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Lacie.  Jongkey. Empty Lacie. Jongkey.

Mensaje por Sou-Tan el Mar Jul 02, 2013 3:08 pm

Titulo: Lacie.
Autora: Danna.
Genero: Romantico.
Pareja: Key y Jonghyun.
Personajes: Jong, Kibum, Minho.
Nota: Basado en la canción de Piano Lacie, tomando los escenarios NO escena del anime Pandora Hearts.
Cuando esten leyendo el final, escuchen esto:
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*~Lacie~*





Ese día estaba sentado bajo el mismo gran árbol. No habían nubes que cubrieran el sol, el clima era bueno, y el aún seguía preguntándose lo mismo de siempre.

Miro sus botas marrones y al reloj de bolsillo color dorado es sus manos, marcaba las once más un cuarto, y como ya lo hubo anticipado, una risilla juguetona se escuchó muy cerca de su oído.

Cerró sus ojos y sonrió mostrando sus blancos dientes.

-Bumm…¿Dónde estás?-. Pregunto casi en susurro.

Se levantó de su lugar y sin querer, dejo caer el reloj sobre el césped verde y brillante, un poco humedecido por el rocío.

Abrió sus ojos y se encontró con el montón de árboles del bosque. Los volvió a cerrar y no quito la sonrisa de su rostro, llevo sus manos a sus caderas y fingió molestia e impaciencia golpeando el suelo una y otra vez con su pie, pero evidenciando su buen humor con la sonrisa que llevaba.

-Si no sales me voy a ir, ¿Eh?

Abrió uno de sus ojos y le vio ahí, parado como siempre con una sonrisa, así que abrió el ojo restante y solo pudo reír cuando el otro se abalanzo sobre él y lo abrazo por la cintura y pego su mejilla a su pecho mientras no dejaba de sonreír.
Acaricio sus cabellos rubios y sus ojos se inundaron de auténtica ternura.

-¡Jjong, ¿Qué haremos hoy?!-. Pregunto emocionado el rubio cuando dejo libre su cuerpo.

-Iremos al lago.

Tomo su mano y empezó a andar por entre los árboles. Las hojas de estos permitían que entrase claridad en el bosque, pero no que penetraran los rayos solares completamente. Y de pronto, la mano que sostenía se soltó de su agarre y volvió a sonreír.

Vio su silueta yendo de árbol en árbol y fue tras el como siempre. Le pisaba los talones mientras reían escandalosamente, ahuyentando a las aves y haciendo eco en todo el bosque.

Al salir del bosque, le vio caer sobre el césped y rodar intencionalmente por la pequeña pendiente que lo llevo a estar casi a orillas del lago. Intentaba calmar su respiración mientras disminuía la velocidad y llegaba a su lado.

-Me gusta salir contigo, los demás son unos aburridos, Jonguie.

-Bueno, vives en la casa de los Choi, puedo entenderte.- Agrego bromeando.- No me imagino una vida en donde todos los días tenga que ver a Minho.

El rubio lo miro sonriente y extendió una mano para que le ayudara a levantar.

Kibum vivía en casa de los Choi, por motivos desconocidos para el mismo y hasta para la mayoría de los miembros de esa familia. Y el rubio sabía que Jonghyun era uno de los mejores amigos del nombrado Minho, y que también, si se veían todos los días.

Caminaron un poco más y llegaron hasta el muelle, donde un pequeño bote les esperaba, se embarcaron y el tomo los remos.

El rubio le contó historias sobre cómo se aburría estando siempre solo en esa torre, y de como Chershire, su gato negro, se empeñaba en destrozar sus peluches. El solo sonreía y el otro le reprochaba porque eso no era para alegrarse, haciendo que riera nervioso, y el rubio también terminaba riendo porque le encantaba su sonrisa, siempre le decía eso.

Detuvo su trabajo de remar y miro a todos lados, encontrándose con el hermoso paisaje natural. Hubo una pequeña turbulencia en el bote y supo en seguida que el rubio ya estaba sentado a su lado, le miro sonriendo, y el otro respondió a eso apoyando su cabeza en su hombro, cerrando los ojos, sintiendo la brisa suave proveniente del bosque repartir caricias por su rostro.

