No obstante, quizá gracias a curiosidades del destino, arribó a una calle menos transitada que el muchacho parecía desconocer, puesto que la salida hacia la siguiente avenida estaba bajo arreglo, y no había manera de atravesarla. Se quedó parado allí, entorpecido y nervioso, cuando Jonghyun lo alcanzó. Lo tomó del hombro y lo obligó a mirarlo de frente, mientras lanzaba una amenazadora cuestión.
    — ¿Te resulta gracioso, eh? ¡No te habría gustado que yo me burlara de ti mientras tú necesitabas ayuda! —a pesar de que el chico mantenía los ojos bien abiertos, en una expresión notoriamente espantada, Jonghyun no contuvo su sentir—. ¡Pero te voy a quitar esa tonta sonrisa de la cara!
Alzó el puño, con toda la intención de golpearlo, cuando un nuevo mareo llegó hasta él. Esta vez su cuerpo no dio hincapié a que su vista se tornara borrosa, simplemente el espacio negro cubrió todo su campo visual, y su cuerpo se desvaneció junto con él. Se desmayó y cayó encima de aquel que se había burlado de él precisamente por la misma razón, de modo que el delgado muchacho fue incapaz de sostenerlo y ambos descendieron hasta darse un fuerte golpe contra el asfalto. El joven se sorprendió, poco antes de entender que tenía todo el peso de ese inconsciente cuerpo encima, pero enseguida trató de zafarse de él y de la guitarra que no hacía sino aumentar su carga. En cuanto pudo ponerse de pie, hallándose asustado y sintiéndose incapaz de hacer algo por el viajero, se escapó, como todo un cobarde.
Por supuesto, no pudo aguantar el sentimiento de culpa que le estuvo acongojando toda la noche, así que a la mañana siguiente, muy temprano, regresó a la misma calle, con una manta y algo caliente. Gracias al cielo, encontró al forastero reclinado en el mismo lugar, ya consciente, pero recargado en una pared, inmerso en un estado visiblemente endeble.
    —Lo lamento —le expresó cuando estuvo inclinado a su costado. Jonghyun le dirigió una mirada débil, que logró hacerle sentir aún más culpable, por lo que de inmediato le ofreció lo que llevaba encima—. Pero aquí tienes algo para cubrirte, un café y un poco de pan que traje de casa. Si puedo hacer algo para ayudarte, sólo dime —hablaba rápido, incluso tartamudeaba. Las palabras se le fueron cortando poco a poco, hasta que inclinó la cabeza y expresó lo siguiente con cierta suavidad: —Sé que estuvo mal lo que hice…
Durante algunos segundos, y en completo silencio, Jonghyun se mostró extrañado y miró al muchacho con cierta dureza. No obstante, pronto aceptó la cálida bebida que le era ofrecida, y cuando la tuvo entre sus manos, sonrió. Antes de llevarse el vaso a la boca, le mostró que aún no había perdido la voz.
    — ¿Cuántos años tienes?, ¿quince?
    —Dieciocho —respondió él—. Mi nombre es Key… quiero decir, Kibum. Kim Kibum.
¿Qué mierda es eso de “Key”¨? Pensó al principio, pero mientras bebía el reparador café, centró la mirada en esos ojos misteriosos, que asemejaban frialdad, y luego llevó la atención hacia aquellas manos que aún sostenían con cuidado a las hogazas de pan. Al verlas temblorosas su coraje inicial se apaciguó por completo, e inclusive, algo en su interior se conmovió.
    —Un gusto, yo tengo veintitrés —le dijo por fin—. Mi apellido también es Kim, mi nombre es Jonghyun… Si pudieras darme alojamiento sólo por unas horas, te lo agradecería mucho.
Luego de asentir presurosamente, el joven Kibum ayudó al guitarrista a desplazarse por las calles, hasta llegar a su hogar. Vivía con su abuela, una anciana muy simpática y servicial que, desafortunadamente, estaba enferma. La mujer lo arropó, le dio una buena comida y estuvo ayudándole —con torpes intervenciones de su nieto— a conseguir un departamento económico mientras revisaba los anuncios del periódico local. Al final resultó que viviría a dos cuadras, muy cerca del vecindario de Kibum, así que le fue inevitable verlo todos los días en la parada de autobuses, muy temprano en la mañana, cuando el joven aguardaba al primer transporte que le llevaría a la universidad, y él salía a probar suerte con su guitarra, puesto que sólo había podido pagar el primer mes de renta, y llevaba como meta no sólo conseguir un trabajo, sino también reunir el dinero suficiente para alimentarse todos los días. Al final siempre comía en la casa de la abuela de Key, y con el tiempo, la confianza entre éste curioso muchacho y el guitarrista fue aumentando considerablemente. Pronto dejó de ser raro que Kibum se burlara de él cada vez que se equivocaba en el curso de sus melodías, pero también, a Jonghyun dejó de importarle esto desde el primer día que lo conoció en verdad, pues a pesar de esa primera impresión que fue tan mala para él, al hablar con Kibum a la mañana siguiente, se dio cuenta de que éste tenía una personalidad interesante, y una adorable manera de pensar, aunque no siempre lo mostrara en el exterior. Siempre que podía, Kibum asemejaba una apariencia fría y aparentaba ser el conocedor supremo del universo, pero en realidad, en el fondo era tan inocente como un niño, y esto Jonghyun lo sabía muy bien.
