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Mensaje por Sou-Tan el Vie Mayo 24, 2013 11:31 pm

Titulo original: Angels o Alas prestadas.
Autora: Danna (YO /._./)
Genero: Drama, Angustia, Fantasia.
Pareja: 2min.
Advertencia: Muerte de un personaje.
Nota: Esto salio de mi extraña mente xD al leer este pedacito de canción "Dicen que cuando una persona es buena en vida, al morir se convierte en ángel, pero ¿Por que no se le puede ver?" algo así era ._.
Perdón por HORRORES ortográficos que posiblemente hay.


Alas prestadas.








Ruido y caos, eso es lo que cualquiera esperaría en un día normal en la casa SHInee.

Un silencio sepulcral reinaba, mientras, cuatro de los miembros del grupo surcoreano, dormían plácidamente. Eran las once del medio día cuando el ringtone de un celular resonó por todo el lugar, tan fuete como un trueno, despertando a dos de los miembros: Onew y Key. Estos, fastidiados por el escandaloso aparato, y con ganas de seguir durmiendo, salieron de sus respectivas habitaciones, las cuales estaban al frente cada una. Intercambiaron miradas, haciéndole saber al otro que de ninguna de esas dos habitaciones venia la música estruendosa, deduciendo inmediatamente de donde provenía aquella tortura. Salieron completamente, cerrando las puertas tras de sí, fueron a la última habitación al final del pasillo.
Compartieron una mirada y asintieron al mismo tiempo. Key giro la perilla y bufo al encender la luz, vio al menor de los cinco, desparramado en su cama y enrollado es sus cobijas, mientras, su celular vibraba y armaba un completo alboroto en la mesa de noche a un lado de dicha cama.

El mayor grito el nombre de quien dormía para probar si lograba despertarlo, intento totalmente fallido. Paso un rato más para que el menor se medio desenvolviera de las cobijas, abriera un poco los ojos soñoliento y mirara a las dos personas que, con las manos cruzadas sobre su pecho, lo veían con caras enojadas y haciéndole señas para que desviara la mirada y acabara de una buena vez con su martirio. Les hizo señas con una mano para que se retiraran mientras tomaba el teléfono y, al fin, revisaba el mensaje que tantos estragos había causado. Giro los ojos y, una vez los mayores hubieron salido de su habitación, se enredó entre las sabanas y cayo de nuevo ante el sueño.

En cuanto a Jonghyun, quien parecía no haberse inmutado ante la algarabía, se encontraba despierto hacía más de un cuarto de hora, fue el primero en despertarse y el único que, después de haber cesado el sonido, no pudo conciliar el sueño debido a una llamada entrante que atendió instantáneamente. Una voz desconocida del otro lado de la línea fue lo que se escuchó, seguido de la noticia menos esperada, ese año, ese mes, ese día, a esa hora y de esa manera. Horrorizado y tiritando, fue como salió de su habitación, pasando por la del líder primero, luego por la del de mirada felina. Ya luego, habiéndose tranquilizado, nada más un poco, fueron al encuentro con el menor, que aún se encontraba en los brazos de Morfeo.

En cuanto al integrante faltante, ese alto de ojos grandes, estaba subiendo en el elevador con dos bolsas en las manos. Una contenía dulces por montones mientras que la otra, demasiada comida chatarra como para una sola persona. Habían acordado quedarse el día libre en casa y pasársela un rato viendo películas y subir dos kilos como mínimo. Las puertas del elevador se abrieron y salió, tropezando con uno de los vecinos que se disponía a entrar. Este se inclinó al suelo, pero luego pareció no notar su presencia ahí y siguió su camino sin quejarse de nada.

Sin prestar atención al suceso anterior, con bolsas en manos, camino hasta quedar frente a la puerta del departamento que compartía con los otros cuatro. Saco del bolsillo de su chaqueta las llaves, abrió la puerta ágilmente, sin dejar caer nada de lo que traía. Cuando hubo entrado completamente, cayó en cuenta que ninguno de esos “zánganos”, como los llamo en su mente, estaban despiertos. Escucho algunos sonidos de voces provenientes del pasillo y pudo notar que la puerta de la habitación del fondo del pasillo estaba abierta. Fue hacia el lugar de donde las voces provenían y, sin miedo a interrumpir nada, irrumpió en el lugar; encontrándose con un Key que se tapaba la boca e intentaba contener lágrimas, un Jonghyun sollozante y limpiando las gotas saladas que empapaban su rostro, un Onew tratando de calmar su respiración con los ojos cerrados y pronunciando en susurro “No” repetidas veces, y, por último, con un Taemin con la espalda contra la cabecera de la cama, con las piernas estiradas y el cabello desordenado, pasando la mirada de uno a uno.

La situación lo dejo un tanto aturdido y a la vez desconcertado. Soltó las bolsas y se acercó a todos y cada uno de los presentes para que le informaran el motivo de semejante actitud por su parte, sin embargo, parecía estar hablando al aire. Giro hacia donde estaba el más joven, encontrando su mirada un segundo, aunque más bien parecía viendo a la pared en vez de a él.