Llevo sus manos a los cabellos dorados una vez más, y perfecciono el peinado una y otra vez. Kibum le miro y el volvió a sonreír, dejo un mechón de cabello detrás de su oreja, y luego acaricio esta. Estaba totalmente perdido en la belleza del otro, que el calor de sus labios al juntarse suavemente, lo saco abruptamente de su trance.

Le tomo de las mejillas y cerro sus ojos lentamente, y comenzó un movimiento con sus labios, que se fundían con los del rubio en un beso, como cada vez que lo hacían, lento, tomándose su tiempo, dejando suspiros ahogados en sus gargantas y sintiendo sus sentimientos a flor de piel flotar en el aire.

Sus corazones latían a destiempo, pero sus labios seguían un compás perfecto para ambos, sabiendo que las palabras de amor sobraban, que no valía la pena malgastar tiempo en eso pudiendo estar así, juntos, tan juntos que aun si sus cuerpos estuvieran a miles de kilómetros, sus mentes seguirían anhelando al otro de la misma forma, o tal vez lo desearían más fervientemente.

Amaba encontrarse con esa escena cada vez que se separaban: El rubio mantenía sus ojos cerrados levemente, sus mejillas un tanto sonrosadas y con sus labios acorazonados entreabiertos y un poco extendidos, como esperando que le besara de nuevo, y así lo hizo.



-¿Cuánto tiempo queda?

Busco en uno de sus bolsillos, luego en otro y después en todos los demás, pero no logro dar por fin con el reloj.

-No lo sé, pero supongo que es hora de que regreses. Vayamos por el camino del bosque, deje tirado mi reloj.

Vio como suspiraba sin ganas y recibía su mano para que le ayudara a bajar del bote con una sonrisa burlesca en su rostro. Estaba resignado a tener que despedirse después de un rato y volver al día siguiente, pero no podía hacer nada, y aun así sabía que algún día el mismo haría que eso cambiase.

Tomo su mano y el rubio se negó a dirigirle la mirada, tenía los ojos bien puestos en dirección a  sus dedos entrelazados y un puchero que sin que lo supiera estaba formado en sus labios. Tomo su barbilla e hizo que le mirara, solo pudo sonreír y tratar de animarlo.

-Vamos, anímate Bum. ¿Sabes? El martes Minho dijo que podrías estar conmigo hasta que el gran reloj anunciara las ocho de la noche.

-¿Hablas en serio?

-Muy en serio.

-Mmmm…-. Arrugo sus labios y lo miro con los ojos entrecerrados.-Creo que solo lo dices por decir…

-Bum, créeme, además, pasaras todo el día conmigo, desde la mañana hasta la noche, ¿No te gusta la idea?

El rubio alzo su mirada y vio sus ojos brillar. El agarre de sus manos se intensifico y pudo notar como el otro ahora caminaba casi llevándoselo a rastras por la emoción. Desde el día en que lo conoció siempre había tenido esa faceta infantil y dulce.

-¡Me fascina, Jjong!

Kibum se lanzó a sus brazos y por poco caen por la pendiente, si no fuera porque lo tomo de la cintura fuertemente habrían caído directo al agua. Emocionado, el rubio brincaba en sus brazos, y el gustoso comenzó a dar vueltas con la intención de que se asustara solo para darse el gusto de que Kibum se abrazara fuerte a su cuello.

-Te amo, no sabes cuánto…-. Confeso estando aun en sus brazos cuando Jonghyun se detuvo.

Estaba totalmente enternecido por el tono en que pronuncio las palabras y volvió a dejarlo en el suelo. Se apartó unos pasos y le miro, estaba con esperanza reflejada en sus ojos.

A pesar de que lo sabía, jamás lo había escuchado de sus labios, y aun si nunca se lo hubiese dicho, él lo sabría y podría dar su vida para defender que eso era tan verdadero como lo era en realidad.