Cierto día, siendo aún época veraniega, llovía a cantaros y el viento soplaba con fuerza. Kibum utilizaba una carpeta de plástico para cubrirse la cabeza, y corría a toda prisa por las calles llenas de charcos y corrientes que arribaban desde las calles más altas. Aún restaba un buen tramo para llegar a su casa, de manera que en cuanto vio la pequeña residencia de Jonghyun, que contaba con una marquesina lo bastante amplia como para refugiarse, se dirigió hasta allí y decidió aguardar a que la tormenta se apaciguara. Temblaba de frío y se abrazaba a sí mismo, mientras contemplaba la apariencia de la casa, creyendo que Jonghyun no estaba ahí. Mas sin embargo, justo después de haber soltado un suspiro resignado, la puerta se abrió de golpe y el músico asomó la cabeza. Kibum lo miró con los ojos bien abiertos.
    — ¿Qué estás haciendo ahí? —le preguntó; al ver que el chico no contestaba, lo incitó a moverse rápidamente—. ¡Entra!, ¡te resfriarás!
A diferencia de la vez que se conocieron, Jonghyun auxilió a Kibum de inmediato, y cuando lo tuvo refugiado en su departamento, le ofreció algo para secarse. Mientras el chico frotaba con la toalla las escandalosas hebras de su cabello, con mechones ahora rosados, Jonghyun utilizaba la cafetera. Pronto el agua se hirvió lo suficiente, por lo que le preparó un té y se lo ofreció con delicadeza. Kibum solamente asintió, y prosiguió con el secado de su cabello, sin mostrar la intención de beberlo todavía—. ¡Vamos!, que te estás tardando una eternidad —exclamó Jong, justo antes de inclinarse al costado del chico y tomar el lienzo con el que éste frotaba su sien. Entre risas malignas, Jonghyun comenzó revolver bruscamente el pelo de Kibum, mientras éste se quejaba y le exigía que se detuviera.
    — ¡Basta! —le decía, pero a medida que Jonghyun reía, él no podía evitar reír también.
Ambos se fueron calmando gradualmente, y en el momento en que Jong descubrió el rostro de Kibum, el silencio ya los había colmado a los dos. Estaban demasiado cerca, mirándose a los ojos con detenimiento. Jonghyun siempre había considerado que el rostro del chico era delicado y lindo, pero nunca antes había sentido tantos deseos de besarlo como entonces, y no sólo en cualquier parte, sino meramente en los labios. Se inclinó por un impulso y lo hizo, unió sus bocas y lo probó con suavidad, aunque pronto el contacto se volvió anhelante. Kibum cerró los ojos de inmediato, y llevó una de sus tersas manos a la mejilla de Jong, quien besaba lento y profundo, acabando de descubrir los labios más dulces que jamás conoció.

Así es como…
Así es como…
Tú me encierras aún más.

¡Cuán feliz se sintió a partir de entonces! A pesar de su falta de formalidad, la relación que emergió luego de su primer beso con Kibum fue el inicio de una aventura alucinante. Cada mañana, con tan sólo recordar el suave rostro de la persona que tanto adoraba, Jonghyun se levantaba de la cama con una actitud positiva, dispuesto a conseguir un trabajo a como diera lugar. Estaba inspirado gracias a él, de un modo que había creído ya imposible de lograr, habiendo incluso olvidado que se podía llegar a ser así de feliz. Dos semanas luego de aquel beso con Key, y pareció que la suerte laboral había llegado por fin a la vida del guitarrista. Consiguió un trabajo de buen sueldo, en un café que fungía también como una biblioteca de carácter alternativo, donde tendría no sólo la responsabilidad de vigilar los estantes durante las tardes, sino también la libertad de deleitar a los lectores con melodías suaves, amenas al ambiente del local. Aunado a esto, inició un proyecto administrativo con uno de los amigos que le llevó la propuesta de tocar en su negocio, para ampliar el café alternativo e inclusive iniciar una cadena en la gran ciudad, con locales aquí y allá. A medida que los meses transcurrieron, Jonghyun se vio cada vez más envuelto en estos proyectos, que al principio no tenían nada de fructíferos, pero a pesar de su falta de esperanza y de su carencia tiempo, que era cada vez mayor, Kibum se las arreglaba para encontrarlo y animarlo siempre que le era posible, de modo que cada vez que Jong lo veía, sus fuerzas se recobraban.
Como aquella tarde en la que el negocio había logrado dar un paso hacia adelante. Jonghyun dentro de su departamento, sentado en el suelo, sobre la alfombra, y rodeado de cientos de papeles que le estaban sirviendo para plasmar sus planes mentales. Pensaba en presentar algunas de sus más inéditas creaciones musicales, pero la idea se esfumaba y retornaba constantemente. En conjunto con esto, dos locales idénticos habían sido colocados en puntos estratégicos de la ciudad, y mientras dibujaba de una manera muy peculiar sus procedimientos para mejorar la propaganda de la nueva cadena del café alternativo, el guitarrista trataba de administrar su tiempo para apoyar a su amigo y jefe en el cuidado de los tres negocios. Exactamente una hora luego de iniciados sus cuestionamientos, Kibum abrió la puerta principal de la pequeña casa, sin molestarse en tocar, como ya le era acostumbrado. No obstante, Jonghyun ni siquiera se percató de su presencia, o al menos no hasta el momento en que Key se inclinó tras de él, y le dio un tierno abrazo, rodeando su cuello cansado, y reclinando la barbilla sobre su cabeza.