Un poco enojado por el repentino comportamiento de sus compañeros, salió de aquella habitación para ir a la sala, donde se dio cuenta cuando vio a puerta, que estaba cerrada, que había dejado las llaves pegadas del lado fuera, pero por un extraño motivo, las llaves estaban en su bolsillo y la puerta hasta seguro tenia.

Antes de que pudiera sacar conclusiones o crear alguna teoría del por qué todo estaba como cuando dejo el lugar, una mano se en su hombro lo saco de sus pensamientos y, en un momento a otro se encuentra en un lugar desconocido y sombrío para su gusto. Miro a su lado y se encontró con un aciano risueño. Personas pasando por doquier, pero ninguna pero ninguna parecía verles a ninguno de los dos. El señor lo llevo por un pasillo hasta el ascensor, una vez este se abrió, salieron los dos y el más alto dudoso siguió al desconocido, por un corredor más oscuro de lo que debería estar, y que en una de las paredes tenia escrito: “Decimo primer piso”

Pasando varias habitaciones, llegaron a un que, como todas las demás, tenía grabado un numero demasiado alto como para para leer sin equivocarse más de cien veces antes de decirlo bien. El hombre mayor tomo la perilla y miro a Minho.

-¿Aun no caes en cuenta, muchacho, de que es este lugar y de por qué estás aquí?-. Cuestiono el anciano a lo que el alto negó levemente.

El anciano abrió la puerta, dejando ver en su interior a un joven en una camilla, con los ojos cerrados y la piel pálida en extremo. El más alto trago saliva y sus ojos se abrieron en demasía, no por la condición de quien en cama estaba, sino por quien era. La persona tendida en una cama con sábanas blancas cubriéndola hasta el cuello, era, nada más y nada menos que…el mismo, Choi Minho.

La imagen de los sucesos ocurridos luego de haber enviado aquel mensaje, llegaron a su mente, haciendo que por un momento pareciera en otro planeta. Mientras el semáforo estaba en rojo, un hombre y una mujer discutían en el carril próximo al suyo, lo siguiente que pudo ver fue un auto destrozado en medio de la calle, mucha gente aglomerada alrededor del vehículo y a el mismo saliendo calmadamente de ese gentío que pareció no verle.

Y fue en ese instante en el que el mayor se dio cuenta de muchas cosas. En el elevador de su edificio habían más de una persona, todas sin fijarse en su presencia, el vecino con el que creyó tropezar solo de doblo a recoger sus llaves. La puerta de su departamento jamás se abrió, las personas que estaban en la habitación que compartía con el menor, en ningún momento se percataron de su interrupción y por último, ninguno de los botones en el ascensor tenía el número “11”, solo llegaba a diez. Pestañeo un par de veces y, anonadado, miro al anciano, quien sonreír intentando sacarlo de su estado de shock.

Aquel desconocido poso su mano una vez más en el hombro del alto, y el ambiente a su alrededor cambio de nuevo. Era un lugar pintoresco y cualquiera que lo viera lo denominaría alegre, debido a las flores que encantaban a la vista y muchos árboles; aquel lugar emanaba una felicidad triste, como los recuerdos los recuerdos alegres que luego de un tiempo saben amargo.

-¿Qué es todo esto?- Pregunto el de ojos grandes.

El anciano, entendiendo porque lo preguntaba, respondió en tono sereno y calmado a su pregunta:

-¿Nunca has escuchado, que cuando una persona buena muere, se convierte en un ángel? Pues eso es más que cierto, muchacho.

Minho asimilo aquellas palabras con suma rapidez, pero sin lograr entender muy bien el motivo por el cual se encontraban en aquel parque-cementerio.-¿Qué se supone que hacemos aquí?-. Cuestiono con los ojos brillantes, curiosos cual niño de cinco años al ver algo nuevo que “descubrir”

-Aquí es donde encontraras a alguien que te necesita demasiado.- Abrió la boca para preguntar algo peor el mayor continuo sin intenciones ni deseos de ser interrumpido-. Generalmente los ángeles están descansando, durmiendo tranquilamente, eso, solo si no hay ningún trabajo para ellos. Nada de ángeles guardianes ni nada por ese tema. Tu- le señalo amablemente- Estas aquí para hallar a esa persona que necesita tu apoyo, de una y mil formas un ángel puede consolar a una pobre alma desdichada. Sé que te preguntas como podrás encontrarlo o cual es el método que debes usar, pero es tu deber averiguarlo. Solo te diré, muchacho, que podrás reconocerlo una vez lo veas.- Y se fue, se esfumo sin más, dejándolo con ganas de pedir alguna explicación.

Resignándose fácilmente a las palabras anteriores, se recostó bajo la sombra de un árbol donde podía ver en toda su extensión aquel lugar, para luego caer en un profundo sueño.

