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[OnTae] Tragic Empty [OnTae] Tragic

Mensaje por Melenita el Jue Feb 07, 2013 8:55 pm

Titulo: Tragic.
Autor: Melenita|SHINee Doll.
Género: Tragedia, drama, romance.
Pareja: OnTae (Onew/Taemin).
Personajes: SHINee.
Advertencia: muerte de uno o más personajes.
Nota: estoy muy orgullosa de esta historia. No es la mejor, pero disfruté escribirla y ahora la presumo como mi 'mayor éxito'. Llámenme loca (?). Soy MinKey shipper, así que verán insinuaciones, pero sólo eso.

TRAGIC


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Leyó la inscripción con los ojos inundados en tristeza. Para Lee Jinki las visitas al cementerio siempre eran igual de solitarias y deprimentes. La tumba de Taemin lucía exactamente igual que el primer día, atendida por sus padres y sus mejores amigos, siempre rodeada de césped verde y húmedo, con flores de colores en los jarrones de yeso a los costados y una corona de rosas naturales que se cambiaba cada tercer día por orden del que fue compañero suyo en la academia de danza.

En esa ocasión, igual que todas las veces anteriores, Jinki cargaba entre sus brazos un enorme ramo de flores de temporada, sujetas por el tallo con un lazo amarillo, color que el menor adoraba, aunque pocas veces lo usaba. Lo dejó sobre el frío cemento y pasó sus dedos una segunda vez sobre el grabado que entre todos habían dispuesto en memoria suya.

Taemin tenía solamente diecisiete años el día que murió. Albergaba en su cabeza adolescente muchos sueños y ambiciones. Añoraba volverse adulto y cumplir las expectativas de todos. Anhelaba un amor de cuento de hadas con final feliz.

Una mano pálida y helada se posó en su hombro, sobresaltándolo.

— Está comenzando a tornarse frío, ¿por qué no has traído un abrigo contigo?

El tono del recién llegado se encontraba cargado de preocupación, lo que dibujó en el rostro del mayor una pequeña, casi imperceptible, sonrisa. Escuchar a su amigo le hacía sentir un poco menos solo, un tanto más apreciado. Incluso podía afirmar que el vacío dentro de su pecho se llenaba lentamente mientras el dos años menor le pasaba una pesada y costosa chaqueta marrón sobre los hombros.

— Taemin odiaba el frío, aunque decía que su estación favorita era el invierno. — habló en un susurro, volviendo sus ojos hacia los del otro, unos centímetros más alto, descubriendo una pizca de melancolía en los orbes gatunos. — Nunca pude comprender esas palabras, Kibum.

— Amaba el invierno una vez que llegaba, luego afirmaba que la primavera era su favorita al ver los jardines llenarse de flores, después la cambiaba por el verano y los paseos a la playa, para finalizar dándole su corazón al otoño y las largas caminatas por los parques. — le explicó con soltura, dibujando una sonrisa rota. — Para él, no había momento más amado que el que estaba viviendo.

— Fuera bueno o malo, él sonreía ampliamente. — agregó el mayor de los dos, sin dejar de mirar al rubio. — Sabía que amábamos su sonrisa, así que siempre tenía una esperando por nosotros.

— Era único, un chiquillo como pocos. — reconoció amargamente el muchacho, colocándose en cuclillas para pasar sus dedos por las letras en relieve color cobre. — Aún me cuesta aceptar que no esté con nosotros y han pasado dos años.

— El tiempo avanza rápido, tanto que no parece capaz de sanar las heridas.

Un soplo de viento estremeció de pies a cabeza a Kibum. Los orbes marrones del castaño le contemplaron por vez primera en realidad desde su llegada. El rubio llevaba uno de sus típicos y ajustados pantalones, de un material que iba acorde con el cambio de temperatura, volviéndose completamente helado en invierno; una blusa de manga larga y cuello alto, un suéter tejido, botas, y nada más. Mientras él, cómodamente, encontraba calor dentro de la chaqueta del menor. Abrió el cierre y se acercó a él, abrazándolo con fuerza y envolviéndole con la prenda prestada.

Permanecieron de ese modo algunos minutos, muy cerca uno del otro, contemplando la lápida de Taemin con un dolor profundo en sus corazones. Jinki se hizo a un lado cuando vio dos figuras caminar hacia ellos, con una diferencia de altura que en otra circunstancia y otro tiempo le habrían hecho reír. Minho y Jonghyun avanzaban a paso rápido, con un vaso de café en cada mano. Del brazo del de menor estatura, colgaba una bolsa con el impreso de la cafetería cercana al cementerio. El alto llevaba sobre su hombro un abrigo negro doblado, seguramente para Kibum.

— Tómalo antes de que se enfríe, Jinki. — aconsejó Jonghyun con voz temblorosa, extendiendo en su dirección uno de los vasos que portaba. — La temperatura está descendiendo rápidamente.

— El pronóstico indica que nevará por la noche. — afirmó Minho, dejando ambos vasos en la base de una tumba olvidada para tomar el abrigo extra que llevaba y ayudar al rubio a colocárselo. — Debiste cogerlo al bajar del auto, Kibum. — le regañó amablemente, pasándole una de las bebidas calientes. — Te enfermarás.

— Hemos comprado algunas rebanadas de torta también. — los ojos de Jinki se dirigieron a la bolsa que llevaba el segundo mayor. — ¿Serías tan amable de sostenerlo? — asintió, aceptando el vaso mientras las manos frías de Jonghyun sacaban una caja de cartón y algunas servilletas del envoltorio plástico.

— Es extraño hacer esto aquí. — reconoció Kibum, aceptando el trozo de pastel y sentándose en la tierra humedecida por el frío, olvidándose, como casi nunca ocurría, del glamour que le caracterizaba desde tempranos años de su adolescencia. — ¿Qué piensan que diría Taemin?

— “¿Por qué no me compraron una a mí también?” — respondió Jonghyun, haciendo una pobre imitación de la voz enfadada de su amigo. — Tal vez hubiera dicho: “el café está demasiado caliente, ¿por qué no mejor trajeron chocolate?” — Jinki asintió, convencido.

— Después hubiese sido: “Key-umma, enfríalo para mí”, con una de esas miradas brillantes a causa de las lágrimas contenidas. — siguió el menor del cuarteto, mirando al rubio. — Entonces Kibum hubiese hecho todo a un lado para atender el capricho de Taemin.

Kibum dibujó una sonrisa en su rostro. Sus manos temblaron al llevarse el vaso a los labios y sus ojos se humedecieron al reproducir en su mente una de esas escenas que los otros describían con añoranza y buen corazón. Él había acogido a Taemin cuando éste sólo tenía once años, el sueño de convertirse en un gran bailarín como Michael Jackson y unos padres a punto de mudarse fuera del país. Convenció a los cuatro adultos de que Lee debía permanecer en Seúl y que él le ayudaría en todo lo posible. Y el niño se quedó con él, a pesar de llevar poco más de un año de conocerse apenas, compartiéndolo todo.