     —No te oí llegar —le expresó Jonghyun.
     — ¿Estás muy ocupado? —fue su dulce respuesta.
Jonghyun ladeó la sien de un lado a otro, expresándole su reducida disponibilidad, pero Kibum, tal como si no se hubiese percatado de esto, se dio a la tarea de distraerlo, como tanto le gustaba hacer hasta que la atención de Jong estuviese nueva y completamente puesta sobre él. Comenzó restregando la nariz en su cuello, provocándole con sus cálidas respiraciones, hasta que se atrevió a rozar los labios sobre su piel, y besarlo lentamente. La cordura de Jonghyun aguantó por un momento más prolongado del usual, pero cuando la afilada nariz de Kibum viajó hasta una de sus mejillas, y exhaló una respiración más anhelante, poco antes de besarle la mejilla con ternura, no pudo más y se giró a mirarlo. Lo tomó por el cuello y clavó la mirada en sus ojos. De inmediato se dio a la tarea de buscar sus labios, y a pesar de cerrar sus párpados, negándole la visibilidad a sus orbes incluso antes de apreciar su aliento, los halló pronto y los saboreó de un modo distinto al que le era acostumbrado. Estaba hambriento de deseo, y sólo pudo darse cuenta de esto al tener a Kibum a su costado luego de un día tan fatigante. Sostuvo las mejillas del muchacho con ambas manos, y a medida que fue profundizando en su boca, su cuerpo fue reclinándose de manera instintiva, hasta dejar a Kibum recostado en el suelo, y hallarse sobre él, tal cual como la ocasión en que lo vio por primera vez, salvo que ahora lo hacía de una manera muy consciente, y totalmente deseada. Key volvió a enredar los brazos alrededor de su cuello, y a medida que permitía que sus lenguas se encontraran, su respiración se conectaba con la del hombre al que tanto había querido durante los últimos meses, causándole una fascinación que sólo podía expresar al tomar su labio inferior entre los dientes, y tirar de él con una dureza que para Jonghyun resultó adorable, a la par de terriblemente sensual. Continuó acariciándole de un modo vehemente, hasta el momento en que sus pieles se tornaron sudorosas, y la ropa comenzó a estorbar. Bajo la calidez de la tarde, hasta que el sol se posicionó por el oeste, de modo que la sala se quedó en penumbras tras la salida de la luna, sus cuerpos se conocieron de un modo profundo y anhelante, sus voces emanaron misteriosos sonidos que jamás habían escuchado salir de la boca del otro, pero cada detalle que resultó insólito les llenó el pecho de una calidez también desconocida, a la vez pacífica, y de una dulzura descomunal. Jonghyun pensó que había olvidado que era posible sentir esa armonía al adentrarse al mundo de alguien más, pero después consideró que probablemente estaba equivocado, que no lo había olvidado, pues de haberlo sentido antes, jamás se habría escapado de su memoria. Sólo mientras abrazaba el cuerpo desnudo de Kibum bajo las sábanas que había traído de su alcoba hasta la sala cuando el exhausto muchacho de la piel pálida se había quedado dormido, reconoció que había estado ante esa situación por primera vez, experimentando una emoción distinta a todas las anteriores, tal cual como cada sensación que resultó desconocida para Key, al haberse tratado de la primera vez que permitía que alguien lo conociera tan profundamente.
Un par de horas transcurrieron, y cuando despertó, descubrió que Jonghyun no había conseguido dormir, y que en su lugar, lo miraba con detenimiento, casi con rareza en apariencia externa, pero en realidad, empleando una enorme dulzura que era reflejada en sus tiernos ojos castaños.
     — ¿Qué es lo que miras con tanto interés? —le preguntó.
Jonghyun contestó con una apacible sonrisa.
     —Te miro a ti, claro está —dijo, y el silencio arraigado en Kibum provocó que su sonrisa se ensanchara—. ¿Te apena?
Volvió a mirarlo fijamente. Un ligero rubor se asomó por sus mejillas, y apartó el rostro casi enseguida.
     —Claro que no —respondió con arrogancia, cosa que causó una risotada en Jong.
     — ¿Sabes? —le dijo una vez se hubo calmado, jugueteando al mismo tiempo con las hebras de cabello que se hallaban sobre la frente de Key, rozándolas con sus dedos y tratando de retirarlas de su rostro, para contemplarlo en su totalidad, libre de esos finos obstáculos—. Ya que tu mamá ha regresado a tu casa para cuidar de tu abuela, y que yo tengo ahora un trabajo que parece estable, estaba pensando, ¿no te gustaría rentar un departamento? —se detuvo al decir esto último, para mirarlo a los ojos y volver a sonreírle —. Para ti y para mí, obviamente; los dos solos.
