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La lluvia como musica de fondo. Twoshot Pt.1 Empty La lluvia como musica de fondo. Twoshot Pt.1

Mensaje por Sou-Tan el Vie Nov 29, 2013 10:41 pm

Titulo: La lluvia como música de fondo.
Autora: Sou-Tan.
Genero: Romántico  / Angustia / HC
Pareja: Minho - Taemin.
Duración: Two-Shot.
Advertencia: Incesto.
Personajes: Kibum, Sulli, Jessica, Kyuhyun y el 2min. Realmente solo Kibum tiene un poco de importancia en la historia.
Dedicado a: Todos mis errores de dedo *emoción*








La lluvia como música de fondo.
1. Juntos.





Juntos.

En la frialdad y preocupante calma del día un ruidoso motor perteneciente a un auto que se acercaba irrumpió. El vehículo se detuvo frente a un gran edificio de aspecto sombrío luego de haber pasado por la decadente seguridad. Un hombre de edad mediana salió por la puerta del conductor, yendo a la cajuela y sacando no más que dos pequeñas maletas. Después de eso, dos pequeños pies tocaron el suelo.

“Orfanato de Seúl”, un pequeño de no más de nueve años leyó con dificultad las letras descoloridas que sobresalían de la fachada del deprimente edificio de unos cuatro pisos. Sus pequeños ojos estaban un poco apagados, eran grandes a comparación con los de muchos otros y marrones cual chocolate. Llevaba ropa en conjunto y un sombrero, así como el otro pequeño que aun permanecía dentro del vehículo.

-Taemin-ah, ¿No vas a venir?

-Este lugar da miedo. ¿Seguro que aquí estaremos bien?

Erguido, el mayor de los infantes le miro con severidad, viéndose gracioso, no obstante, muy maduro a los ojos del pequeño.

-Estaremos juntos.-Afirmo relajando su expresión y tendiéndole una mano con una sonrisa pintada en el rostro. Una sonrisa débil, pero tan sincera como la tristeza que ambos, siendo tan jóvenes y frágiles, debían afrontar.- Y mientras estemos juntos todo estará bien.

Inseguro, el más pequeño de ambos fue acercándose a la salida del auto. El llevaba unos shorts, un sombrero igual al del otro, solo que su cabello era más largo y castaño y levemente rizado en las puntas, a diferencia del negro y más corto cabello de su hermano mayor. El niño llamado Taemin tropezó al salir, cayendo de rodillas al suelo y causándose una herida en cada una de sus rodillas.

Minho, como se llamaba el mayor, reacciono de inmediato al ver las lágrimas resbalar por las mejillas regordetas de su hermano. Su mandíbula temblaba y un puchero se formó en sus labios gruesos.

-¿¡Estas bien!?

Asintió lentamente, fallando al intentar levantarse y estirando sus bracitos pidiendo ayuda. En vez de ayudarle a levantarse, lo cargo en brazos.

-Vamos, deja de llorar.

-Pero duele…-. Sollozo.

Justo en la entrada estaban unas escaleras, donde lo bajo y sentó un momento. Limpio las gotas saladas que mojaban su lindo rostro y se agacho para besar sobre cada una de sus heridas. El menor le miro curioso.

-¿Se siente mejor?

-No.-rio.- Duele.

El pelinegro frunció el ceño, había fracasado en su propósito de hacer sentir mejor al pequeño. Entonces inocentemente recordó algo que había aprendido de su madre antes de que ella muriese.
Rápidamente se acercó a su rostro y dulcemente junto sus labios durante un segundo. Se separó orgulloso de su trabajo porque le había robado una sonrisa a Taemin.

-¿Mejor?

-Ujum.- Asintió estirando sus brazos una vez más.

Suponiendo que los días venideros serian mejores, sus pies los llevaron a ambos hasta dentro de donde ahora tendrían que jugárselas para vivir.



~****~



El pequeño cuerpo temblaba ante los imponentes relámpagos. Refugiado en la poca seguridad que le producía el estar enrollado en las cobijas, sus lágrimas se agrupaban en sus ojos y sus manos se aferraban con toda su fuerza a aquel viejo peluche.

Esa noche otra discusión más, tantos gritos que le aturdían, y un montón de palabras hirientes que, sin estar dirigidas a él, le habían afectado, y a pesar de ser complejas, las había entendido. Pero esa vez fue diferente, el sonido de los relámpagos le recordaban a los gritos y el miedo venían a el de nuevo.

No podía escabullirse en busca de un poco de consuelo a la habitación de su hermano mayor como tantas veces había hecho.