Recordaba aquella noche de sus dieciséis años donde, a mitad de la cena, su padre informó a toda la familia que le habían
promovido de puesto y su nuevo cargo le requería trasladarse a Nueva York, desde donde viajaría a todo el país estadounidense y Canadá. El brillo en los ojos de su madre le hicieron sonreír, pero la alegría se esfumó al notar el terror surcar las facciones delicadas de Taemin, quien veía su sueño disolverse en el aire.

«No debes preocuparte por lo que has escuchado», le aseguró Kibum cuando ambos volvieron a la habitación, revolviéndole los cabellos con gentileza. «He hablado con mi padre antes, cuando recién supe que existía esa posibilidad, y dijo que ambos podríamos quedarnos en la ciudad si lo deseábamos. Mañana mismo comenzará a buscarnos un bonito apartamento, ya que planean vender la casa.» Taemin había salido de su cama y corrido hacia la suya, levantando la manta con demasiada torpeza, para de un salto trepar sobre su cuerpo y abrazarle con tanta fuerza que el mayor dejó escapar un grito de sorpresa.

«¡Eres el mejor, Key!», le aseguró Taemin, acomodándose a su lado para dormir con él en la misma cama. «Me alegra tanto haberte conocido. Eres el mejor amigo que pude haber deseado. No, eres más que eso. Eres como mi mamá.», rió encantado, especialmente al notar el ceño fruncido del rubio. «De ahora en adelante te llamaré así: umma.»

Soltó un suspiro y se secó con cuidado una escurridiza lágrima que se deslizaba por sus mejillas congeladas. Trató de no alertar a los otros, pero Minho, a su lado, alcanzó a verle y pasó un brazo sobre sus hombros.

— ¿Cómo sabían que me encontraría aquí? — preguntó repentinamente Jinki, girando el rostro hacia Jonghyun, dándole a Minho la oportunidad de susurrarle a Kibum alguna palabra reconfortante. — No dije a alguno de ustedes mis planes y tampoco es su cumpleaños, aniversario o mi día habitual de visita.

— Kibum fue quien tuvo la idea. — pronunció Jonghyun, mirando de reojo a los otros dos que hablaban en voz baja, ajenos a la charla que él mantenía con el mayor. — Estaba convencido de que te encontraríamos si veníamos. No quiso explicarnos la razón de su seguridad aunque insistimos durante el camino.

Jinki asintió, dando un trago a su café casi acabado. Volvió la vista al sepulcro de Taemin y suspiró, con el siete de enero grabado en su memoria, sólo que de otro año.

«Ha decido llamarme “umma“, Jinki, ¿puedes creerlo?», le preguntó el muchacho una tarde de diciembre, dos semanas después de que Taemin le diese el famoso y fraternal apodo de “mamá”. Él negó, embozando una amplia sonrisa ante la mal disimulada ilusión que causaba tal palabra en el rubio. Llevaba reuniéndose con Kibum mes y medio, al principio por tutorías que el mismo chico solicitó al acercarse los exámenes anteriores a las vacaciones por navidades, después por puro gusto.

«Parece un chico encantador», se limitó a decirle, fingiéndose desinteresado en ese Lee Taemin que con frecuencia el menor le describía. «¿Cuándo podré conocerlo?»

«Tendrá que ser a inicios del año que viene», le informó con aire triste. «Taemin viajará a Indonesia para pasar las fiestas con sus padres, y yo tomaré un vuelo a Nueva York para visitar a los míos y comprar regalos».

Kibum cumplió su palabra y, el siete de enero de dos mil ocho, dejó frente a él a Taemin, con los cabellos castaños rojizos cubriéndole los ojos bonitos y una sonrisa tímida dibujada en sus labios delgados. A Jinki se le antojó un adorable quinceañero, aunque Taemin aún conservaba sus catorce y él había cumplido los dieciocho el mes pasado. Sonrió en dirección al avergonzado menor y extendió la mano hacia él, posándola en su hombro, justo donde había estado la del rubio minutos antes.

«Es un gusto conocerte al fin, Taemin», habló suave, dulce, como quien se dirige a un niño pequeño. Sólo que Lee se encontraba en la pubertad y ese trato le molestaba con frecuencia. A Kibum le llamó la atención el no escuchar quejas por parte de su amigo. «Me han hablado muchísimo de ti, así que estaba ansioso por verte».

«También yo sé de ti», respondió él, alzando la mirada para encontrarse con esos orbes marrones pequeños que le miraban con sincero afecto. «Key-umma suele hablar mucho de ti, aunque más que eso son quejas. Dice que eres lento y torpe, y que…». Kibum le cubrió la boca con una mano, soltando una tonta risilla al tiempo que Jinki fruncía el ceño. «Sólo bromea», dijo el rubio, restándole importancia con la mano libre. «Sabes que te quiero», y le tiró un beso, entre nervioso y divertido, haciéndolo negar con la cabeza y sonreír de nuevo.

— Taemin no se habría parecido tanto a ti si realmente hubiera sido tu hijo. — se aventuró a comentar Jinki, mirando a Kibum intensamente. Los otros dos acallaron una risita cuando los orbes felinos se abrieron en sorpresa y la boca acorazonada formó una perfecta “o” en clara señal de incredulidad. — Tal vez era algo en el aire que ambos respiraban, pero poseía una sinceridad tan amarga como la tuya y un sarcasmo igual de venenoso.

— Esa no es forma de decirlo, Jinki. — le regañó rápidamente el otro, recomponiéndose. — Aunque quizá tengas razón y lo volví una copia de mí mismo.

— La primera vez que vi a Taemin… — comentó Jonghyun, dejando el vaso vacío dentro de la bolsa de plástico. — pensé que se trataba de una chica. No fue el primer encuentro más afortunado del mundo, eso está claro, porque ambos nos encontrábamos en el baño de un cine y su cabello estaba tan largo en ese momento que me asusté al creerme equivocado.

— Lo recuerdo. — siguió Jinki. — Los tres habíamos ido a ver una película y antes de volver a casa, Taemin dijo que iría al baño. Kibum y yo le dejamos solo, pues con frecuencia decía que nos comportábamos más como sus padres que como sus amigos. Nos cruzamos con un compañero de instituto y nos sumergimos en una conversación sobre la universidad y la carrera que pensaba elegir. Taemin llegó corriendo unos minutos más tarde, con el rostro colorado y una mirada desconcertada.

— Yo no podía dejar de reírme cuando nos contó su “aventura”. — prosiguió Kibum, sonriendo levemente. — Y luego tiró de la manga de mi camisa y dijo “¡umma, es él!”, señalándote con el dedo, Jonghyun.

— Entonces me eché a reír yo. — comentó Minho, estirando la mano para palmear la espalda del de menor estatura. — Jonghyun apenas estaba contándome el incidente con el chico en el baño cuando éste le acusaba a mitad de un pasillo atestado de gente. — el moreno asintió, bufando. — Creo que lo más vergonzoso fue que seguía llamando “umma” a Kibum frente a todas esas personas.

— Cállate. — demandó el aludido. — A mí me gustaba que me dijera así.