-También yo Bum, también yo a ti.

-Lo sé, My Yeobo~

Ya en el bosque, recogió su reloj y noto de nuevo como la mano del rubio se había soltado de su agarre. Vio hacia el frente y lo encontró viéndolo escondido detrás de un árbol, con la cabeza asomada para poder verle bien.

La carrera comenzó otra vez hasta que termino donde también el bosque lo hacía, justo frente a una torre redonda no muy alta hecha de ladrillos.

Se detuvo y el rubio se despidió desde la ventana, no por nada había obtenido la ventaja, llego antes al lugar.


Como un eco que choca contra los árboles y se reproduce sin parar, tus traviesas carcajadas me susurraron al oído que me querías…


*~**~***~**~*


Por un corredor bien iluminado caminaba junto a él, tomados de la mano, como si alguien fuese a llegar y separarlos.

Abrió una puerta a mitad del pasillo, deteniéndose súbitamente y sorprendiendo al rubio. Entraron a un habitación amplia y espaciosa, a la derecha había un pequeño sofá muy elegante, las paredes eran amarillas y tenían relieves en mármol blanco así como el techo, a la izquierda, en la pared, había un gran ventanal que tenía recogidas las cortinas, por donde la luz plateada de la luna llena entraba e ilumina tenuemente la habitación, y se reflejaba en el gran piano blanco en medio de esta.

-¿Qué haremos ahora?

-Tengo un regalo para ti. Déjame mostrártelo.

Rápidamente, se acercó al piano y se quedó parado frente a él, miro atrás y le hizo señas al blondo para que se sentara ahí, no en el banco frente al piano, sino encima de este.

Una vez el otro estuvo sentado donde debía, dejo un beso efímero sobre sus labios acorazonados y tomo asiento frente al instrumento.

Dejo que sus dedos cayeran sobre las teclas, comenzando con un ritmo suave y luego uno un tanto más rápido para pasar a los tonos mal altos y luego volver al ritmo suave. La melodía era un tanto nostálgica, pero hermosa y magnifica. Sus dedos se movían libremente mientras con sus pies seguía la canción, y miraba al otro a los ojos llegando al clímax de canción, y luego su etapa cumbre, para así, dar paso al final.

-¿Ese es mi regalo, una canción?-. Pregunto seco, fingiendo desagrado.

Bajo la mirada decepcionado y asintió. Se sintió impotente y decepcionado por su trabajo, y se dispuso a disculparse cuando una oración le hizo alzar la vista y sonreír abiertamente como era su costumbre.

-Es el mejor de todos, My Yeobo.    

Le pareció tonta la forma en que solo eso basto para hacer que todo su día valiese la pena, desde haber pasado una hora convenciendo a Minho que había cambiado de parecer debido a órdenes de su madre hasta haber tenido que mojarse completamente en un intento por que Kibum no cayese al lago.

Se levantó de golpe y tomo al rubio en brazos, y lo beso, lo beso por enésima vez en el día porque simplemente con que el respirara le daba sentido a toda su existencia. Era el aire que respiraba, era prácticamente eso.

Kibum no era el aire que necesitaba para vivir, era el aire que le hacía sentir vivo.

El blondo rodeo con sus manos su cuello y enredo sus piernas en su cintura, profundizando el beso, uniéndose aún más. Dejo que su lengua jugara con la del otro un rato, y luego saboreo esos labios que le hacían sentirse en la gloria del mismo cielo.

-No quiero que me lleves a casa, quiero quedarme contigo esta noche.

-Sabes que no puedo, Kibum.

-Sí, si puedes. Make me yours, My Yeobo, solo tuyo.

No pudo negarse, porque deseaba eso tanto como el rubio.

Esa noche sintió la suave textura de su blanca piel, se fundió de nuevo en sus labios y lo amo incluso más intensamente que como lo hizo nunca, le dijo infinitas veces cuanto le amaba, como si de un momento a otro, cuando despertasen por la mañana, Kibum fuese a ser víctima de un ataque de amnesia y le fuera imposible recordarlo.

