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Algo de ti    «Jongkey» Empty Algo de ti «Jongkey»

Mensaje por _anilem el Lun Oct 24, 2011 7:18 pm

Titulo: Algo de ti
- Autor: _Anilem (M. y Azumi.)
- Clasificación: PG-13
- Género: Romance
- Advertencias: -
- Parejas: Jongkey
- Disclaimers: Ojalá los chicos me pertenecieran, pero todavía no los secuestré. Por ahora, sus personajes no tienen nada que ver conmigo, ni los uso para ganar dinero, blah, blah.
- Notas de autor: Éste Oneshot es increíblemente viejo, hago la aclaración para evitar que se piense que hubo plagio sobre el, debido a que ya había sido publicado con anterioridad en otro foro y con otras parejas, solo que ahora decidí adaptarlo al mundo de Shinee *-* (se aceptan criticas y sugerencias)

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Spoiler:


Sabes que no sueño con vos al dormir, no es bueno soñar con los ángeles de hoy.
Sabes que miento siempre que hay una buena ocasión.
También sabes que un consejero me dijo: “hecho el amor, hecha la trampa”, y al pie de la letra sigo ese hermoso consejo cruel.


Ninguno podía precisar cuándo sucedió. El amor se había plantado en ellos como una pequeña semilla: se perdió en sus pieles, creció, brotó y sus raíces se hundieron cálidas en ambos corazones.
No hubo un momento exacto, una noción certera de cuál había sido la noche en que dejaron de tener sexo y comenzaron a hacer el amor. Los dos sabían que su pasión era la más intensa de aquellos tiempos, que su romance, aparentemente excéntrico, era reconocido y comentado más allá de su barrio o de su círculo de amigos. Nunca lo admitirían, pero eran conscientes de que Key se había tornado una leyenda. Era el hombre que logró enamorar a Kim Jonghyun.
No salían tomados de la mano, no se besaban en público, ni siquiera eran pareja; sin embargo, sus ojos se encontraban y se unían hasta fundirse, con tanta intensidad que los presentes acababan incómodos. Jonghyun era un ser sexual y provocativo, y el hechizo soñoliento pero pícaro de su cuerpo (la forma en que lo movía, su voz, sus labios fruncidos al fumar) atraía a cada hombre y mujer que pasara frente a él. No era sólo algo que naciera de su físico. Su francés (salpicado con musicalidad portuguesa) era tibio y suave, y siempre tenía la palabra correcta para seducir a la persona adecuada. Pero, sin lugar a dudas, lo más tentador afloraba desde su misterio. Jonghyun había llegado a Paris para salvarle la vida a una mujer, que estaba supuesta a morir un día después de su venida, en un accidente automovilístico por culpa de las rutas nevadas. Sin embargo (eso era lo más perturbador), él lo sabía y podía evitarlo: había visto el choque días antes de que sucediera. Jonghyun era vidente.
Esa era, quizá, su mayor ventaja a la hora de conquistar. No leía mentes, pero podía conocer, con sólo tocar la palma de una persona, sus posibles reacciones hacia cualquier cosa que él le dijera. Aquello ayudaba a seleccionar frases, esquivar rechazos e ir directo a la cama. L’art de la divination en toda su expresión.
Nadie entendía porqué alguien como Jonghyun estaría con alguien como Key. Eso era lo que más se comentaba. El más joven apenas manejaba el francés, era extranjero (estaba en Europa estudiando Letras) y, por eso, no tenía un mínimo impacto en ningún círculo social. Jonghyun, en cambio, era el centro de atención adonde se presentara. Lo conocían en Suiza, Barcelona, Alemania y en casi cualquier rincón del pequeño continente, al menos por su nombre. Key estudiaba a costas de una beca, Jonghyun tenía tanto dinero que no podía contarlo. Según Key, Jonghyun se acostaba con todo lo que se moviera y aceptara. Él era virgen cuando lo conoció. Jonghyun fumaba, Key tenía asma; Jonghyun no sabía ni qué era un epílogo y Key amaba escribir.