Así se habían conocido. Jonghyun iba a cumplir dieciocho en abril. Jinki cumpliría diecinueve en diciembre, cinco días después que Minho celebrase sus diecisiete. Kibum también iba por los diecisiete, sólo que un par de meses antes, en septiembre. Taemin era el más chico de los cinco, y esperaba ansioso que julio llegase y le volviera un quinceañero.

Corría marzo y sus encuentros se tornaron frecuentes. Jonghyun y Kibum habían conectado de modo especial ese primer día, y se mensajeaban seguido. Fue el mayor de los Kim quien los invitó a su casa para una tranquila noche de películas el ocho de abril, consolidando finalmente esa amistad que sostenían tantos años más tarde. Lejos de ser una reunión simple, los otros cuatro se habían encargado de darle al de menor estatura un cumpleaños inolvidable, incluyendo una tarta de chocolate y muchos regalos.

— ¿Recuerdan el primer cumpleaños que pasamos los cinco juntos con él? — cuestionó Kibum, aún sentado en el suelo. — Estaba tan emocionado por cumplir quince años…

— Sabía que harías algo grande. — todos asintieron. — Cuando se trataba de él, jamás te medías en gastos, tratabas de darle lo mejor siempre. Jinki hizo un buen trabajo al llevarlo de compras, lo distrajo lo suficiente para que nosotros tres llenásemos el apartamento de globos. Además, el pastel que Minho eligió estaba delicioso.

— Le brillaron los ojos cuando vio la pila de obsequios. — se burló el castaño, perdido en la memoria. — Hasta el enfado que sentía hacia mí se le olvidó. Mira que todo el camino al apartamento se estuvo quejando porque no me decidí a comprar algo en el centro comercial.

— Pues no se le olvidó del todo, Jinki. — se burló Minho, guiñándole un ojo a Kibum, que también parecía saber a qué se refería el alto. — Si no lo recuerdas, fuiste al primero que atacó cuando Jonghyun le enterró la cara en el pastel y decidió vengarse con todos nosotros. Fue una verdadera lástima que se arruinara semejante manjar.

— Fue un alivio el que comprases dos. — exclamó Kibum, golpeándole juguetonamente el brazo. — Hubiese odiado de por vida a Jonghyun por dejarnos sin pastel.

Minho le había obsequiado, haciendo uso del dinero de sus padres, una consola de videojuegos de última generación, la cual instalaron inmediatamente después de limpiarse el turrón del rostro y quitarse los pedazos de pan del cabello. En ese tiempo Choi no lo dijo, pero el hacerlo era también una excusa para estar un poco más cerca del de orbes gatunos.

Jonghyun terminó por comprarle un nuevo celular, por puro capricho, ya que el de Taemin apenas tenía unos seis meses con él. Sin embargo, a Kim no le gustaba el modelo y le dio uno nuevo, con una pantalla táctil de excelente calidad. Jinki y Kibum habían juntado sus esfuerzos -y sus ahorros- para instalarle un impresionante equipo de sonido en la habitación, muchísimo mejor que el de la sala. El resto de las cajas contenían ropa, zapatos, libros, CDs, DVDs, y otras cosas de clase similar.

Ordenaron pizzas, sustituyeron los videojuegos por una película de terror que hacía saltar a Kibum y Jinki, y que robaba gritos a Taemin cada que el rubio gritaba también.

Esa noche dejaron al chiquillo probar su primera cerveza. Ninguno bebía entonces, pero a Jonghyun le había parecido divertido el intentarlo, así que antes de dirigirse al apartamento de Kibum y Taemin tomó una de las botellas cristalinas que su padre guardaba en el frigorífico y la llevó consigo.

Bebieron a lo pobre, los cinco de una misma botella, pasándola de mano en mano y haciendo gestos horribles cada que el alcohol les quemaba la garganta y les amargaba la boca. Lo mismo sucedió la vez que fumaron un cigarrillo entre los cinco, al año siguiente, echándose el humo unos a otros, entre carcajadas de los mayores y quejas de Kibum por el sabor que aquel cilindro blanco le dejaba en la lengua cuando exhalaba.

Fue durante el cumpleaños diecisiete de Kibum, que a Yunho y Jaejoong, dos conocidos del rubio y buenos amigos de Minho también, se les ocurrió mostrarles cómo se bebía realmente, secundados por Yoochun, Junsu y Changmin.

«Lo que ocurra aquí, no tiene por qué salir de estos muros», había dicho Yunho, sirviendo un vaso a cada uno. «Cuando yo tenía su edad, ya sabía beber».

Bueno, ellos no se iban a poner a discutir con Jung Yunho. Sabían a U-Know una leyenda, así que ¿quiénes eran ellos para no seguirle la corriente aunque fuese un rato? Además, Hero no les dejaría vivir una mala experiencia. Conocía demasiado bien a Kibum y lo apreciaba como a un hermano como para arruinarle el cumpleaños con una escena típica de borrachera.

«Cuando nosotros íbamos al instituto, también tuvimos este tipo de reuniones», contó Park, al que conocían comúnmente como Micky. «Un amigo de Yunho compraba las bebidas. En una ocasión jugamos con una de las botellas vacías y…»

«No sigas, Yoochun», le frenó Jaejoong con las mejillas ligeramente sonrosadas. Jinki le estaba contando los tragos, así que lo sabía sobrio. «Es vergonzoso recordarlo».

Lo que Xiah y Max explicaron, con U-Know y Micky deteniendo a Hero, fue el tradicional juego de la botella… sólo que de besos. Kibum estalló en carcajadas, mientras Jinki y Jonghyun se cubrían la boca luego de varios gritos de sorpresa, y Minho y Taemin miraban sin comprender.

Para los dos menores en el apartamento, un juego de botella no representaba algo digno de escándalo… hasta que alguien (Jaejoong) les recordó que sólo estaban ellos cinco. Entonces también comenzaron a reírse, especialmente cuando Yunho aseguró no haber probado otros labios como los de Hero, ganándose un montón de chillidos del chico y carcajadas de todos los demás. Nadie se imaginó que Taemin se anotó el dato para ponerlo en practica en alguna reunión futura.

— Taemin siempre buscaba el modo de sorprendernos. — murmuró Kibum, estremeciéndose ante un nuevo soplo del viento. — Creo que lo logró en el cumpleaños diecinueve de Jinki, cuando consiguió que Changmin nos dejase algunas bebidas y nos sugirió jugar a la botella como hicieron ellos en sus años buenos.

— Apenas teníamos tiempo para pasar juntos por esas fechas. — recordó Minho. — Acababa de cumplir los diecisiete y lo celebramos con Yunho y los chicos en el apartamento de Kyuhyun, otro de los amigos de Max. Jinki había entrado a la universidad, Jonghyun estaba en el último año de instituto y el único sin estrés era Taemin.

— Me daba vergüenza decirles que no había dado mi primer beso. — se sinceró Jinki, revelando ese secreto que nunca confió a nadie, salvo al menor del grupo. — Así que acepté jugar con la esperanza de que no me tocara besar a nadie.