Por primera vez, las palabras de amor no bastaron para él.


*~**~***~**~*


Bajo de su carruaje y aspiro de nuevo el aroma del pueblo. Extraño Sablier pero más extraño al rubio, hasta dos días sin verle le parecían una eternidad.

Una vez llego solo fue al bosque para cumplir con su compromiso de verle al mismo da de su llegada a la misma hora de siempre, las once más un cuarto.

Miraba su reloj cada dos por tres y la impaciencia le gano cuando vio a las agujas marcar la una en punto de la tarde. Sin borrar la sonrisa de su cara, se puso en pie y pudo jurarse que corrió hasta la mansión de los Choi.

Era eso, él no le dijo a Minho el día de su regreso, por eso no permitieron la salida de Kibum, pensó.

Cuando el pelinegro lo recibió no fue con cara de felicidad por su pronto regreso, pero atribuyo eso a que aún no le perdonaba por completo la falta a su palabra, sin embargo, su mirada no era de reproche, era de angustia y rogaba comprensión.

-Quiero verlo, no me digas que no porque sabes que igual lo haré…-. Hablo despreocupado y aun sonriente.

El más alto retiro su sombrero y bajo su mirada, como buscando en el suelo una respuesta.

-Lo siento, yo…Kibum…-. Se enredó en sus palabras.- No puedes verlo porque…-. Antes de que pudiese terminar de hablar, él ya se había encaminado a la torre donde era la habitación del rubio.

Se escapó de su amigo, y trato de esconder la preocupación que embargo su alma por completo y no lo dejaba en paz. Respiraba con dificultad y decidió apresurar sus pasos cuando se encontraba subiendo las escaleras para llegar a la habitación del rubio.

-¡Bum, ya volví!...-. Su sonrisa desapareció y aires de angustia revolvieron sus cabellos castaños.

Miro a todos lados. La ventana estaba abierta, la cama cubierta por un gran sábana blanca y cualquier artículo que pudiese estar por ahí, como los peluches en un gran estante y los sillones, parecían estar cubiertos por una leve capa de polvo, como si la persona que vivía allí se hubiese ido hacía mucho tiempo.

-Jonghyun…Kibum, el bueno…

Se giró a mirarle desconcertado.

-¿Dónde está?-. Solo lo pregunto sin tono alguno.

-El salió a jugar solo el día que te fuiste, dije que podría ser peligroso, pero lo conoces, se salió con la suya, jamás me hace caso ni escucha lo que tengo para decir…

-¡Dilo de un vez!

El más alto dio un respingo tan fuerte que su coleta se soltó, y sus ojos se abrieron en demasía.

-Estaba cerca del lago Jjong, sabes que no sabía nadar…-.Alargo las palabras y bajo de nuevo su mirada, como queriendo posponer la noticia.

-Solo termina, solo hazlo…-. Suplico con los ojos cerrados, esperándose justo lo que estaba por salir de los labios del alto.

-El mismo día Taemin pasaba por ahí, fue en la tarde…vio que estaba en el agua, pero ni siquiera intento ayudarlo, ya estaba… ¡Murió, Jong. Kibum murió!-. Soltó de una vez.

Correr, solo en eso pensó. Si no corría caería de rodillas y nunca podría levantarse, de eso estaba seguro.  

-¡Cállate!-. Lo hizo a un lado de un empujón y se echó a correr.

Las lágrimas parecían pocas y sus piernas flaquearían en cualquier momento, pero no se detuvo, no se detuvo hasta estar donde siempre lo esperaba, bajo el árbol más grande, y se dejó caer, porque no había nada a que aferrarse ya.
Flexiono sus rodillas y dejo que las lágrimas fluyeran sin cesar ni un segundo. Entre tanto llanto, una pequeña flor cayó en una de sus rodillas, y la recogió, la recogió con una sonrisa ladina, que reflejaba todo menos felicidad.