La noche fue una completa tortura para todos quienes no pegaron un ojo en todo ese tiempo. Nadie lo espero, nadie lo veía venir, simplemente paso y los tomo por sorpresa, destruyendo casi todo a su paso.

El menor estaba molesto pues el si había dormido, y mucho. Lo despertó el mayor casi obligándolo a salir de la cama, pero se negó rotundamente y consiguió, luego de una dura lucha, que se le dejase en paz. Todos estaban evidentemente abrumados y conmovidos por la muerte de su amigo y compañero, bueno, no todos, Taemin simplemente se había quedado la tarde anterior jugando videojuegos, mientras que los demás se consolaban mutuamente. Ni una lagrima salió de sus ojos, ninguna palabra de compresión hacia sus compañeros, se podía decir que ni una señal de vida más que moverse y respirar, cambiarse de lugar cuando hacía falta y ya. Cualquiera podría decir que parecía un robot programado para hacer todo aquello.

Todos le veían preocupados y a la vez decepcionados, parecía importarle muy poco la muerte de una persona con la que convivía prácticamente de lunes a lunes tiempo completo. Se habían puesto sus mejores trajes y, sin musitar palabra alguna ninguno de ellos, salieron rumbo al funeral y luego a la sepultura, con las miradas gachas. Nadie se esperó una respuesta negativa del menor cuando se le aviso para que se alistara. No iría y nadie le obligaría a eso, nunca.

Ninguno lo entendía pero en realidad prefirieron que estuviera como siempre a que estuviera tan decaído como ellos. Y aunque en realidad no pudo volver a dormir, solo se quedó en cama con los ojos cerrados sin realizar movimiento alguno., intentando fuertemente no pensar en nada especifico, apretando la almohada con tal fuerza que parecía iba a destrozarla.

Aun si se lo negaba a sí mismo y a los mayores estuvieran convencidos de ello, no sería cierto, jamás, en absoluto, él no estaba bien.

Cuando el antes miembro de SHInee abrió sus ojos, se encontró con la sorpresa de que era un nuevo día, y no solo eso, sino que era medio día y muy cerca del había un pequeño grupo de personas vestidas elegantemente, con trajes de colores demasiado serios para su gusto. Diviso entre todos a una cabellera rubia y una cara de cachorro que no tardo en reconocer, además de unos cabellos rojizos. Se levantó de su lugar y camino a paso rápido hacia donde ellos se encontraban, quedando entre todas esas personas que conocía más que bien, los llamo repetidas veces pero simplemente nadie le vio ni escucho. Entonces, todas las probabilidades de que lo que había ocurrido el día anterior hubiera sido un tonto sueño, se esfumaron.

Recordó las palabras de aquel desconocido, debía encontrar a alguien y debería poder reconocerlo, solo que no entendía como se supone que debía llevar a cabo sus planes. Paso un buen rato antes de que los únicos tres integrantes que había decidido ir al lugar, en ese momento noto la ausencia del menor, extrañándose de no verlo.

Se sentía mal al verlos a todos en semejante estado, solo por un irresponsable descuido de su parte.

No tardaron mucho en desalojar el lugar, dejando que apreciara bien la tierra removida y un pequeño cuadro cuyo material le dio igual cuando vio grabado su nombre en él, la fecha de su nacimiento y la del día anterior, con una de esas típicas dedicatorias clichés.

El viento hace que los árboles se agiten fuertemente, haciéndole girar su rostro a la derecha, encontrándose con alguien que minutos antes no estaba, bajo ese árbol ni ningún otro. Algunos cabellos cubren el rostro del recién llegado, impidiéndole verlo. El desconocido se encuentra con la cabeza gacha y mirando su celular.

El menor alza su vista y su cabeza, mirando ahora al lugar donde estaba parado estáticos el ahora ángel, Minho, dejando que este viera por fin su rostro y lo diferenciara al instante.

El alto se alegra de verle, pero luego cae en cuenta de la situación y cree que es mejor que no este ahí. Le ve acercarse a donde está el y por un segundo quiere cree que puedo verle, le llama por su nombre pero, como era de esperarse, no lo escucha. Taemin lo paso de largo y se pudo se cuclillas frente a la lápida aun sin soltar el aparato. Minho se asombra al ver en la espalda del más bajo unas alas, a las cuales le faltan tantas plumas que se ven los huesos de estas. Queda totalmente perdido en ellas.

-Maldito mentiroso, un maldito mentiroso es lo que eras, tu Choi, bastardo.

Taemin pronuncia las palabras entre dientes, dejando escapar un leve sollozo. Se levanta en el acto y se da vuelta para irse de aquel lugar, pero antes de que pudiera der un paso más, su teléfono cae al suelo.

El alto no entiende las palabras del menor, ¿Mentiroso, no, en definitiva no entiende nada. Al ver el móvil en el piso, sabe a lo que se refiere y no puede evitar sentir culpa. Le sorprende que el más bajo tan siquiera pueda recordar eso. El menor recoge en aparato del suelo y camina a paso lento, casi arrastrando los pues, casi como alma en pena aguantando lagrimas que amenazan con salir. El nudo en su garganta se hace cada vez más fuerte, volviendo la tarea de respirar muy dificultosa. Minho le sigue de cerca y se asombra al verle caer de rodillas sobre en corto césped.