— Si te consuela saberlo… — le habló Jonghyun con una enorme y burlesca sonrisa. — tampoco Taemin había dado su primer beso.

La noche caía rápidamente y al más joven de los Lee le costaba estar más de un minuto sin reírse. A pesar de los intentos de Jinki y Kibum por controlarle la cantidad de alcohol en la sangre, Taemin estaba borracho. ¿Quién iba a pensar que dejarle beber una botella completa de 300 ml de algo con sabor a mango le pegaría con fuerza? Nadie.

Propuso jugar lo mismo que los cinco mayores que, gracias al cielo, en esa ocasión no estaban presentes para alegrarles aún más la noche. Si a Changmin y los otros no les había afectado besarse entre ellos, ¿por qué algo cambiaría en su caso?

Todos habían dado su primer beso ya. Jonghyun con Victoria, una muchacha mayor que él y amiga de su hermana. Minho con Sulli, años atrás, en el cumpleaños doce de ella. Kibum con Nicole, la nieta de una vecina de su abuela. Nada significativo para ninguno de los tres. Jinki y Taemin omitieron detalles y los otros no exigieron saberlos.

Jonghyun perdió el color del rostro cuando giró la botella y ésta fue a señalar a Minho. No se imaginó en ningún momento besando al alto del grupo, principalmente porque el que le daba tentación era Kibum con sus labios acorazonados, deliciosamente rosados. Aunque Choi tenía un encanto misterioso con toda esa seriedad y la esponjosa boca que, al mirarla bien, le pareció sumamente apetecible. ¿Quién diría que Choi sería el primer chico al que el moreno besaría en su vida? Pues sólo una botella. Sin embargo, no sería el último, lo supo desde el momento que sus bocas se encontraron y algo se encendió en su interior, algo que hasta entonces había permanecido dormido y de un momento a otro estaba ahí, dispuesto a quedarse.

Lo justo hubiera sido que Minho girara la botella y diera un beso a alguien más, pero Taemin se adueñó de ella y pidió ser el siguiente, aprovechándose del aturdimiento del alto, el rostro perplejo del segundo mayor y el desconcierto de su umma.

La botella giró, giró y giró. Jinki se estremeció cuando el lado angosto apuntó en su dirección, con el tapón rojo brillando intensamente como si fuese una enorme flecha con luces de neón. Su primer beso… le pertenecía a Taemin. Los otros tres les miraban, atontados todavía, pero con una pizca de diversión mal disimulada en el fondo de sus ojos oscuros. El mayor cerró los ojos, suspiró, se armó de valor y se acercó al rostro del menor. El pelirrojo hizo lo mismo y la distancia comenzó a acortarse lentamente.

Inició como un beso torpe, inexperto, con sabor a muchas frutas mezcladas y licor, similar a los chocolates envinados que llevan dentro una cereza. Taemin se sujetó de sus hombros, moviendo sus labios delgados contra los gruesos de Jinki, al tiempo que éste subía su mano hacia la nuca del menor y tiraba de él más cerca, ganando intensidad poco a poco. Se besaron hasta sentirse seguros de lo que hacían, con sus lenguas traviesas reconociéndose y el pecho subiendo y bajando de forma irregular. Al más chico se le colorearon las mejillas ante la falta de aire, pero se negaba a alejarse de esa boca demandante, a perderse un segundo más de esa emoción que le descontrolaba los latidos y le hacía las piernas temblar.

Kibum al final se cansó de verlos y giró la botella por cuenta propia, viéndola detenerse justo frente a Minho. Se sonrojó, repentinamente incómodo. ¿No era besar a Choi una forma indirecta de besar a Kim también?

Al alto no pudo importarle menos la confusión del mediano del quinteto. Llevó una de sus manos a la mejilla sonrosada del de orbes felinos y le sonrió, besándolo suave, comprensivo y dulce, con un cariño que al menor de los Kim se le antojó exquisito y mandó al diablo cualquier pensamiento racional. Creyó que Minho se apartaría luego de aquello, así que lo tomó por el cuello del suéter y fundió sus bocas como era debido, separándose cuando Taemin soltó una carcajada al verles.

También hubo un momento donde la botella obligó a Minho a besar a Taemin, cosa que hizo a Jinki fruncir el ceño. Fue tan tierno como con Kibum, apenas tocándolo, y el menor no hizo intento de profundizar el contacto con él. Cosa que sí hicieron Jonghyun y Kibum cuando les tocó besarse, porque el rubio tenía curiosidad y al moreno le desesperaba no poder definir el sabor del de orbes felinos.

Al final hubo tantos besos directos como indirectos, unos sutiles y otros que bien podrían haber derivado en algo más de no ser un simple juego de adolescentes.

El problema fue cuando la botella que Kibum giró señaló a Taemin. “Reglas son reglas”, dijeron, pero el más grande de los elegidos se negaba a hacer algo semejante con “su bebé”. Taemin suspiró, tomándole de las mejillas con sus manos torpes y dejó un casto beso en sus labios, sólo eso, dando por finalizada la dramática escena.

Jonghyun y Minho se despidieron primero, dirigiéndose ambos a casa de Kim. Jinki se quedó a recoger el desastre con los dueños de casa. Kibum se retiró cuando sólo faltaba lavar un par de trastes sucios, bostezando fingidamente y encerrándose con llave en su cuarto. Los dos restantes lo hicieron, contando las botellas que bebieron y recordando el intercambio de saliva. Reían ruidosamente, y algunos vasos se convirtieron en pequeños fragmentos de cristal al caer de sus manos torpes por naturaleza.

Antes de que Jinki se fuera, Taemin le robó un segundo beso, uno que no formaba parte de un juego y que hizo el corazón del castaño latir con fuerza. Para ambos significó todo, pero ninguno dijo algo al respecto. Se despidieron como de costumbre y Taemin se fue a la cama con una enorme sonrisa, convencido de que no sería la última vez.

— ¿Alguien vio venir que me enamoraría de él luego de eso? — los tres asintieron, borrándole la sonrisa del rostro. — ¿Sólo yo me sorprendí?

— Lo noté desde la primera vez que lo viste, Jinki. — confesó Kibum, sonriente. — Él no dejaba de hablar de ti, tú siempre lo incluías en nuestros planes. Supuse que sería cuestión de tiempo y no me equivoqué.

Fue en San Valentín que las cosas cambiaron. Taemin conoció a Kai en enero, un día que esperaba por Kibum y Minho. El muchacho le pareció simpático y se hicieron amigos, cosa que para Jinki representaba una amenaza y daba a Jonghyun una razón para burlarse del castaño cada que se veían. A Kibum le agradaba Kai, aunque no demasiado, porque sus intenciones eran claras desde el comienzo.
Se le declaró a Taemin el 14 de febrero, a mitad del parque cerca del instituto. Los otros cuatro estaban ahí, lo suficiente cerca para escuchar, lo bastante lejos para que el chico les viese. Kibum se tornó tan blanco como un fantasma. Jonghyun y Minho se miraron entre sí con una clara nota de terror en los ojos.