Lo único que compartían era su carácter. En lo más profundo, ambos eran intensos, cambiantes y temperamentales. Eran tan sinceros que a veces se lastimaban y podían llegar a ser agresivos, pero, al final del día, sólo sabían que se necesitaban uno al otro y que nunca se harían un daño real.
Discutían casi todas las semanas, más que nada cuando pasaban mucho tiempo sin hacer el amor. Cada pelea parecía marcar el final de su relación, pero las reconciliaciones llegaban tan pronto como se alejaban sus cuerpos. Sentían unas ansias tan profundas de mantenerse juntos, que ambos habían aprendido a perder su orgullo para estar cerca del otro. Eso era lo que consideraban amor. Tenían subidas y bajadas, pero siempre acababan sosteniéndose entre ellos y besándose como si nada hubiera pasado.
Una vez, Key había reservado una mesa en un restaurante, con la ingenua ilusión de invitar a Jonghyun y así avanzar, moverse del mismo punto estático que significaba su relación. Preguntarle cómo seguían. Si, después de casi un año de estar juntos, él pensaba formar algo serio o continuar con sus amoríos (algo que, en lo más hondo, para Key era mejor que nada).
Sin embargo, todo fue en vano, Jonghyun lo olvidó y Key volvió a la casa triste y mojado, pero más que nada furioso. Encontró a su amante recostado en el sillón, como si nada pasara, comiendo de una caja de bombones que él no reconocía. Las cosas no tardaron mucho en violentarse, Key sabía que esos chocolates eran un regalo de otro hombre, y que Jonghyun no había, precisamente, olvidado la cena. No le hubiera molestado en otras circunstancias –estaba dolorosamente acostumbrado a que él no le perteneciera. Era más como un patrimonio de los solteros de Europa, no de Key ni de sus intentos de conquistarlo- sin embargo, habiéndose arreglado, reservado lugares aún con la lluvia y preparado todo lo que tenía para decirle, las cosas eran un poco diferentes. Sabía que Jonghyun lo hacía por querer ignorar todo tipo de compromiso, cualquier signo de que él comenzaba a pedirle seriedad.
Pasó junto a su cuerpo como si no existiera, y se sacó las zapatillas con los mismos pies mientras caminaba. Jonghyun lo observó confundido, soltando el humo de su cigarrillo y dejándolo a un lado.
-Estás mojado –musitó.
-No me digas, Capitán Obvio –soltó Key, frunciendo el ceño, y comenzó a subir las escaleras.
Sintió enseguida los pasos de Jonghyun detrás de él, pero no se volteó, ni siquiera le gritó como le hubiera gustado. Sin embargo, su intento por mantener la calma no duró mucho, habían pasado apenas unos minutos cuando comenzaron a discutir, ya en la habitación, usando los insultos a los que estaban acostumbrados.
Siempre era así. Se deseaban y se amaban con la pasión más intensa que hubieran conocido, pero tenían caracteres difíciles. Tal era de extremista su relación, que los vecinos ya sabían –sólo por lo apreciado desde sus casas- la rutina típica que desataba cada uno de sus insultos. Primero oían portazos y gritos, seguidos por un silencio profundo; y luego, como si fuera una disculpa, el disco de AC/DC que Jonghyun ponía para hacer el amor.
Aquella tarde, cuando la lluvia azotaba y el olor de la tierra húmeda inundaba los balcones, acabó como todas las demás. « ¡No comprendo lo que quieres Jonghyun!» había dicho Key, mientras la caja de bombones volaba por los aires. «…Deja de tirarme cosas, siempre te quise a ti. ¡Siempre eres tu, mon amour!» Un suspiro. «Eres el hombre más estúpido que conozco, Kim Jonghyun. Te odio tanto…»
Y a eso, como si nada hubiera pasado, le seguía un abrazo, un beso y dos cuerpos desnudos. Ambos sabían que era un ciclo sin salida, pero no les importaba. Estaban acostumbrados a esa turbulencia, y al sopor calmo y tibio que le seguía.