Taemin deja que las lágrimas caigan a mares mientras leves espasmos se hacen presentes, soltando quejidos lastimeros de dolor, gimoteando desesperadamente. El mayor no atina a realizar ninguna acción, le mira y parece que va a desfallecer en el acto, jamás había visto a alguien tan mal, piensa que hasta podría darle un ataque si no se detiene y se preocupa. Se arrodilla a su lado y pone su mano en la espalda contraria, intentando calmarle, pero las cosas solo parecen empeorar.

Aquel nudo en su garganta hace que no pueda inhalar como se debe y su nariz esta tapada, y su garganta seca, por lo cual toce repetidas veces, para volver a la tarea de llorar desconsoladamente, tan intenso que cree que en cualquier momento va a cerrar los ojos y perderá la conciencia por la falta de aire. Minho intenta consolarle pero su trabajo parece no tener resultado. Viéndole ahí tan afectado, sus ojos de ángel se vuelven vidriosos.

Unos veinte minutos fueron suficientes para que Taemin volviera en sí y se calmara un poco, luego de eso, se fue, olvidando su celular y dejando al mayor totalmente solo.

El alto, en vista de que no había encontrado lo que debía, se recostó de nuevo bajo la sombra del mismo árbol, aun abrumado por la escena anterior. Pero antes de que pudiera volver a dormir tranquilamente, llego el mismo anciano a su encuentro, y le miro enojado. Desconcertado arqueo una ceja.

-¿Por qué lo has seguido? Se supone que tendrías que intentar apoyarlo cuando lo viste, a como diera lugar.- Hablo el anciano ahora risueño, poniendo su mano otra vez en el hombro contrario.

-Pero, ¿A quién se supone debía seguir?-. Respondió con otra pregunta. El anciano sonrió.

-Pues al muchacho que se acaba de ir, ¿Qué no viste tus alas?

-¿Mis alas? Pero si yo no tengo nada de eso.- El recién llegado sonrió de nuevo.

-Las alas de los ángeles, no crecen en sus espaldas, sino en las de las personas que los necesitan, ese joven que estuvo aquí, necesita las tuyas, ¿Es que acaso necesitas otra señal además de las alas en su espalda y su incontrolable llanto.- Iba a responder pero siguió hablando-. Ahora, te voy a llevar con él, te necesita.

En ese instante, una duda fuera de tema, revoloteaba traviesa en su cabeza sin cesar.

-¿Dónde están los ángeles que duermen?

-Donde deben, joven, donde deben.

El entorno volvió a cambiar de forma rápida, llevándolos a un lugar donde había una muchacha sentada tras un escritorio, podía apreciarse perfectamente una puerta de vidrio, un ascensor y un gran espacio libre, obviamente, era una recepción. El alto lo reconoció al instante, era su edificio. El hombre se fue y esta vez no le prestó atención a esto. Se sentó al pie de las escaleras, con una mano flexionada, apoyada en su rodillas, en la que apoyo su quijada mientras pensaba en cómo ayudar sin que el menor pudiese verle, sin saber qué hacer y desconociendo la razón de sus penas. Había muerto, estaba consciente de eso, ¿Tanto había afectado al pequeño? No, otra razón debería haber.

Mientras su mente estaba en otro universo, Taemin entro en el edificio y luego al ascensor, justo antes de que la puerta se cerrara entro el alto.

Un latido de corazón que se sintió tan fuerte, que para el mayor fue como un sismo, le hizo llenarse de una tristeza abrumadora que provoco que se levara una mano al pecho. El menor estaba recargado con su espalda contra la pared del ascensor, respiraba lentamente, las ojeras en sus ojos se notaban levemente aunque la noche anterior durmió, sus ojos estaban teñidos de un leve rojo y además estaban vidriosos, aguantando lágrimas, su cabello castaño estaba desordenado y se notaba frágil. Taemin camino un poco hacia adelante, en dirección al mayor, quien cree que puede ser visto y sonríe, pero el menor no le ve, solo se mira al espejo y, al notar su aspecto, intenta arreglarlo pero no consigue nada. Al abrirse las puertas, Taemin sale y Minho le sigue, sabiendo que se dirige a la azotea porque pasa de largo su departamento y sube unas pocas escaleras.

El mas bajo se sentó en el suelo una vez llego al lugar donde se dirigía. Minho se sienta a su lado, acariciando las pocas plumas de sus alas, que caen ante el tacto por lo débiles que están, haciendo que retire su mano. El menor busca algo en su bolsillo pero no lo encuentra. Minho mira su mano derecha y nota que sostiene el celular del otro, así que lo deja en el suelo después de leer el mensaje que todavía está abierto. Una gran sorpresa fue para el dueño del móvil encontrarlo a su lado, estaba seguro de que no lo había traído y que en ese lugar había buscado.