Jinki gruñó algo que nadie entendió. Después habría de contarles que se trataba de un par de palabras que no repetiría por respeto a sus oídos, ganándose varios golpes de ellos. Se había encaminado hacia los dos más chicos, sujetando a Taemin por la muñeca y fulminando a Kai con sus orbes pequeños, rasgados y duros. El de hebras rojizas le miró entre avergonzado y asustado. Aún no respondía al pelinegro, pero si pretendía hacerlo, el castaño se lo impidió al besarlo agresivamente frente al otro.

«Lo siento, Kai, pero ya hay alguien ocupando mi corazón». Directo, sincero y poco amable. Más propio de Kibum que de Taemin. Igual de efectivo que cualquier otra negativa.

Jinki regresó con los otros abrazando al menor por la cintura, con una sonrisa de oreja a oreja. Minho les sonrió de vuelta, revolviéndole los cabellos al más chico. Jonghyun alzó la mano y chocó “los cinco” con el mayor. Kibum estaba sentado en el piso, riéndose tan fuerte que las lágrimas le corrían por las mejillas.

14 de febrero de 2009. En esa fecha comenzó la relación de Jinki y Taemin.

— Creo que nunca seré capaz de amar a alguien más del modo que lo amé a él. — admitió con un deje de amargura Jinki, estirando la mano para acariciar una de las flores que colocó en la tumba al llegar. — Nadie podrá nunca ocupar su lugar, estoy seguro.

— Fue tu primer amor, y tú fuiste el suyo. — reconoció el de ojos gatunos en un suspiro. — Para ustedes dos, el otro siempre significó “una primera vez”. No tienes idea de cuánto envidio su relación.

— El destino a veces es muy cruel. — dijo en un murmullo Jonghyun, mirando el primer copo de nieve caer. Pasaban de las ocho y ellos seguían en el cementerio, sentados en la tierra, frente a la tumba de Taemin, hablando del tiempo juntos. — ¿Por qué llevárselo de esa forma?, ¿por qué sólo a él y no a todos nosotros?, ¿por qué no a cualquier otro?

— ¿Recuerdan el día que Heechul y los otros se accidentaron? — asintieron.

Había sido una noticia espantosa: los seis pasajeros lesionados, dos al borde de la muerte. Un hombre alcoholizado los había sacado del camino cuando volvían de un viaje a visitar a la familia de uno de ellos, haciendo la pequeña camioneta caer por un barranco. ¡Cuánta suerte tuvieron! Muchos otros murieron en ese mismo lugar antes, otros lo harían en el futuro.

— Taemin dijo en esa ocasión que no soportaría perdernos en un acontecimiento similar. — continuó Minho, pensativo. — Quería que los cinco estuviésemos muchos años juntos. Aunque también dijo que prefería morir antes de presenciar nuestros funerales.

— Pequeño idiota. — se quejó Kibum, secándose dos enormes lágrimas. Una perla salada brilló en la barbilla de Jinki. Incluso Jonghyun desvió la mirada, tallándose los ojos con torpeza. Minho jadeó, formando su mano en un puño y apretándolo con fuerza. — ¿Quién pensaría que se cumpliría su capricho egoísta? — se mordió el labio inferior, conteniendo el llanto. — Si él estuviera vivo, si Taemin estuviese aquí, estaríamos ahora en el apartamento, con Jonghyun tocando la guitarra, y la voz de Jinki acompañándole en una canción, entonces Minho inventaría un rap sobre la marcha y nosotros dos bailaríamos para ustedes…

— Habrían viajado a Los Ángeles el fin de semana pasado. — le recordó Jinki, con los ojos inundados en lágrimas. — Estaríamos abriendo los regalos que trajeran de allá, regañándolos por gastar tanto dinero en ropa y accesorios.

— A Taemin le gustaba la nieve. — recordó Minho, extendiendo la palma de su mano para rozar un copo que caía. — Mañana nos hubiese obligado a tener una “pelea” en el parque.

— Siempre se ocultaba tras la misma banca. — Jonghyun sonrió, imaginando el cuerpo delgado tras el trozo de madera. — Y así no quería que lo encontráramos.

— Ese año fue el último que celebramos nuestros cumpleaños realmente. — Kibum suspiró, cerrándose un poco más el abrigo. — Fuimos a un restaurante por el cumpleaños de Jonghyun, a la playa por el de Taemin, fuimos un fin de semana a Nueva York por el mío, fiesta en el apartamento de Hero por el de Minho y una BBQ en el nuestro por el de Jinki.

— El 2009 fue un buen año. — aceptó Jinki, contemplando el cielo oscuro. — Me iba bien en la universidad, los tenía a ustedes para alegrarme los días y Taemin me amaba tanto como lo hacía yo. ¿Qué más podía desear? Quizá que hubiese durado un poco más.

— Decidimos no celebrar mi cumpleaños ni el de Taemin. — continuó Jonghyun, convirtiendo el tono siempre suave de su voz en uno ácido. — Las cosas se pusieron a favor de hacer algo grande en octubre, así que tampoco festejamos a Kibum.

— Incluso Jinki y yo nos negamos a tener una fiesta. — habló Minho, sabiendo a los otros incapaces de decir algo. — Acordamos hacer un viaje a principios de octubre y tomarlo como una gran celebración para los cinco. Estábamos tan ocupados con la universidad que nos pareció la mejor alternativa.

— Dos semanas para los cinco, viajando por Europa. — reconoció Kibum en un hilo de voz. — Recuerdo su emoción cuando llegamos a Barcelona, tomamos tantas fotografías que incluso llenamos un álbum completo. — para entonces las lágrimas le bañaban el rostro.

El viaje duró dos semanas exactas, y regresaron a Corea el 20 de octubre. Los cuatro tenían coche para entonces, y el sueño de Taemin era conseguir el suyo. Sus padres se lo prometieron para su cumpleaños dieciocho, pero él no quería esperar un año más. Así que Kibum convenció a los señores Lee de dejarlo obtenerlo antes. Jonghyun y Minho le habían enseñado a conducir, y pasó el examen para obtener la licencia. Kibum y Jinki pusieron una buena parte del dinero, Choi y Kim otra cantidad igual, y los padres de Taemin completaron la cifra, deseando darle lo mejor de lo mejor.

No se dirigieron a Seúl apenas pisar territorio nacional, sino a una ciudad cercana donde un amigo de Jinki guardaba el coche y había hecho un bonito diseño en uno de los costados del vehículo, cosa con la que soñaba el más chico.

«Es precioso, chicos», pronunció con lágrimas en los ojos, acariciando la blanca pintura con sus dedos. «No debieron hacerlo, acordamos que nada de regalos».

Se turnaron para conducir a la ciudad. Era de día, así que no había riesgo alguno. Taemin se llevó el coche la mayor parte del camino, con una sonrisa tan enorme que se le acalambraron las mejillas. Kibum le miraba desde el asiento de atrás, entre Jonghyun y Minho, contento al verlo feliz, orgulloso de él como lo estaba cualquiera que le conocía.