En un principio no hubo respuesta, el muchacho sólo le miró, con esos orbes felinos que se adentraban en lo más íntimo de su ser, como si estuviesen a punto de rodear todo el campo visual de Jong con su profundo color. Finalmente, Kibum sonrió, se colocó sobre el torso de su amante, le besó la nariz y le dijo suavemente, en un susurro apenas audible, pero tan claro como lo era, para Jong, el agua de la lluvia:
     —Te amo.
El guitarrista enmudeció. Buscó la sinceridad en sus ojos, y halló en ellos mucho más de lo que en un principio pensó. Kibum hablaba enserio, pero él… ¿por qué no se sentía capaz de contestarle, de decir “también yo”? En su lugar, lo atrajo hasta él y volvió a besarlo, esta vez con una intensidad que le supo más desconocida, misteriosa, casi antinatural. Se sintió incapaz de abrir los ojos, y disfrutó de su aroma y de su esencia, cual si fuese la primera vez que unían sus labios.
Pero ahora llueve nuevamente, y la cabeza de Jonghyun atesora esos recuerdos, como cada tarde en que ve las gotas caer, y rodear el ventanal de la sala con su vaho humedecido. El pequeño amiguito del pelaje negro se acurruca junto a sus pies, pero a poco utiliza sus garras para jugar con las agujetas de sus zapatos, y revolcarse en la alfombra, de manera que, pese a su notoria holgazanería, lucha con su presa imaginaria, como todo un felino salvaje. Jonghyun se percata de su presencia, y a medida que sonríe, lo toma entre sus manos. Comienza a acariciarlo con delicadeza, y observa a través de la ventana a la despedida del sol, tal cual como aquella tarde en que acarició la piel de su musa por primera vez, salvo que ahora, el viento vehemente golpea cada elemento de la calle, y el cielo expresa su furia con estruendos ensordecedores. Cuando el primer rayo de luz manifiesta su aparición con un repentino relámpago, la fuente de energía hace corto circuito y la habitación de Jonghyun se queda en penumbras. Completo silencio se aprecia a su alrededor, y únicamente un maullido le recuerda que tiene que levantarse para ir por unas velas, si es que no quiere pasar la noche tropezando con sus propios pies.
A medida que avanza, va recordando cada detalle de aquel día, el día que demolió todo lo construido durante un año de su hermosa relación, y los seis meses que llevaban viviendo juntos. Parecía una mañana como cualquier otra, Jonghyun aplicaba los acordes a su guitarra, sentado de un modo excéntrico y suicida en el mueble de la sala, mientras dejaba salir su voz en un tono chillón, que pretendía hacer reír a su musa. Kibum, en la cocina, con la atención puesta en el horno, no podía evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa amplia. Aguardaba a que parte del desayuno estuviera listo para poder sentarse a la mesa junto con Jong, y hacer el desastre que cada mañana tenía que ser discutido con besos para decidir quién de los dos lo tendría qué limpiar. Pero mientras Jonghyun amenizaba el ambiente con sus locuras, el teléfono resonaba de un modo apenas perceptible. Tuvo que timbrar más de una vez para que Kibum reaccionara, y fuera hacia la mesilla de la televisión para contestarlo. Reprendió a su pareja, le ordenó que guardara silencio, y entre risas, Jong lo hizo. Sólo entonces respondió al llamado, con una voz animosa, pero luego de unos pocos segundos de mantener su oreja pegada a la bocina, su expresión se tornó áspera, y el tono de su voz emanó entre trabas.
     — ¿Estás segura? —preguntó, parecía estar a punto de soltar un sollozo.
Jonghyun se enderezó sobre el mueble, y lo miró con angustia. Transcurrió un breve instante antes de que Kibum bajara el auricular, sin molestarse en colgarlo, y tratara de apoyarse en la mesilla, para manifestar una respiración que lució honda y dolorosa.
     — ¿Te encuentras bien?  —indagó Jong, pero no recibió respuesta.
Kibum se retiró el delantal que rodeaba su cintura, lo soltó y éste cayó al suelo. Poco después inició un tambaleante caminar hacia la puerta de la casa, y se perdió de la vista desconcertada de Jonghyun. A partir de aquel momento, las cosas comenzaron a cambiar de un modo sosegado, pero a la vez bastante cruel.
Por gracia de la comunicación de la madre de Key, Jonghyun no tardó en enterarse que la abuela del muchacho había muerto. Tuvo qué consolarlo durante largas y amargas noches, en las que el chico lloraba hasta quedarse afónico, y consentirlo del modo más comprensivo posible, porque luego de enterarse del deceso de la mujer que lo había criado, Kibum cayó en una depresión que era incapaz de admitir siempre que alguien se la echaba en cara. Por su parte, Jonghyun jamás aludía a sus cambios de humor, lo trataba de un modo dulce y lo cuidaba como si fuese prácticamente su propio hijo. Esto, sin embargo, pareció resultar contraproducente a medida que el tiempo pasó.