Largo, pesado y melancólico, así se podría describir el suspiro que salió de aquellos labios. Una suave brisa refrescante, incapaz de apaciguar la pena y angustia de un corazón indefenso, golpea su rostro, alborotando su cabello y el del ahora ángel. Cierra los ojos y ladea su cabeza, flexiona sus piernas y las envuelve con sus brazos, creyendo derramar lágrimas inexistentes. Su alma llora, pero sus ojos se han cansado. Minho le mira con un semblante calmado y acerca su hombro para servir de apoyo para la cabeza del castaño, mientras, este se pierde en momentos felices, causando que una sonrisa nostálgica surque sus labios. Taemin desea dejar de sentirse así y saber que todo fue un sueño macabro inventado por el cansancio y estrés, pero no puede, es cruel y es la verdad. Siente su cabeza recargada en algo, un calor más que conocido recorre todo su cuerpo y quiere quedarse así para siempre.

Pero siempre es mucho tiempo.

Unos dedos acarician con cuidado sus cabellos castaños. Todo está bien. Muy bien. Trata realmente fuerte de convencerse, sin embargo, una llamada entrante y el ringtone de su celular, hacen que abra los ojos y caiga de golpe, una vez más, contra la retorcida realidad. El calor se esfuma y atiende, en Key, está preocupado porque salió sin avisar. Se levanta y camina a, su antes hogar, ahora casa. Minho lo sigue y nota más plumas en esas alas de un color blanco puro.

El menor llega y todos ponen su atención en él, se ve tan normal que deducen que tal vez se fue a comer por ahí o a quien sabe dónde para distraerse. Su preocupación se disipa. El más alto los nota a todos afligidos, pero a esto no pone muy poca atención, toda esta está concentrada en la persona que sonríe fingidamente y se despide para irse tranquilamente a su habitación, seguido, como la mitad del día, por al mayor.

Taemin deja de lado su expresión feliz para dar paso a una incluso más vacía. Comenzó a cambiarse y el mayor aparto la vista. Se acuesta boca abajo en su cama, con una pierna estirada y la otra flexionada, su mejilla reposa sobre la almohada mientras mira a la cama vacía a un lado de la suya, sabe que su dueño no volverá jamás, que tendrá que dormir solo y dejar de comportarse como un niño pequeño para que le dejara dormir con él. De pronto las lágrimas vuelven a acumularse en sus ojos. Recuerda la sensación de felicidad cuando reían juntos por chistes malos, que daba más risa la propia risa del otro, cuando el mayor lo asustaba en forma de broma e intentaba devolvérselo del mismo modo, solo que ocasionando un “pelea”, que los dos no se quisieran mirar, cosa que duraba ni cinco minutos, porque era tan absurdo que estallaban en carcajadas y despertaban a todos. Se pregunta si la compañía intentara reemplazar al rapero y no tiene ganas de compartir con alguien más. Cierra los ojos fuertemente y susurra el nombre del alto, quien atiende al llamado sentándose en el borde de la cama, volviendo a acariciar su cabello de forma lenta, contacto que el menor siente tan real como lo es, maldice a su mente por jugarle una mala pasada. Pero no quiere que cese, no quiere perder eso como hace nada más un rato. Toma la mano que está en su cabello y la pone en su mejilla, sintiéndola cálida, intenta buscar alguien a quien aferrarse y el encuentra, sin saberlo, el cuerpo del ángel. Lo estruja fuerte, porque siente que si eso acaba va a desvanecerse, cree que si abre los ojos se encontrara con la realidad y no está como para esas cosas. Minho corresponde el abrazo y no puede evitar llorar, sin motivos, según él. Le duele, le duele tanto que siente que se ahoga y no puede respirar.

No es real, deja de hacerte daño con una mentira, Taemin.


Su mente le gana la batalla y en un instante no siente a nadie, está abrazando al aire y abre los ojos para confirmarlo. Si, efectivamente no hay nada ni nadie. Suspira resignado y se pega a la pared. Luego de varias horas, cae rendido ante el sueño.

Unas manos toman la cobija, que por alguna razón acabo en el suelo, y arropan con ella al cuerpo del que duerme. El mayor mira su cama y no tiene ganas de dormir en ella, en general, no tiene ganas de dormir, así que decide quedarse donde está, cuidando el sueño de quien en realidad parece un ángel a sus ojos. Admirando lo que considera un hermoso rostro, toda la noche y madrugada hasta el amanecer, cuando ve que Taemin despierta, pero este no sale de la cama, solo se queda ahí haciendo nada más que respirar.

La culpa vuelve a su ser y quiere gritar que está ahí, que no se ha ido, que no tiene porque estas así puesto que no ha pasado nada, pero no, nadie lo podrá ni ver ni escuchar. Sería inútil, completamente tonto.

La mitad del día transcurrió y Taemin no salía de su habitación ni de su trance, por su aparente interés más en la pared que en la vida que debe continuar. Minho acaricia de nuevo su cabello pero es inútil, el menor no puede sentirlo, simplemente porque no le cree real.