Un fuerte sonido le paralizo. La pequeña lámpara en su mesa de noche se apagó, como si fuese una vela apagada de un soplo, y las demás luces, las que prevenían de afuera, también se apagaron, empero, la luz de los relámpagos y un horrible olor metálico lo inundo todo.

Entonces la puerta se abrió de súbito haciéndole pegar un brinco que casi cayo de la cama.

-¡Taemin! ¿Estás aquí?  - Pregunto una voz distorsionada por la tormenta.

La nueva persona en la habitación recorrió el lugar con los brazos extendidos al frente, en busca de él.

-¡No! Suéltame, suéltame, suéltame…  -  Grito desesperado, pataleando y luchando por que esas manos le soltasen.



Sin soltarnos las manos.



-¡Tranquilo! Soy yo, tu Hyung. Min Hyung. Tranquilízate.

-¡No!

-Taemin, tenemos que salir de aquí, por favor. Hey, cálmate un poco  - Intento calmarlo.

Lentamente fue quitando las cobijas, destapándose el rostro, y ahí le vio. Estaba sentado en la orilla de la cama, llevando los ojos vidriosos, con esa expresión que le decía que él estaba experimentando esa misma sensación de miedo. Entonces se lanzó a sus brazos y lloro.

Antes de que pudiese pasar más tiempo, el mayor de ambos le alzo en brazos y lo bajo en el marco de la puerta.

-Corre y no tengas miedo, ¿Esta bien? Saldremos por el sótano.

Incluso si tenía miedo, solo le quedo obedecer al ver el humo que provenía de la planta baja y subía por las escaleras-

Minho tomo su mano y corrieron sin detenerse, y cuando otro relámpago sonó un poco más lejos, ellos ya se encontraban bajando por esas escaleras al otro lado de la casa. Cayeron unas cuantas veces en su carrera contra reloj, el fuego se extendía rápidamente y el sótano sería la única salida.

La casa de la familia Choi-Lee ardió esa noche ante sus ojos. Sus ojos, al salir y observar lo que desde hacía meses estaba dejando de ser un hogar, se quedaron atrapados en las llamas que consumían la construcción. La cabeza les dio vuelta, y cuando reaccionaron se dieron cuenta de que debían correr.

Por su seguridad y por ayuda.

En ningún momento sus manos se soltaron. Estar juntos les había salvado de morir de forma lenta por culpa de la asfixia o el fuego. Pero fue pocos minutos después cuando lo que marco sus vidas para siempre sucedió.

La casa exploto, la estructura cedió y el fuego lo consumió todo. Incluso a la pareja que no pudo salir nunca.

Sus padres habían muerto.



~*****~



Todo estará bien.





Las palabras de ánimo de su hermano mayor le hicieron sentir más aliviado. Al entrar unas mujeres con un atuendo extraño les atendieron y dieron la bienvenida. Desde el primer momento, cuando sus miradas se cruzaron y observo sus sonrisas y dientes amarillentos, supo que ellas no le gustaban.

Ellas los llevaron a ambos por pasillos diferentes, y ahí tuvo miedo. Miedo de que ese “juntos” se rompiese, pero ese primer día no le dio tanta importancia como la tuvo después en esta historia.

Les hicieron entrar en lo que ahora sería su nuevo hogar, una gran habitación con dos hileras de camas, puestas de tal forma que justo en medio de las dos hileras se formase una especie de pasillo. Todas las camas estaban vacías, pero solo una tenía el nombre, una para cada uno. A esa hora del día, todos estaban en clases, las pocas que podían recibir en ese deficiente estado en que se encontraba el lugar. Allí se hacía lo posible por enseñarles, pero el presupuesto no era suficiente para lo que cada vez eran más niños y más niños.

Llevaba una pequeña maleta con un poco de ropa y algunos pocos pares de zapatos que se dispuso a acomodar torpemente mientras esperaba que los demás llegasen. Al cabo de un rato, otro pequeño, alguien desconocido, nuevo y llamativo, entro al lugar. Sus cabellos rubios y un poco rizados eran hermosos, para él, graciosos.

-¿Eres el nuevo? – Pregunto el otro sin intención de incomodar.

-Sí, y tú eres rubio.

El otro soltó una risotada exagerada ante la obviedad pero también por la inocencia que aquel rostro reflejaba.

-Sí, soy Kibum, el rubio. – Se presentó -. ¿Y tú quién eres? ¿El hongo? – Bromeo.

-Es Taemin, Choi Taemin.

Kibum se acercó hasta la cama siguiente a la que ahora sería suya, y se sentó en ella, mirándolo casi conmovido. Ambos eran pequeños, pero el rubio había estado allí todo lo que llevaba de vida, conocía todo lo que implicaba ser un huérfano y vivir en un orfanato.