De manera drástica, las amistades del chico cambiaron; de contar con colegas tranquilos y risueños, comenzó a vérsele con una pandilla de hombres misteriosos, que lo invitaban a salir todas las noches. Empezó a dejar de aceptar que la gente le llamara por el apodo cariñoso que sus viejos amigos le habían designado, y en su lugar, sólo quería que se le llamara Kibum. Jonghyun le sorprendió fumando una tarde, y a partir de entonces, el hábito se volvió algo común, pero jamás le hizo ninguna clase de reproche por esto; comprendía que estuviese pasando por grandes cantidades de ansiedad todos los días, así que le dejaba hacer lo que quisiera. No obstante, también había estado embriagándose muy seguido, y cuando súbitamente decidió dejar la universidad, Jonghyun se alarmó lo suficiente como para empezar a cuestionar sus motivos. Habían pasado ya tres meses desde la muerte de la señora Kim, y el muchacho no parecía estar ni cerca de superarlo. La preocupación del guitarrista aumentó, pero cada vez que mostraba la intención de hablar con Kibum de un modo serio, éste lucía inmensamente irritado, e iniciaba una discusión que sólo podía parar de tres maneras: con Key encerrándose en otra habitación, dejando a Jonghyun en la cama para marcharse al sofá, o sencillamente, escapando del departamento por unas dos o tres noches, en veces hasta una semana completa.

Entonces, ¿qué se supone que debo hacer?
Estoy cansado de reír, de no ser capaz de llorar…
Aunque sea sólo una vez, quisiera poder llorar sin restricciones.
… Tal vez sería bueno convertirse en la lluvia.

Durante cada pelea, el argumento de Kibum era el mismo, para él, Jonghyun era incapaz de comprenderlo, porque su naturaleza le resultaba demasiado insensible. Esto, por supuesto, era algo que Jong no alcanzaba a dimensionar. ¿Por qué llamarlo “insensible” precisamente, si siempre estaba tras su sombra, velando por su bien? Kibum nunca explicaba la razón detrás de estas acusaciones, terminaba gritándole, llorando y marchándose. A los días le decía que lo amaba, y Jonghyun no podía hacer más que pegarlo a su pecho, y abrazarlo fuerte. El chico parecía calmarse sólo unos segundos, ya que después volvía a llorar.

Quiero ver mi alma encerrada… tan cruelmente
Mis lágrimas silenciosas… ellas te odian tanto.

     — ¿De dónde sacas algo así? —le dijo aquella vez—. ¡Siempre estoy cuidando de ti, salvándote de tus propias estupideces!
Era medio día, y Kibum se hallaba en la cocina, engullendo un remedio para la resaca, cuando la discusión se desató.
     —No te has dado cuenta —desveló—, ni siquiera porque te lo he insinuado sin descanso todo este tiempo —se incorporó de la silla y a pesar de su dolor de cabeza, lo encaró de frente—. Jonghyun, no eres más que un idiota.
La expresión perpleja del músico no tardó en acentuarse para dejar salir su coraje.
     — ¡Y tú eres un terco y caprichoso imbécil! —le gritó, pese a que nunca antes lo había hecho—. Si alguien es insensible aquí, ese eres tú.
Kibum lució contrariado y sorprendido, pero frunció el ceño enseguida, y se alejó.
     — ¡Pues bien, tienes razón! Entonces haré lo que tú debiste haber hecho desde un principio. Por tu bien, voy a terminar esto. No voy a molestarte más, así que me largo y te dejo como debiste haber estado desde que llegaste, ¡completamente solo! —al terminar su tremendo desahogo, el muchacho empujó a Jonghyun con fuerza y se encaminó en dirección a la salida.
Jonghyun permaneció inmóvil como una piedra, inmerso en la estupefacción y en la furia, pero pudo girarse unos segundos después, sólo para encontrar a Kibum con la mano sobre la perilla de la puerta, mirándolo por encima del hombro. Se dejó llevar por lo ocurrido, de modo que le hizo una seña que indicaba indiferencia, y que lo incitaba a marcharse de una vez por todas.
     —Bueno, vete —le dijo sin más—. No sería la primera vez.
Kibum resopló con aparente molestia, pero lo cierto era que su mirada expresaba desaire y decepción, inclusive sentía como si estuviese a punto de desplomarse y de llorar a sus pies. Sin embargo, decidió dejar su orgullo por delante, y para impedir que Jonghyun lo viera de esa manera, le dio la espalda rápidamente. Al final, salió del departamento sin decir una palabra, nada que pudiera delatarle.

Había transcurrido más de una semana cuando el latente arrepentimiento le hizo a Jonghyun llamarle por teléfono, y rogar en la bocina por su perdón, aunque hubiese entrado la contestadora. Durante tres días le dejó constantes mensajes de voz, que iban más o menos de la siguiente manera:
     —Kibummie, perdóname, eso no era lo que quería decir. ¿No vas a regresar? Ya han pasado varios días, ¿dónde estás?
Sin embargo, la respuesta de Kibum llegó únicamente un día, en forma de un seco mensaje de texto.
«Ya te lo dije, es mejor así. Sé que pronto me vas a dar la razón»
Jonghyun leyó presurosamente, y no bien había terminado, ya le estaba volviendo a llamar. No obstante, Key no contestó, y en su lugar, le envió un último mensaje.
«Ya no insistas»
Desesperado, Jonghyun marcó su número una vez más, pero el mensaje de voz le dio a entender que el usuario no estaba disponible.

Sigues diciendo que todo es por mi bien
Siempre he pensado que todo era una hermosa mentira

Fue así durante cada vez que intentó llamarle en las semanas siguientes, hasta que, cumplido el mes, la llamada ya ni siquiera llegaba a su destino, y Jonghyun supuso que Key había cambiado su número del móvil, para no tener que hablar con él de nuevo.