“¿No es hermosa?”, preguntaste totalmente embelesado por la belleza de la flor, “No tanto, no se compara contigo”, te respondí sin más. Solo te sonrojaste y pediste por favor que dejara de mentir, a lo que yo solo atine a sonreírte y quitarte la pequeña flor de tus manos. Protestaste pensando que le haría daño, pero te clamaste rápido al notar que la acomode detrás de tu oreja, “Me gusta más así, combina contigo”, te dije una vez termine. Me miraste con enojo fingido, y con las manos cruzadas en tu pecho besaste mi mejilla y te sonrojaste aún más.

El nudo que se formó en su garganta impidió que el aire penetrara en sus pulmones correctamente, pero le importo tan poco como que sus sollozos incrementaran y resonaran por toda la extensión del bosque. Después de todo, Kibum era el aire que le hacía sentirse vivo, y ya no pudo sentirse así.

De pronto, las sonrisas que recordar se le hicieron pocas, las palabras de amor le parecieron necesarias, los besos inexistentes y la única noche a su lado más lejana que nunca, todas alejándose de él, dejándole un vacío inmenso.


*~**~***~**~*


Ese día estaba sentado bajo el mismo gran árbol. No habían nubes que cubrieran el sol, el clima era bueno, y el aún seguía preguntándose lo mismo de siempre.

Tenía los ojos cerrados, y cuando una risilla juguetona se escuchó muy cerca de su oído, sonrió mostrando sus blancos dientes y abrió sus ojos. Como ya lo hubo anticipado, su reloj de mano dorado marcaba las once más un cuarto de la noche.  

Se levantó y comenzó a caminar entre los árboles, siguiendo el sonido de aquella risa. Sonrió ladinamente y convirtió su andar en una carrera tras las dulces carcajadas, que lo llevaron fuera del bosque, hasta el largo sendero, por donde lo condujeron a su casa.

Primero la escucho en las escaleras, luego en la segunda planta, después le hizo ir por centenares de corredores hasta llevarlo frente a una puerta blanca con detalles en marrón.

Entro a la habitación y la risa se escuchó cerca del piano blanco, seguida por el sonar de algunas notas tocadas al azar.

Cuando tomo asiento frente al monumental instrumento, las risas cesaron, como siempre, para dejar que comenzara.

Sus dedos tocaban vehemente las notas de la canción que tanto aclamaba la risilla todas las noches. “Lacie” así se llamaba. Y cuando acabo de tocar, las ultimas carcajadas se escucharon, primero cerca y luego lejos, hasta desvanecerse.
Sonrió otra vez nostálgico mirando por la ventana a la luna, recordando una vez más, ahora con alegría, al hermoso dueño de la risa.

Como una suave tonada de piano, en las noches; tu risa melodiosa marca el ritmo de mis sueños…






¿Muy cruel?
Y ustedes se preguntaran, ¿si era de día, como es que eran las once mas un cuarto de la noche? Si, se quedo toooodo el día esperando ahí por mas exagerado que parezca.
Bueno, espero que les hubiese gustado el shot y gracias por leer~


Última edición por americanidiotdshineegirl el Mar Jul 02, 2013 3:11 pm, editado 1 vez (Razón : Ninguna en especial)
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Mensaje por Naavil Jong Min ^^ el Miér Jul 03, 2013 7:34 pm

T-T me dejaste sin palabras solo puedo decir que fue simplemente perfecto en todo sentido, la historia empezó con tanta dulzura que sentí horrible con lo que le paso a Kibum, pobre Jong imagino toda la tristeza que ha de haber sentido :'( enserio lo ame me hiciste sentir un sinfín de emociones en tan poco tiempo y espero ver mas oneshots tuyos por aquí me gusto mucho la forma en que escribes :)
Naavil Jong Min ^^
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Lacie.  Jongkey. Empty Re: Lacie. Jongkey.

Mensaje por SHINeeKawaii el Mar Jul 09, 2013 3:58 pm

Waaaaaaaa *llora desconsoladamente*
Porque!? Porqué tuvo que morir!!! ㅠㅠ
Unnie no puedo parar de llorar es hermoso y triste. ㅠㅠ
SHINeeKawaii
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