Todos estaban en la sala, Jonghyun y el líder jugando videojuegos para distraerse, Key solo está sentado viendo la televisión desde el sofá, pero absorto en su preocupación. No puede estarse tranquilo sabiendo la situación de su amigo. Más que seguro es que sufría más que todos juntos. Tiene que persuadirle de pensar en eso y ponerlo a hacer algo, lo que sea, no importa que.

Jonghyun gana pero por primera vez no presume su triunfo, no le apetece hacerlo. Onew acepta jugar otra partida, no tiene ni un poco de ganas, solo necesita hacer algo. Key se levanta y camina hasta la habitación, que antes estaba ocupada por dos personas, y abre la puerta, encontrándose con una escena bastante deprimente. El menor le mira y sonríe forzadamente para darle ánimos, pero su tristeza de desborda por todos lados, cosa que el alto nota pero el menor no. El rubio se acerca y se sienta justo al lado del ángel. Acaricia la mejilla del castaño y Taemin siente la diferencia de esta y la de la noche anterior. Kibum nota su tristeza y aflicción, sabe que el pequeño se siente abrumado.

-Necesito que vayas al centro comercial, luego al mercado y después a la dulcería por cosas que necesitamos.- Solo dice lo primero que se le cruza por la cabeza.

Nota en la expresión del menor su intención de negarse así que le caya en el momento que le ve abrir la boca para repicar.

-No puedes encerrarte toda una vida, Taemin.-Habla en tono de comprensión-. Sé que lo amabas, se que le amas, pero se consiente de que si te viera así se sentiría muy mal.

El rubio sabe por que lado debe tomar el asunto, Taemin debe enfrentarse a eso. Puede que nadie le hubiera dicho, pero es que el menor era tan obvio que le fue imposible no notar el cariño del niño hacia el alto, quien no sabía nada hasta que lo menciona Key.

Quien está en la cama se sienta de golpe por la sorpresa, tanto el cómo el mayor abren sus ojos en demasía.

-Sí, ya lo sé, creo que me di cuenta antes que tu.- Le sonríe con ternura y el menor se lanza a sus brazos y se desata su ola incontenible de lágrimas.

-Es que…como si no hubiera sido suficiente con que todo sueño o ilusión fuera más que imposible. ¿Por qué esto?, duele hyung, duele demasiado como para soportarlo.

El castaño estuvo tanto tiempo sufriendo en silencio, sus sentimientos estaban mal, así se lo enseñaron. Pudo soportarlo, estaba bien poder pasar tiempo juntos y dejar volar su imaginación, porque no podía hacer más. Luego, en unos pocos minutos pierda hasta eso: su simple presencia. Desea que vuelva, no importa si no puede decir nada, no importa con tal que regrese.

El ángel admira la escena, totalmente estupefacto y enternecido. Sintiéndose más culpable que nunca. Le entran unas ganas incontrolables de abrazarlo tan fuerte que no pueda respirar, de decirle que no debe estar así y que por favor lo perdone por no haber cumplido.

-Vamos, deja de llorar, la rana amaba tu sonrisa, ¿Eh? Vamos, vístete y sal a hacer lo que te digo, necesitas alejarte de todo esto. Te querría feliz, tan risueño y fastidioso como siempre.- El rubio deshace su abrazo y habla en tono de burla mientras arruga sus labios, haciendo reír al menor entre lágrimas.

Taemin asiente y sale de la cama secando su rostro con su camiseta, todo ante la mirada de un sonriente Key y un Minho con ganas de agradecerle al rubio por animar al menor.

Ya listo y con una lista interminable (Cosas que el rubio se inventó para mantenerlo ocupado), emprendió en camino hacia el centro comercial, donde compra todo tipo de prendas, accesorios, cosméticos y otros artículos inútiles e innecesarios para el mayor, puesto que todo eso lo tiene ya. Agradece mucho su preocupación, pero nada ni nadie podrá hacerlo olvidar. Se encuentra con todo tipo de cosas que le traen recuerdos.

Hay una tienda de recuerdos con un peluche de pingüino y recuerda esa obra en Hello Baby, donde tanto se divirtieron y su hyung se disfrazó de ese animal fingiendo ser una golondrina. Pasa de largo el local a paso rápido, alto noto su semblante decaído y corrió tras él. Sale al mercado para terminar más rápido y volver a casa. Recuerda la vez que en un fallido intento por cocinar, casi incendia el departamento y si no hubiera sido por el alto, tal vez ya no estarían viviendo en ese lugar.

Acelera el paso y se siente mareado. Ya tiene casi todo, solo le faltan los dulces. Se apresura para llegar. Entra a la dulcería y lo primero que ve son esos chicles picantes que uso para gastar una broma al alto, gira y ve esos caramelos que compartieron en su último viaje de avión, aparta la vista y ve esos chocolates que usaron para jugar, lanzándolos a la boca del otro desde una distancia considerable para ver si lograban atraparlos. En vez de reír, se siente sofocado. Necesita salir de ahí así que toma lo que debe y paga. Sale caminando aún más rápido y Minho lo sigue.