Como en muchas otras ocasiones, Kibum había huido del departamento, salvo que esta vez, definitivamente no regresó. Una tarde Jong volvió del trabajo, sólo para descubrir que Key había tomado todas sus cosas, y que había dejado su copia de la llave sobre la mesilla, sin ninguna especie de nota de por medio. Jonghyun suspiró y se sentó en el mueble, se removió los cabellos y volvió a preguntarse “¿por qué se ha ido?, ¿qué hice yo que fue tan cruel para él?”. Luego se percató de que a pesar de su abrupta partida, no había sentido deseos de llorar ni una sola vez. Fue así desde hacía tiempo, quizá desde que cumplió los dieciséis años, y terminó con su última relación verdadera. Pese a haber sido siempre un muchacho llorón que expresaba sus emociones empapado en lágrimas, un día las cosas cambiaron y dejó de sufrir así. En su lugar, se convirtió en un ente incapaz de distinguir entre tristeza y felicidad, y eso, aunque antes nunca le molestara, empezó a traerle problemas luego de analizar las palabras de Key. Si bien siempre lo cuidaba, jamás le decía que lo amaba, pues no se sentía capaz de hacerlo. Pensó que tal vez era porque siempre que expresaba sus sentimientos a las cosas que más adoraba, éstas terminaban huyendo de él. Siempre había sido así, confesando su sentir y luego perdiendo a su objeto de deseo. En cierto instante de la vida, decidió que ya no se aferraría a nada ni a nadie, y comenzó a acostumbrarse a perderlo todo, a tenerlo y disfrutarlo un tiempo… luego a dejarlo ir. Se habituó a disfrutar la felicidad que llegaba de paso, hasta el punto en que ya no hubo diferencia entre ésta y una tarde de soledad. Ésa era su forma de vida, y hasta el momento, nunca le había parecido mal. No obstante, esa tarde pensó que tal vez Kibum tenía razón, que no se equivocaba al acusarlo de insensible, pues quizá, sencillamente, carecía de emociones y su compañía era exhaustiva por la misma razón.
No volvió a verlo. Pese a que intentó buscarlo en la antigua residencia de su abuela, descubrió que se había mudado con su madre, y que ya no regresaría. No halló manera de desahogarse más que gritando con desesperación, pues a pesar de que le habría venido bien llorar al saber que lo había perdido por completo, por mucho que lo deseó, fue incapaz. Como una nube congestionada en una tarde de sol, las lágrimas jamás descendieron.

Abre los ojos esperando la oscuridad, pero se da cuenta que ya es de mañana. Se halla tendido en el suelo de su casa, con un fuerte dolor en el cuerpo, y las velas tomadas de la alacena regadas por todo su rededor, la caja de la cera junto a sus pies, y un pequeño animalito de pelaje negro utilizando sus patitas para amasar su costillas, de modo que le causa el cosquilleo suficiente para recobrar el sentido. Jonghyun se incorpora de una sola vez, y observa el desastre de sus agujetas, con las que el gatito estuvo jugando la noche anterior. Suspira con cierto alivio, pues ya ha entendido lo que pasó. Tal como lo temía, seguramente tropezó con el hilillo de sus zapatos y se golpeó la cabeza. De cualquier manera no se preocupa, pues ha conseguido recordar su nombre muy bien, además del nombre del pequeño inquilino que ahora mismo maúlla con gracia. Jonghyun lo toma entre sus manos, y lo acerca hacia su rostro para mirar sus felinos ojos de cerca. De esta manera, transcurren sólo unos segundos, hasta que el gato estira una de sus patitas, y le rasga la nariz con sus garras diminutas. Jonghyun se queja del dolor, pero no suelta a su querida mascota. Se alivia todavía más cuando recupera los recuerdos que le hicieron imposible armonizar la noche anterior, y nuevamente se convence de que su musa es el reflejo perfecto de una criatura como la que tiene entre las manos. Frágil pero inteligente, mimado y a la vez independiente, voluble, malagradecido y orgulloso, pero sobre todas las cosas, adorable.
Escucha el tenue ronroneo de su mascota, y vuelve a centrar su atención sobre ella. Le dedica una mirada seria, y le expresa lo siguiente, con una firme pero triste certeza surcando el tono entero de su voz:
     —Tú también me abandonarás un día, ¿cierto?
Como es de esperar, el gato no le responde. Lo mira fijamente, y su ronroneo se detiene. Jonghyun piensa en morderle la oreja, debido a que le causa una ternura incontenible, pero el sonido del timbre de la residencia interrumpe su absurda intención. Se pone de pie con el animalito aún entre sus brazos, y abre la puerta sin pensárselo dos veces. Queda petrificado al instante, porque aquel que encuentra justo al costado del recibidor no es otro que un muchacho de revoltosos cabellos rubios, delgados labios en forma de manzana, y ojos negros y penetrantes, tal cual como siempre los recuerda. Son ellos quienes le confirman que la persona que tiene enfrente se trata de su musa, de Kim Kibum, y de nadie más.
No le pregunta qué está haciendo allí, simplemente se aparta y le deja entrar. Kibum centra su mirada en la pequeña mascota que Jonghyun tiene entre los brazos, y enseguida inicia una conversación en referente a ello, con una voz natural y relajada, como si hubiesen pasado sólo unas horas, y no seis meses desde la última vez que lo vio.