A veces, cuando acababan de hacer el amor, Key se dormía y se aferraba inconscientemente al cuerpo de Jonghyun. Relajaba los labios entreabiertos en su pecho, entrelazaba sus piernas y respiraba despacio sobre su piel dorada. Y Jonghyun, que entonces experimentaba una horrible sensación de aturdimiento, se tranquilizaba acariciándole el brazo y oliéndole el cabello oscuro. Nunca lo hubiera hecho con su amante despierto, tampoco lo hubiera admitido, pero era algo que le hacía sentir increíblemente afortunado.
Entonces, estaba seguro de que lo amaba, y sólo podía esperar que Key lo supiera. Expresarle sus sentimientos no era fácil: por más que lo intentara, las palabras jamás salían completas. Había utilizado el romanticismo en una sola ocasión: la vez que le preguntó si quería ser su esposo, luego de tocarle la palma, durante la fría noche en que se conocieron.
Cuando Key llegó a Paris, en el invierno de 1991, las calles no sólo estaban cubiertas de nieve sino que parecían inundadas, repletas de gente que celebraba la ventisca más grande de los últimos tiempos. Él, con 22 años y mucho trabajo por delante, había decidido utilizar sus vacaciones para investigar la biblioteca más antigua de Europa; y no se detuvo a observar el paisaje hasta terminar su labor. Para ese entonces, había pasado las dos semanas más blancas y heladas de su vida, y sus fondos estudiantiles comenzaban a volverse escasos. La noche en que anunciaron el cierre de rutas, porque la nieve no dejaba de causar accidentes, se dio cuenta de que estaba atascado en un país desconocido y sin dinero ni formas de regresar a Barcelona.
Ahí fue cuando Jonghyun apareció.
Key se había resignado a dejar su hotel, porque la tarifa era demasiado alta, y se aventuraba por los bares húmedos y atestados hasta que llegara la mañana. Encontró a Jonghyun en uno particularmente pequeño, pero repleto y muy ruidoso. Estaba sentado en la barra, comiendo una ensalada portuguesa y, cada tanto, hablando o besando a distintas personas. Lo hacía como algo completamente normal, otra forma de saludar o de dar una sonrisa; y eso, siendo Key tan poco experimentado, le llamó especialmente la atención.
Se sentó junto a él, no por casualidad sino por instinto, por esa necesidad caprichosa que tienen los escritores de indagar más y más en lo que les llama la atención. Jonghyun lo registró con la mirada, pero se mantuvo callado, comiendo y fumando a la vez. Vestía un chaleco negro, camisa blanca y una corbata azul con pájaros naranjas, y a Key le pareció un hombre interesante. Quizá por lo exótico de su forma de hablar, con tintes extranjeros y palabras mezcladas de otros idiomas, que se cruzaban en sus frases sin intención. Talvez por el erotismo silencioso pero intenso que desataba, por la tensión sexual que giraba a su alrededor.
A Jonghyun le ocurría algo similar. No llegaba a identificar el sentimiento, porque era nuevo y extraño, pero reconocía la aceleración de sus latidos –como la sentía al recibir una visión- y su cerebro gritando que se acercara a él, que lo desnudara más allá de su ropa. Jonghyun era un ser impulsivo y recto, y pocas veces podía ignorar su personalidad, así que acabó hablándole con soltura.
-Discúlpame, ¿necesitas algo, o sólo me observas porque eres extraño? –Le dijo.