Dos días después, el menor tenía una presentación en la academia de danza, la misma a la que asistía Kibum y que dejó al ingresar a la universidad.

Taemin se fue primero, con Jonghyun a su lado. Jinki, Kibum y Minho se tomaron una hora para arreglar el apartamento como si fuera a celebrarse una enorme fiesta. Llenaron el refrigerador de refrescos y la alacena de botanas. Ordenarían comida, dejarían a Taemin beber una o dos cervezas si le apetecía y verían películas hasta quedarse dormidos. Tomaron un taxi al edificio, porque Taemin quería conducir de regreso con todos en el auto, hablando del evento, bromeando sobre su actuación y burlándose de los errores de los otros, como lo hacían siempre.

Era viernes y pasaban de las ocho cuando salieron. Taemin reía, tomaba las manos de Jinki y daba vueltas. Lloviznaba y las gotas le salpicaban el rostro. Los otros tres estaban apoyados en el coche, viéndolos disfrutar la vida y compartir un beso entre las gotas de lluvia. El amor se desbordaba de sus ojos, la felicidad se dibujaba en sonrisas.

Kibum no conocía a dos personas más perfectas ni más enamoradas que ellos dos. Jonghyun comenzó a creer en las almas gemelas al verles. Minho se maravillaba ante tanto afecto, tanto cariño, tanto amor.

Volvían a casa cuando el accidente ocurrió. Taemin conducía, Jinki iba en el asiento del copiloto, los otros tres atrás, con Kibum en medio. Un coche repleto de adolescentes ruidosos les dio alcancé y comenzó a entrar y salir del carril por el que ellos transitaban entre risas y gritos. Uno de ellos lanzó su botella de cerveza contra el parabrisas, agrietándolo. Pegaron un salto, el coche aceleró y luego frenó unos metros adelante, buscando cortarles el paso. El pelirrojo trató de frenar también, pero el coche no obedecía o tal vez sus piernas no lo hacían. Gracias al cielo lo pusieron en marcha antes de que llegaran hasta él y el menor respiró aliviado.

«¡Cobardes!», gritó alguno de los que iba en el coche y a Taemin le costó reconocer a Kai entre las gotas de lluvia en la ventana y el montón de rostros dentro de la pequeña camioneta que estaba a su costado de nuevo. «Muérete, Lee Taemin», bramó borracho, lanzando una nueva botella hacia ellos. Llevaban sin verlo desde el día que se confesó y el saberlo tan resentido les sorprendió a todos.

«El alcohol te obliga a hacer y decir cosas de las que luego te arrepientes», le dijo alguien en una ocasión. Pues nunca lo había creído tan cierto como en ese momento.

El que estaba tras el volante de la camioneta debía encontrarse en igual o peor estado que Kai, porque seguía con el absurdo juego. Técnicamente le echó el carro encima y Taemin tuvo que manobriar para liberarse de ellos, encendió las luces para el cambio de carril, pero no alcanzó a ver el camino porque algo obstruía el parabrisas y los limpiadores no lograron retirarlo a tiempo. Frenó, pero la camioneta le dio un golpe y uno de los espejos laterales se desprendió. Kibum pegó un chillido, asustando más a Taemin, que aceleró por reflejo y giró el volante con desesperación.

Hubiera sido el escape perfecto, si un camión de carga no viniera en el carril de enseguida con un conductor igual o más borracho que los amigos de Kai, dando la vuelta en dirección contraria de la que se permitía conducir, chocando con ellos de costado y sacándolos del camino hacia la pared de un edificio abandonado.

Era viernes, el reloj marcaba poco más de las nueve y nadie se percató de lo sucedido. La camioneta y el camión desaparecieron, el edificio tembló ante el golpe y muchas de las tablas que cubrían los huecos que alguna vez fueron maravillosas ventanas cayeron sobre el automóvil. Taemin golpeó su cabeza contra el volante cuando el camión los envistió atrozmente, el cinturón se estiró lo suficiente para permitirlo, las bolsas de aire nunca se activaron. Una tabla había quebrado el parabrisas y los cristales volaron por el interior, causando heridas pequeñas en sus rostros y brazos. Jonghyun y Minho se golpearon en las puertas y perdieron la conciencia unos instantes.

A Jinki le costaba respirar, su frente sangraba y el aroma de la sangre le provocaba unas enormes ganas de desmayarse. A Kibum le costó mucho poder moverse, estaba más consciente que el resto, tan asustado que apenas atinó a coger su celular y dar aviso del incidente. Soltó su cinturón a duras penas, asomándose para ver a los dos de enfrente. Un quejido se le escapó cuando movió la pierna, tenía una cortada tan enorme que sus jeans comenzaban a empaparse en sangre.

Taemin reaccionó al toque del rubio y trató de moverse, tenía una pierna rota y sangraba en muchas partes. Quiso rozar a Jinki, asegurarse que estaba bien, prometerle que saldrían de eso. Sabía que Kibum había llamado a emergencias. Estiró la mano y gritó, su pierna se movió de un modo extraño. Jonghyun reaccionó de golpe, su pie estaba atascado bajo el asiento de Jinki, lo movió despacio, liberándose y el coche se sacudió. Minho abrió los ojos cuando un nuevo grito se dejó oír.

Una de las estatuillas que decoraban el viejo edificio se había mantenido tambaleante hasta entonces, cayendo con el último movimiento del coche, estrellándose de lleno con el frente, moviendo las tablas, dejando una a escasos centímetros del rostro del menor. Jonghyun trató de abrir su puerta y salir, pero fue imposible. Estaba tan compacta y desfigurada que no cedió. Jinki se presionaba la herida con un pañuelo que encontró en uno de los compartimientos. Minho se había sacado la camisa para amarrarla entorno al muslo de Kibum. Jonghyun tomó una de las tablas y rompió la ventana, abriéndose una enorme herida en el antebrazo cuando comenzó a retirar los restos de cristal.

La ayuda no llegaba. Eran minutos, pero Taemin los sentía como días, incluso semanas. Jinki estaba cada vez más pálido y el miedo lo embargó. Empujó la tabla cercana lejos de él y sus ojos chocaron con la de la estatuilla, robándole un nuevo grito de terror. Era horrible, semejante a las gárgolas de las películas, sólo que más fea. Estaba seguro que estiraría la mano y le clavaría las garras en las mejillas de un momento a otro.

Jinki tomó su mano, sonriendo débilmente. Entonces dirigió sus ojos al espejo retrovisor y lo que vio atrás le preocupó más. Los labios de Kibum temblaban, se notaba en Minho una desesperación indescriptible, Jonghyun trataba de salir por la ventanilla, y su camiseta se desgarraba con los cristales que no pudo retirar y el olor a sangre le llegaba a la nariz. La bota antes blanca de Jonghyun se tornaba de un rojo quemado. Y gritó con fuerza cuando su cuerpo tocó el asfalto y trató de ponerse de pie.

Taemin lloraba a gritos y los sollozos se atascaban en la garganta de Kibum. Minho sentía las lágrimas bañarle el rostro, una mezcla de impotencia, desesperación, dolor y miedo. Se encontraba mejor que todos, pero ¿de qué servía eso? De nada.