     — ¿Te has conseguido un nuevo amigo?
     —Así es —responde Jong—, es mi pequeño y adorable bebé.
Key suelta una risita, y de inmediato le pregunta si puede sostener al animalito. Jonghyun se lo ofrece, y el muchacho sostiene su pancita con suma delicadeza. Poco después observa al gatito con detenimiento, y suelta una carcajada sonora, que extraña por completo al dueño de la residencia.
     —Jonggie —le dice sin dejar de reír—, éste no es un gato macho.
     — ¿Qué quieres decir?
La mirada de Jong se torna estupefacta, Kibum por su parte, sonríe.
     —Que la mires bien, es una tierna gatita.
     —Pe-pero claro —reconoce de manera obstinada—. ¿Cuándo te dije yo que éste era un chico? ¡Es mi hija, obviamente! ha aprendido todo de su padre.
     — ¿Ah sí? —el rubio alza una ceja—. ¿Entonces cuál es su nombre?
     —No tiene importancia.
     — ¿Lo ves? —le dice, y se suelta a reír una vez más.
Es inevitable para Jonghyun el que sus labios se curven en una sonrisa, dado sus deseos de reír también. No obstante, pronto termina cruzando sus brazos, y el silencio se apodera de la sala. Los segundos transcurren de esta manera, hasta que algo raro pasa entre los dos. Kibum, quien se había mantenido acariciando a la pequeña mascota, de pronto alza la mirada y la clava en el rostro de Jong. En sus ojos se aprecia una profunda sorpresa, luce conmovido y angustiado, y Jonghyun se pregunta el por qué. No obstante, comienza a entenderlo una vez escucha al muchacho añadir lo siguiente: —Oh, carajo. ¿Por qué siempre tengo que ser ésta mierda de persona?
Jonghyun se extraña todavía más, antes incluso de que Kibum alce su mano y le roce la mejilla, sin borrar el rastro de vergüenza de su cara, que luce angustiada—. Jong, lo siento tanto —susurra, y Jonghyun retrocede.
Al estar a cierta distancia, lleva una de sus manos hasta su propio rostro y se palma las mejillas con las yemas de los dedos. Se da cuenta de que sus pómulos están mojados, pese a no haberse empapado con el agua de la lluvia. Pronto entiende que comenzó a llorar aún sin percatarse de ello, y al aceptarlo, las lágrimas fluyen por sí solas, llenándole el rostro de calidez y de salinidad. Le es inevitable que éstas corran hasta cubrirle la cara entera, mientras que Kibum, por otro lado, no lo deja de mirar con la misma preocupación, casi la misma culpabilidad, que le mostró tres años atrás, justo la primera vez que lo vio—. No sé por qué lloras —retoma la palabra—, quizá sea egoísta y tonto pensar que es por mi culpa. Pero he venido precisamente a pedirte que me perdones, a decirte que fui un idiota, y que espero no sea muy tarde —el tono de su voz emerge entre trabas al ver que Jonghyun se lleva las manos a la cara, y reclina el rostro, para empezar a sollozar. Kibum, aún con la pequeña gatita en brazos, se acerca a él y trata de continuar con lo dicho—. No era mi intención lastimarte así, y no me refiero solamente a nuestra última discusión —desesperado, lo toma de la muñeca con su mano libre, y lo aprieta con fuerza—. Fui muy tonto, te traté como menos lo merecías, y tenías razón, el insensible fui yo, el que nunca te comprendió fui yo —de repente, reclina la cabeza en el hombro del guitarrista, y deja salir lo siguiente con inevitable dolor—. Lo siento de veras, Jong.
El silencio vuelve a cubrirlos a los dos. Tan sólo los sollozos de Jonghyun son perceptibles, pues nada, ni siquiera el ronroneo de la gatita, interviene en la burbuja de pasión contenida y reprimida que los ha rodeado por enésima vez desde que se conocen. Jonghyun percibe la mano temblorosa de Key sosteniendo su muñeca, y su pecho se llena inmediatamente de una conocida calidez. De pronto comprende el motivo de sus lágrimas, y se llena de alegría al saber que es a causa de Kibum, y la magia que éste causa al dejar su orgullo a un lado, para expresar su amor con una enorme sinceridad. Ésta era, quizá, la razón por la que Jonghyun se sentía incapaz de caer por entero por él, al verle siempre tan egoísta e independiente, supo desde el principio que algún día lo abandonaría. No obstante, jamás imaginó que volvería para quedarse una vez más, y ésta sorpresa fue, precisamente, la causante de que el nudo en su garganta se debilitara por fin, después de cinco largos años sin haberlo hecho.
     —Yo sí sé por qué estoy llorando —susurra por fin; al tiempo que Key incorpora el rostro, para mirarlo a la cara. Jonghyun alza la mirada y le muestra sus mejillas repletas de lágrimas—, y la verdad es que me agrada —confiesa—. ¡Dios! Me encanta que la causa de mis lágrimas seas tú —mientras Kibum lo mira con extrañez, Jonghyun toma su rostro entre las manos, y le sonríe con suma dulzura—. Por supuesto que te perdono, porque al fin entiendo lo que pasó, tus motivos los comprendo ahora, así que no soy capaz de cuestionarte —ante la vista perpleja de Kibum, junta sus frentes cariñosamente—. Estoy feliz de que hayas regresado.