-No, ahora es solo “Taemin”. Regla número uno, pierdes todo excepto tu nombre una vez pasas esa puerta

Ignorando totalmente lo que el rubiecito quería hacerle entender, siguió acomodando sus escasas pertenencias, que, a comparación con las de los otros, eran muchas en realidad. Le escucho decir algo más, pero realmente no pudo recordar segundos después que era lo que había dicho.

-¿Qué dijiste?

-¡Que tienes muchos zapatos! ¿Tres? ¡No, espera! ¿¡Cuatro!? Eso es…increíble.

-Pero eso es muy poco.

-Taemin, aquí todos tenemos un par y a veces nada. Eres afortunado, solo cuida que no te los roben.

-¿Pueden hacer eso?

-Y mucho más. Escóndelos bien.

Pensativo, el castaño frunció sus gruesos labios. Tenía cuatro pares de zapatos, en una habitación tan pequeña con muchas personas más y poco espacio era muy difícil esconder todo eso sin que ellos lo notasen después, así que, pensándolo bien, no tardó en encontrar una solución.

-Entonces…- Le paso dos de sus cuatro pares. -…si tú tienes dos y yo dos, será más fácil que no los descubran, ¿no lo crees?

Impresionado, el blondo abrió la boca pero solo un “gracias” pudo salir entendible, todo lo demás fueron balbuceos, para dar paso a una ancha sonrisa y una mirada llena de brillo. A Taemin le hacía recordar cuando comía dulces, amaba los dulces. También le recordaba la brillante sonrisa de su madre y de su hermano, eran la misma, la más magnifica y perfecta de todas.



Incluso si estamos lejos.



Recordando a Minho, pensó que debía ir a buscarlo. Se estaba tardando mucho en volver.

-¿Sabes dónde puedo encontrar a mi Hyung?

-Yo… ¿Es…no se…-. Balbuceo.

-Vuelvo ahora, voy por él, está tardando. – Se despidió.

Salió girando con dificultad la perilla de la puerta, dejando solo en la habitación al anonadado Kibum que aún no salía de la impresión. Era increíble como unos simples zapatos podían hacer tan feliz a alguien.

Entre los pasillo busco y busco, pero él no parecía estar en ninguna parte. ¿Dónde se había metido ahora? Ese piso estaba vacío, en el de abajo solo encontró a unas pocas personas que le miraron extraño, y en el último todo se encontraba desierto.

Camino un poco más sin obtener resultados en su búsqueda, decepcionándose un poco y asustándose al pensar en que estaba solo. ¿Qué pasaría si su Hyung se había ido? ¿Qué haría solo si no tenía a nadie más? ¿Realmente podía estar aún más solo?

Era una realidad que no estaba preparado para afrontar. Realmente, no podría.
Con cansancio y temiendo lo peor, llego al comedor, donde aún estaban más de la mitad de los niños comiendo su almuerzo. Jamás había estado en un lugar así antes, y el sentimiento de soledad al estar entre la multitud se hizo más fuerte aun.

-¡Hyung!

El grito salió por impulso, tenía la palabra en la punta de la lengua y las lágrimas desbordándose de sus ojos. Corrió a él, abrazándose al mayor por acto reflejo y no pudiendo evitar dejar salir todo el llanto.
Miedo. Mucho miedo. Era solo un niño solitario, alguien que no valía nada sin él. Siempre fue lo único que tuvo. El único que parecía realmente interesado en Taemin, en su inseguridad, en sus miedos y en su felicidad, en las cosas que le gustaban y en su fragilidad.

-Estabas tardando, y yo…yo pensé que te habías ido. – Sollozo aferrándose a él.

-Nunca me iré, ¿lo entiendes? Juntos, ¿Recuerdas?

-¿Entonces porque no vas a nuestra habitación? – Se alejó sorbiendo su nariz.

-Por-

-Porque su hermano, Taemin, él tiene que ir a la suya, mientras, usted, pequeño, debe dormir donde lo ha llevado la hermana Sulli.

-¿No estaremos en la misma?

-Me temo que no.



Seguiremos conectados de alguna manera.



Y entonces todo se derrumbó un poco más. Fue ahí cuando noto que los días y los años que estuviesen ahí seria toda una lucha. Las cosas no serían fáciles, pero aun así, haría todo porque ese “juntos” no se rompiese.

-Te lo dije, cuando entrar por esa puerta, te vuelves un numero más en una lista llena de personas en espera, Tae. Solo te queda tu nombre, no tienes apellido, tu pasado no vale nada y tus hermanos son solo más niños como nosotros.- Le aclaro Kibum esa misma noche cuando por primera vez, una angustia diferente a la que producía el rechazo por parte de sus padres le causaba.


La sensación de estar solo. 
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