Al principio, Key sólo pudo negar con la cabeza, pensando que nunca mantendría una conversación con ese hombre, tan visiblemente interesante. Por aquél entonces, una de las cosas que no le sobraban era la autoconfianza. Su amante se la inculcó, incómodo pero paciente, durante los años que siguieron.
Jonghyun le preguntó si buscaba sus servicios, y Key, intentando ocultar su sorpresa, le dijo que no pagaba para tener sexo. En 1991, ni siquiera sabía cómo lo hacían los homosexuales (o, al menos, de qué formas podían hacerlo); y la idea de Jonghyun en su cama le parecía imposible. Mucho más pensar que, poco tiempo después, vivirían encerrados en la misma habitación. No tanto porque fuera un hombre, sino porque bastaba observarlo para saber que no era ese tipo de persona. Se veía atrayente, misterioso, sexual; más parecido al protagonista de un best-seller que a un ser monótono y ordinario, al tipo de joven que dormiría con Key.
-No soy un prostituto –Rió Jonghyun, luego de algunos minutos, con desenvoltura.- Yo veo el futuro, leo palmas y, a veces, mentes.
Al principio, Key pensó que estaba ebrio, y le aconsejó que dejara de beber. «No he tomado hoy, Kibum» le dijo Jonghyun, con naturalidad. En ese momento, supo con certeza que no bromeaba. Estaba seguro de no haberle dicho su nombre, ni de tener prendida la placa de la universidad. Sin embargo, intentó mantenerse imperturbable, sólo para parecer tan seguro como su acompañante. Fue entonces cuando Jonghyun le pidió la palma, y, luego de que Key la entregara con falsa confianza, susurró:
-¿Te casarías conmigo?
El menor necesitó aferrarse a la barra, porque su precario equilibrio casi lo arroja al suelo. Sin embargo, no estaba asustado, sino que sentía algo más parecido a la curiosidad, a las ansias de descubrimiento que poseía desde pequeño. Jonghyun lo había deslumbrado con su espontaneidad, sorprendido con su extravagancia y estaba comenzando a seducirlo.
-Lo siento –le dijo, dominando el aturdimiento- No me caso con desconocidos.
-Hola, mi nombre es Jonghyun ¿Suficiente? –Replicó éste, analizándolo con la mirada.- Es difícil encontrar Libras gays, yo soy Aries, podríamos tener el mejor sexo de nuestras vidas.
Key rió, sintiéndose repentinamente cómodo y liviano. Sabía que, en un lugar pequeño y profundo de su alma, aquél hombre le inquietaba. Sin embargo, era también ingenioso y divertido, y la única persona que le hablaba en semanas. No era rígido como los demás europeos; al contrario, su notoria mezcla de culturas inspiraba desenvoltura y libertad.
-No me gustan los hombres difíciles –susurró, observando que Jonghyun alzaba las cejas, y supo que no lo había previsto.- Estás comiendo bacalhoada; debes ser bastante exquisito, y yo apenas sé cocinar comida tradicional. Besas a toda esta gente, a mí no me gusta compartir. Y usas esa corbata, azul con pájaros naranjas…
-¿Importa mucho? –Interrumpió Jonghyun, sonriendo de lado.- Voy a desvestirme para hacerte el amor.
Habían pasado años desde 1991, y Jonghyun aún recordaba el sonrojo de Key tras aquella oración. Dudaba haber provocado algo así en otra persona, coloreado tanto un par de mejillas.
Cuando pudo recobrar el habla, el menor le explicó que no era la corbata, era el hecho de que fuese tan extravagante. Que todo en él parecía exótico, demasiado misterioso para un simple escritor de bajo presupuesto. «Boda cancelada, entonces» le dijo Jonghyun, acercándosele despacio. «¿Me permites, al menos, invitarte un café?»
Y así fue como todo comenzó.