«Llegarán pronto», repetía Jinki, estrechando la mano de Taemin cada vez con menos fuerza. «Estaremos bien, ya verás», y el menor negaba, escuchando los quejidos de Jonghyun mientras trataba de abrir la puerta del castaño y pedía ayuda a gritos. No lo consiguió tampoco y su frustración iba en aumento. Kibum le pasó el celular a Minho y llamaron nuevamente a emergencias. Comenzó a llover de nuevo. No era el único accidente en la ciudad, no había suficientes ambulancias. «Esperen un poco». ¡No podían esperar!

Jonghyun comenzó a llorar también y entonces un coche se detuvo y una pareja bajó, alarmada al ver el estado de todos. Al fin se vio movimiento, dos coches más se detuvieron, una patrulla pasó por ahí y vio el alboroto. «Es un milagro que el auto no explotara», escuchó Kibum antes de apoyar la cabeza en el hombro de Minho y perder el conocimiento.

Arrancaron las puertas y sacaron a Kibum y Jinki al tiempo que llegaban las dos primeras ambulancias libres. Los sollozos de Taemin se habían apagado, todo él parecía ya no estar ahí. Minho salió a tropezones, ayudado por un policía. Apenas se percataba de las heridas en su cuerpo, el golpe en su cabeza y el tobillo torcido. Estaba demasiado alarmado por los otros para sentir su propio dolor. Un paramédico le revisó en la calle, apoyado en un coche desconocido, y se contrajo en una mueca de dolor cuando vio el pie de Jonghyun sin el calzado. Taemin ni se inmutó cuando lo sacaron del auto.

«Hay una hemorragia interna», soltó alguien en un chillido, el corazón de Minho se encogió. Jonghyun gritó, Kibum y Jinki seguían inconscientes. Las sirenas de las ambulancias rompieron el silencio de la noche. Dos patrullas les escoltaron hasta el hospital. Choi se mantuvo consciente aunque su cuerpo pedía dormir. Kim sucumbió al igual que los otros.

Fue una noche larga. Taemin entró en cirugía. El reloj avanzaba sin prisa, arrastrando los segundos. El veintiséis por la mañana volvieron a verse los rostros, con vendajes en diferentes partes y las ropas de hospital que Kibum tanto odiaba. Ambos Kim se apoyaban en muletas, Minho pasaba de ellas, seguro de que podía caminar mejor sin ayuda. Jinki no tenía fracturas, torceduras o desgarres. Los médicos no descartaban un posible traumatismo a causa de la contusión o por estrés posterior al accidente.

Taemin no estaba ahí. Se dirigieron a la habitación donde le habían colocado, pero un grupo de doctores entró corriendo, seguido de enfermeras y un equipo resucitador. Alguien se olvidó de correr las cortinas. Nadie se percató de la presencia de esos cuatro espectadores que vieron los intentos de los hombres de batas blancas por salvar la vida del menor. Sólo que Taemin no respondió y un «lo perdimos» llenó el corazón de todos de dolor.

Entonces Kibum pegó un grito desgarrador que retumbó entre las blancas e inmaculadas paredes y su cuerpo se desplomó entre sollozos, mientras Jinki se dejaba resbalar con la espalda pegada al muro y las lágrimas bañándole el rostro y el cuello. Jonghyun y Minho permanecieron de pie, estáticos, congelados, llorando en silencio.

Taemin estaba muerto.

Los padres de todos llegaron un día antes, los señores Lee quedaron devastados ante la noticia. Kibum se culpaba de todo. Jinki hacía lo mismo. Los cuatro se sentían de ese modo y les tomó meses de terapia el comprender que nadie podía haberlo impedido.

El funeral se llevó acabo en un ambiente de profundo dolor. Jinki y Kibum lloraban sin lágrimas, habiéndoselas terminado el día que lo hizo la vida de Taemin. Jonghyun y Minho les sostenían por los hombros, acallando sus propios sollozos. Con el pequeño se iban muchos planes, sueños y deseos.

Con Taemin enterraron una parte de sí mismos.

— No debió ser sólo él. — susurraron los cuatro a la vez, poniéndose de pie y sacudiéndose la nieve de las ropas.

Acariciaron una última vez el nombre de Taemin sobre la lápida y, secándose las lágrimas derramadas, brindaron una sonrisa al cielo.

— ¿Trajiste tu coche, Jinki? — preguntó Kibum cuando salieron del cementerio y se disponía a subirse del lado del copiloto. El mayor negó. — Supongo que a Minho no le molestará llevarte a casa. También puedes quedarte en mi apartamento si lo prefieres.

Asintió, subiendo a la parte trasera luego de Jonghyun. Minho se sentó tras el volante y encendió el motor, limpiando la nieve que se había acumulado en el parabrisas. Apenas comenzaba, así que no representaba riesgo alguno conducir a casa. Quizá lo mejor fuese que todos se quedaran en el apartamento de Kibum y durmiesen en la sala, como cada vez que llegaba el aniversario de Taemin, San Valentín y sus cumpleaños.

Dolía estar ahí, pero al mismo tiempo se sentían cerca de Taemin. Parecía que el más chico se negaba a abandonarles. Lo creían presente en el apartamento, a su lado cuando estaban los cuatro juntos tumbados en el piso mirando el techo.

— Están reparando la avenida principal. — le recordó Kibum a Minho, suspirando. — Habrás de tomar la desviación, la vía libre y entrar por atrás.

— Lo había olvidado. — susurró Minho, encendiendo las direccionales y cambiando de carril. — ¿No es más rápido si tomo la autopista y paso las vías del tren?

— El tren pasa sobre las diez, si haces eso tendremos que esperar a que se aleje. — bufó, sacando de la guantera una caja de pañuelos y pasándola hacia atrás cuando tomó uno. — Mejor toma la vía libre.

Jinki suspiró, apoyando la frente en el frío cristal. No manejaba su coche desde el accidente. Kibum tampoco lo hacía. Sólo Jonghyun y Minho tenían el valor de sentarse tras el volante. Ellos se habían atascado hacía mucho. El moreno tocó su brazo y le obsequió una pequeña sonrisa que Lee respondió a duras penas. Por los espejos retrovisores, Choi y Kim les miraban, un tanto aliviados.

— El semáforo está fallando. — advirtió Kibum dos cuadras antes de llegar a la intercepción más transitada. — Frena, Minho. — el coche siguió en marcha. — ¡Frena!

— ¡No puedo! — gritó él, apretando el freno una y mil veces más. — No se detiene. — musitó, cada vez más cerca, nervioso. — Estaban bien cuando llegamos, ¿por qué…?

— Enciende las luces, ¡haz algo! — obedeció, torpe, asustado.

Jinki y Jonghyun bajaron los vidrios y comenzaron a gritar, avisando a otros de la falta de control. Llegaron a la intersección con los corazones desbocados y los otros coches comenzaron a frenar a mitad de la calle. Algunos chocaron entre sí. Sólo hubo uno que no se detuvo, un conductor que no alcanzó a percatarse de lo que sucedía por ir tratando de encontrar el celular bajo sus pies.