El ángel está preocupado, no entiende como su ánimo puede cambiar tan rápido, le ve cruzar tan rápidos las calles que teme que pueda pasarle algo. Corre desesperado tras el, se siente cansado y se detiene, sus piernas no dan para más. Se sostiene de un poste eléctrico para no caer y ve como el menor se detiene en seco dándole la espalda.

Taemin escucha como un pequeño hilo de voz susurra cerca de su oído “Antes de ver, debes aprender a sentir y cree en eso que deseas observar. Por favor no preocupes más al ángel que está detrás de ti”, no se asusta, sino que se gira y ve pasar a mucha gente, hasta que por una fracción de segundo ve algo que hace que sus lágrimas fluyan y su corazón se acelere. Suelta las bolsas en sus manos y camina lentamente hasta quedar frente al poste donde vio al alto. El hombro donde apoyo su cabeza, las caricias en su cabello y ese abrazo, los siente más reales que nunca y quiere repetir todo.

-¿Fuiste tú, cierto? ¿Sigues ahí, puedes acercarte?-. Pregunto en un tono de voz que parecía suplicante.

Minho sonríe y no sabe si puede creerse lo que escucha. No piensa dos veces antes de rodearlo con sus brazos y llevar una mano a su cabello, le encanta hacer eso, y quiere tranquilizarlo, pues nota la angustia en su voz. Taemin puede sentirle, más real que si pudiera verle. Busca con una de sus manos su sedoso cabello, deseando devolver las caricias, con la mano libre recorre la espalda del ángel por sobre su ropa, es real y nadie puede quitarle eso. El alto lo toma con una mano por la cintura y con otra de la nuca, no sabe que está haciendo pero no le importa si está mal, porque no puede estarlo. Toma preso los labios del menor, deleitándose con ellos y recién descubriendo sensaciones que siempre estuvieron ahí. Minho lo abraza fuerte mientras le sigue besando, levantando sus pies del suelo y sintiéndose el más feliz del mundo. Taemin se siente más vivo que nunca y no le importa si muere en ese momento. Suspiros quedan atrapados entre sus labios y la gente que pasa mira extrañada como el menor abraza, besa y se sostiene de aire, pero lo que nadie sabe es que lo que tiene entre sus brazos es un ser que casi todos han tenido a su lado.

Separan sus labios, ocasionando un sonido que les encanta. Minho sostiene al menor por las mejillas y nota como sus alas se abren completamente, tan hermosas como la persona frente a él. El más bajo no puede verle, pero puede sentirlo, acaricia su espalda y esconde su cabeza en su pecho, sin las menores intenciones de dejarlo ir.

-A tu lado, no lo dudes, estoy aquí aunque no me veas.

-No importa en tanto te pueda sentir aquí, conmigo, Minho hyung.

El mayor se pone a un lado del más bajo y toma su mano. Taemin se olvida de las compras y camina sonriente a su departamento, apoyando de vez en cuando, la cabeza en el hombro del contrario. Nadie hablo durante el camino, no era necesario eso. Llegaron a su destino, y las alas de Minho se vieron cerrarse en la espalda del menor.

Taemin desea que los demás pudieran ver lo que él puede sentir, para que dejaran atrás ese dolor, pero sabía que si les decía, le tomarían por bromista o tal vez loco. Key mira desconcertado al menor, que esta de lo más sonriente caminado a su recamara sin nada de lo que le dijo que comprara, pero no importa porque el castaño se nota contento.

Minho lo abraza fuertemente y Taemin corresponde gustoso. El alto se disculpa y el menor le dice que no importa y que por favor no diga nada, que solo se quede así un rato más. Caen aun sin soltarse a la cama. El ángel se siente completo y besa todo el rostro del menor, quien se aferra a su cuerpo con una fuerza descomunal. Sonríen y luego de un rato, se duermen abrazados.

Golpes leves en su hombro despertaron al ángel. Este se suelta del agarre de quien duerme, y gira su rostro para mirar al lado de la cama, donde está parado el anciano son una sonrisa que le contagia. El mayor le hace señas para que le siga en completo silencio. Minho obedece sin rechistar y salen de la habitación de la misma forma que otras veces: Desvaneciéndose.

Taemin despierta sonriente, sonrisa que desaparece al darse cuenta que abraza a su almohada.

No puede, no, no puede ser un sueño, es y fue real. Se desespera al no encontrar a su ángel por ninguna parte. El reloj marca las tres y treinta de la madrugada. Se niega a creer que haya sido solo una ilusión, la vida no puede ser tan cruel.

Todo es horrible y su desesperación llega a tal punto, que corre fuera del apartamento, cerrando violentamente la puerta, despertando a todos, que preocupados lo siguen de lejos.