     —No pienso huir nunca más.
Al escuchar su tono de voz tan dulcemente entre cortado, Jonghyun se separa lo suficiente para mirarlo a los ojos, y al tiempo que se pierde en su bella profundidad azabache, le susurra lo siguiente con suavidad:
     —Está bien si decides irte, está bien siempre y cuando regreses, que nunca me dejes para siempre…
     —No —interrumpe Kibum, casi al instante—, ni siquiera por unos días, jamás volverá a pasar.
Aún con las lágrimas, la sonrisa del guitarrista se ensancha de forma descomunal, y al tener el terso rostro de Kibum aún acunado entre sus palmas, se aproxima mientras cierra los ojos, con toda la intención de besarlo. Kibum imita su acción y sus párpados se cierran con delicadeza. Al momento en que sus labios se encuentran, unas ligeras gotitas del llanto recorren las mejillas del músico, y se entremezclan con la calidez de la saliva compartida. Sin embargo, no hay lujuria en aquel beso, no reside en él nada más que una apacible ternura. Un contacto delicado y suave. Jonghyun da un par de pequeños besos más sobre los labios de Key, antes de apartarse lo suficiente para que sus ojos vuelvan a encontrarse.
     —Aún hay espacio de sobra para que traigas tus cosas —le susurra muy de cerca.
Kibum sonríe al instante.
     —Gracias, Jong —la dimensión de sus ojos disminuye conforme a la extensión de su sonrisa, mientras se pierde en esos ojos dóciles que le miran con el rastro del llanto brillando en lo hondo de sus pupilas. Experimenta el deseo de volver a besarlo, y a punto está de hacerlo, cuando siente un pequeño bulto que se mueve junto a sus brazos. Kibum recuerda que aún carga con la pequeña gatita, y ríe suavemente mientras la coloca en una posición más cómoda—. ¿Y bien? —le dice a Jonghyun—. ¿Cómo piensas llamarla a partir de ahora?
Éste lo mira con extrañeza durante algunos segundos, y como respuesta, le lanza una desconfiada cuestión.
     — ¿Seguro que es una gata?
     — ¡Pero claro! —reitera Key, Jong resopla y le arrebata a la pequeña, para tomarla entre sus brazos—. Oh, ¡ya sé! ¿Qué tal Gwiboon?, como mi primera mascota.
     — ¿Te parece bien? —pregunta Jong a la gatita, luego se vuelve hacia Key con una expresión aparentemente asombrada—. Le parece bien.
Kibum sonríe, y a modo de festejo da unos pequeños brinquillos mientras aplaude sonoramente. Al mismo tiempo Gwiboon salta y se aleja de los brazos de Jong, de modo que cae con gran precisión sobre el brazo del mueble. Jonghyun, por otra parte, toma a Key de la cintura y lo atrae hacia él, rodea su delgado cuerpo con sus brazos, lo mira a los ojos y, al tiempo que retira algunas hebras de su cabello, le susurra con la sinceridad más grande que jamás pronunció: —Te amo, Key, ¿me escuchas bien? Te amo con todas sus letras.
Kibum no puede hacer más que mirarlo fijamente, sin hablar, sin dar respuesta, tan sólo inmerso en el más increíble de los asombros. Piensa que eso era todo lo que deseaba escuchar, pero que aún si no lo hubiese escuchado, habría regresado mil veces a pedirle esa disculpa, tan sólo para escuchar nuevamente su voz. No obstante, pronto le sonríe con dulzura, y colocando la mano en su barbilla, se aproxima hasta sus labios. Lo besa.
     —Ahora lo sé… —susurra sobre su boca—. Yo te amo también, siempre lo hice.
Ambos sonríen, y sus labios resienten aquella alegría. El llanto de Jonghyun ha cesado por fin, pero la lluvia hace acto de presencia en el exterior, armonizando así el regreso de su musa. La brisa desciende tenue y se deja escuchar a través de la ventana, mientras que ellos, deseosos en extremo de volver a probarse, realizan el reencuentro de sus bocas, y se besan con profundidad. Kibum se abraza al cuello fuerte de Jonghyun, y experimenta el contacto de su lengua en su cavidad, junto a su aliento tórrido que, a medida que exhala el aire que es utilizado para su unión, le ocasiona una gran paz interior. Continúan de esa manera junto al ritmo de la lluvia, hasta que el ruido de sus besos logra perderse en la intensidad de una tormenta.
Un par de pequeños ojos azules los observa con detenimiento, más sin embargo, pronto la portadora de ellos da un salto hacia el cojín del mueble, cae de pie y da un par de vueltas sobre él. Al compás de un ronroneo se recuesta, y cierra sus pequeños párpados, con toda la intención de dormir, sabiendo que su dueño se encuentra ahora a salvo, e inspirado nuevamente ante el bello encuentro entre su guitarra y la música, entre el viento y el agua, una vez más rebosantes de libertad.







Aunque sea por una vez me gustaría llorar sin restricciones…



… Sería bueno poder convertirse en la lluvia ♥
ShawolDD
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