Kibum ahogó un grito entre sus manos al ver las luces del otro coche acercarse.

El auto de Minho se habían apagado repentinamente y las puertas no cedían. Fueron lentos o tal vez el otro era muy rápido. La luz brilló intensamente, el coche se estrelló con ellos por el lado del conductor y los llevó lejos, estampándolos contra un poste de luz que se cayó sobre ambos vehículos, haciendo sonar la alarma de un montón más.

Una punzada de dolor les atravesó el cuerpo. Luego sólo hubo oscuridad. Los gritos comenzaron a apagarse. Las sirenas se volvieron lejanas. Sus cuerpos se aligeraron.

Jinki abrió los ojos, confundido. ¿Dónde estaba el auto?, ¿y los otros?

— Jinki. — lo llamó Kibum, tocándole el hombro. — Date prisa, llevamos mucho esperándote. Incluso para esto tenías que tomarte tu tiempo, ¿no?

Reconoció a Jonghyun y Minho unos metros más allá, agitando las manos en su dirección. Los miró confundido, nada tenía sentido, apenas podía ver la ciudad dibujarse entre toda la niebla espesa.

Avanzó a paso lento, torpe, sintiéndose extraño. Y fue como si las luces se hubieran encendido en un cuarto oscuro. La niebla de disipó.

Y lo que vio le dejó sin habla.

Una ambulancia se encontraba aparcada cerca del lugar del accidente, dos patrullas mantenían las luces rojas y azules encendidas. Tres personas se encontraban cubiertas por sábanas blancas. Se reconoció a sí mismo, tendido en la banqueta, con la camisa abierta y los paramédicos tratando de reanimarlo. Su cuerpo botaba con cada descarga, pero él estaba en otro lugar, observando la escena con cierto terror.

— ¡Date prisa! — gritó Kibum de nuevo, haciéndolo virar el rostro en la dirección de los otros. — ¡Jinki, apúrate!

Iba a responderle cuando le vio. Unos metros detrás de Jonghyun y Minho, sujeto del brazo de Kibum como en ese primer encuentro, Taemin sonreía ampliamente al verlo. Corrió hacia él, estrechándolo entre sus brazos, mientras los socorristas cubrían su cuerpo también con una sábana y anotaban la hora de defunción en un formulario.

— Taemin. — musitó, tomándole el rostro, besándole la frente, sonriendo.

— Te extrañé, Jinki. — respondió el menor, mirándolo a los ojos. — Los extrañé a todos.

Los cinco se sonrieron unos a otros, abrazándose por los hombros, formando un círculo no muy perfecto, pero que los hacía sentir de nuevo en casa.

— Aquí… — comenzó Taemin, con tono juguetón. — la promesa “para siempre” puede cumplirse.

Lo sabían. Estarían juntos siempre.

— Supongo que el destino no es tan cruel. — susurró Jonghyun, sonriente.

La lápida de Taemin se convirtió, por acuerdo de sus padres, en un monumento al recuerdo de los cinco. Los cuerpos de Jinki, Jonghyun, Minho y Kibum fueron incinerados y sus cenizas colocadas en urnas en el espacio lateral de la pequeña edificación. Entonces se agregó una inscripción como la del menor a cada uno y se colocaron fotos individuales y de grupo. Un mensaje de sus padres fue puesto también:

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Mensaje por Bithae el Jue Feb 07, 2013 9:04 pm

MÍOOOOOOOOOOOOOOOOOOO ;w;


LO SABÍAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, EDITO BIEN BONINI MAÑANA :')
TE AMO MUCHO, ELENA DE MI AMORSH~ MUCHO MUCHO MUCHOOOOOOOOOO TTT^TTT
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Mensaje por JaneMin el Vie Feb 08, 2013 12:06 am

Eonni LLORE, LLORE Y LLORE
es demasiado triste ver en ese estado a Jinki, cada momento recordando lo que su amado hizo para el, y por el, cada instante recordando esos dias maravillosos que pasaron, esos gestos que hacian unico al pequeño, ese amor que se tenian por que era mas que obvio que se amaban, eran la pareja perfecta en frente de todos.... Kibum moldio a Taemin para que fuera una mejor persona y lo logro, llego a tener el mismo caracter que el y eso era un gran lazo como Umma y Hijo... Jong y Minho sus amigos que siempre estaban para el... POR DIOS ese chiquillo era de pensamientos muy hermosos, preferir morir el antes que ver muerto a sus amigos, fue hermoso cuando lei esa parte pero tambien me parecio demasiado triste D:
Taemin siempre dando animos a los demas en el accidente aun sabiendo que el estaba peor que todos, me imagino que solamente espero ver a salvo a todos para despues marcharse de ese mundo -.-
EL FINAL POR DIOS, me emocione tanto y llore más de la cuenta, ver como se reunian los 5 de nuevo, ver lo felices que serian sin tener que preocuparse de nada ahora si ESTARIAN JUNTOS POR SIEMPRE♥


Última edición por MinhoO el Vie Feb 08, 2013 12:53 pm, editado 1 vez
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Mensaje por ShiiMin23 el Vie Feb 08, 2013 1:04 am

Gash! Muy lindo, triste y hermoso, me gusto mucho aunque me hizo llorar a mares, esos si son amigos verdaderos que en la actualidad ya estan muy escasos.
Me ah encantado mucho, cada sentimiento muy bien narrdo y expresado que hasta yo tambien lo senti, por un momento me puse en su lugar y Madre Mia comence a llorar!
La felicito por haber escrito algo así de triste, hermoso y algo que, aunque no lo creamos, nos puede suceder a nosotros!
Gracias por compartirlo n_n


Las tristezas no se quedan para siempre cuando caminamos en dirección a lo que siempre deseamos~
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Mensaje por Damsanm el Vie Feb 08, 2013 9:02 pm

AAAAHSSSS ESTA MUY TRISTE,,,, LORRAR Y LLORAR ES LO QUE ESTOY HACIENDO..................................
WUUUA EL RECORDAR LOS MOMENTO AGRADABLES CO EL ES ASOMBROSO ,,, ONEW....... ESO ERA AMOR.......... KEY RECORDAR EL PRIMER DIA QUE RE DECLARO UMMA,,, FUE UNA FORTUNA....
... AAAAAAAA QUE LINDO TAEMIN PENSAR EN ELLOS Y DESPUES EN TI.........
YYYYY Y TUS AMIGO JAMAS TE OLVIDARAN POR TODO LO QUE FUISTE.
MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIR,,SLUDOS
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Mensaje por beckties el Lun Feb 11, 2013 11:53 pm

Estoy teniendo un momento difícil conteniendo mis lágrimas... Ciertamente no tengo palabras, uno de los mejores, si no es que el mejor oneshot que he leído en la vida.

Estoy bastante feliz de haber leído ésto, mi más sincera gratitud hacia ti por haber escrito tal obra ;______;
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