Llora, llora y no es para menos. No quiere y no puede perderlo otra vez. Su corazón se encoje al llegar a la azotea. Lo busca pero no hay rastros de él. Se le va de las manos y pierde de nuevo lo que más quiere.

-Tae, abre los ojos, mírame, por favor.

Una simple petición que le devolvió la vida. Abre los ojos y sonríe al verlo frente a él. Puede verle y eso le hace más feliz todavía, pero no están solos, justo detrás del alto está sonriendo, un anciano que nada mas con verlo le cae bien.

-Debo irme a dormir, adiós.

Su respiración se agita y le mira con los ojos entrecerrados sin entender, desconoce el mensaje que el mayor le quiere transmitir. Niega varias veces mientras se aferra a la camiseta del mayor, quien acaricio su mejilla mientras sonreía por ternura, ternura que le causa el menor, que se niega aun sin saber que tiene que decir.

-Adiós no, no. Vamos a dormir, ¿Si?

Minho aparta las manos de Taemin de su camiseta y se aleja unos pasos. Se gira, avanzando mientras se desvanece ante la mirada del otro, quien se queda estático y cae de rodillas y tiembla un poco. No puede llorar, no se siente triste, no lo es y eso si que es extraño. El mayor desaparece y solo queda el anciano, este se acerca aun risueño al menor. Pone una mano en el hombro de este.

-Puedes estar tranquilo, él puede descansar, y todo gracias a ti.

El alto llega a un lugar donde es imposible diferenciar su color exacto. Siente que le falta hacer algo y le es imposible estarse tranquilo. Necesita volver, para decir algo pequeño pero importante.

Taemin se pone en pie y sonríe cuando Minho lo abraza. No es una despedida, no se siente así. El alto se separa y deja un gran beso en su mejilla y luego en sus labios. Pronuncia dos palabras llenas de sentimientos. Ese “te amo” fue suficiente para que toda su preocupación se esfumara y se fuera lejos, tan lejos que ni con sus alas la podría alcanzar.

-Creo que mi amigo ya te lo dijo, ¿No es así?-. Taemin asiente sin dejar de sonreír-. Entonces creo que ya es hora de irme, pero antes, debes prometerme algo.

-Lo que quieras.

-Deséame las buenas noches, siempre.

-Lo hare, no lo dudes, Minho.

El ángel y el anciano desaparecen. Taemin decide que debe volver para no faltar a su palabra.

Se encuentra con los mayores, que han visto toda la escena y escuchado cada palabra. Todos bajan sonriendo. Se abrazan y luego se van a sus respectivos dormitorios.

El antes miembro de SHInee se ve a si mismo en un lugar que conoce a la perfección: Su habitación. El anciano está al lado de la cama de Taemin, indicándole que se acueste a su lado. Minho entiende cual es el lugar de un ángel para dormir y se tumba a un lado del menor, quien mira embelesado al techo.

Sus dedos acarician el cabello de Taemin. El menor no lo ve ni lo siente, pero sabe que es real y que está ahí.

-Buenas noches, Tae.

Un susurro que no escucha, pero le calma y le dan ganas de dormir.

-Buenas noches, Minho. Sueña bonito, yo también te amo.

Minho cierra sus ojos, cae perdido en las profundidades de un sueño eterno, mientras toma la mano del contrario sin que este lo note.

Taemin está tranquilo y puede dormir pero no tiene ganas, o eso cree. Sabe que su ángel esta, pero no podrá escucharlo, sentirlo o verlo nunca más, nadie le dijo, pero él lo sabe y punto. Toma su celular y lee el último mensaje recibido.

-Gracias por cumplir.- Y se duerme sonriente.

“Puede que cuando recibas esto estés durmiendo y te acabo de despertar,
¿No es así?, Bueno, vuelvo pronto, para que levantes a todos, y espabiles que ya llego. Más te vale obedecer, ¿Eh? ¡Que casi llego!
Bueno, no es como si de verdad fueras a hacerlo, pero al menos despierta ya, estarás feliz cuando llegue. Regreso pronto. ¡No te duermas pequeño diablillo!
Minho.



Espero que les haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Me encanta como quedo y me gustaría saber que les pareció ¡GRACIAS POR LEER!

Sou-Tan
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Mensaje por nayoomi el Sáb Mayo 25, 2013 2:58 am

woow uno de pocos oneshot que me hace llorar. totally cute
lo ame
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Mensaje por TaeemIN el Sáb Mayo 25, 2013 11:22 pm

Wooooaah! Lloro! T.T Minho~
que lindo tu one-shot, te ha quedado hermoso
estoy algo así como traumada con la lecturaa de angeles
y cosas así, así que he amado tu one-shot, es demasiado
lindo y tragico a la vez, simplemente geniaal(': espero que
subas otro pronto^^
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Mensaje por Naavil Jong Min ^^ el Lun Mayo 27, 2013 11:26 pm

waaa T.T que lindo estuvo :') asdfghjkl :33
Naavil Jong Min ^^
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Mensaje por mayte el Dom Jun 02, 2013 11:03 am

aparto!!
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