Yo no sé porque extraña razón
tus ojos iluminan las ruinas de mi alma
y no se porque todo tu cuerpo es
como un río
donde bañar mis días más sedientos.

Spoiler:

En la primavera de 1992, una de las más memorables de sus vidas, la amistad que lentamente habían establecido comenzó a mostrar profundos indicios de amor. Ninguno de los dos logró advertirlo. Sus corazones se abrieron con tanta naturalidad como las flores de su balcón, así de brillantes y jóvenes, dulces, nunca antes heridos.
Key se instaló de a poco en la casa de Jonghyun. Comenzó dejando el cepillo de dientes, un desodorante, pares de medias o camisetas. Como dormían en la misma cama (aunque no se tocaran ni se hubieran besado aún) adoptó la tarea de arreglarla al despertar y cambiar las sábanas periódicamente. Un mes después, ya estaba a cargo de la cocina, de lavar la ropa, de sacar la basura y limpiar el polvo de los muebles. No podía imaginarse, sin ánimos ego centristas, cómo había sobrevivido Jonghyun antes de su llegada. El muchacho no sabía siquiera encender el horno y, a pesar de que se propuso hacer las compras para ayudar a Key, siempre acababa con los víveres incorrectos. ¿Pomelos? El traía caramelos. ¿Tomates? Acababan con chocolates. ¿Pan tostado? Jonghyun compraba helado. No fue hasta que Key comenzó a escribir la lista, con la caligrafía más legible que logró, que comenzaron a comer como personas normales y no como niños en una eterna fiesta de cumpleaños.

Sus amaneceres eran especiales. Abrían las ventanas hasta en las épocas más calurosas, y se recostaban boca arriba en un silencio agradable. Así, sin saludarse, sin comentar que habían despertado abrazados o con las frentes juntas; sólo sintiendo la tibieza de sus pieles y el aroma a flores inundando la habitación. El murmullo del ventilador viejo los adormecía aún más, y siempre era Key quien decidía levantarse primero, sin hacer ruidos, para preparar el almuerzo.
Pasaban las tardes en casa, porque Abril estaba lleno de ligeras y húmedas lloviznas veraniegas, que solían enfermar a Key. Jonghyun se encontró a si mismo feliz, sin darle importancia, y descubrió de pronto que prefería dormir una siesta fresca o tocar esporádicamente el piano antes que salir a tener sexo.
Cuando caía la noche, Key ponía un cassette viejo de ABBA y cocinaba silbando, cantando y bailando coreografías improvisadas. Jonghyun se sentaba frente a él y lo observaba moverse, con una cuchara de madera como micrófono y un delantal con el dibujo de un torso desnudo y musculoso como atuendo para el show. Y Jonghyun reía mientras rodeaba su cintura y le besaba el cuello tibio, pretendiendo, por un momento, que Key era otro amante más.
Sin embargo, ambos sabían que su relación era especial, diferente a cualquiera que hubiesen conocido. Jonghyun solía pensar que compartir tanto tiempo con alguien era sofocante y monótono. Que la rutina y el apego emocional acababan con el placer, con la excitación de conocer a un hombre nuevo e intenso. Pero, meses después de que su amistad se fundara, el extraño lazo que compartían él y Key parecía más vivo y despierto que ningún otro.
Pasaban las madrugadas recostados boca arriba, con los ojos fijos en el techo, hablando. A veces, tomaban una linterna y hacían sombras con las manos durante horas, o contaban cuentos de terror que sólo acababan en masivos ataques de risa. Cuando jugaban a las cartas o a juegos de mesa, Key siempre perdía, y decía que había dejado a Jonghyun ganar, por cortesía y porque, “si jugara en serio”, lo vencería tan pronto que no tendría gracia. Jonghyun se limitaba a recordarle que debía cumplir la prenda, una que acordaban antes de comenzar, y Key acababa de pie en el balcón, con nada más que sus boxers.
Lo que más disfrutaban eran las charlas profundas y cautivantes que eran capaces de mantener. Hablaban de religión, de política (aunque ninguno la comprendiera mucho), de enfermedades extrañas o de espíritus, de países en guerra, de sexo. Jonghyun solía contarle a Key sobre los pocos amantes que aún mantenía, cómo lo hacían, qué les gustaba y qué ocurría a la mañana siguiente, pero las anécdotas comenzaron a acabarse con el paso del tiempo. A los dos meses de convivir juntos, Jonghyun ya casi no salía, porque había descubierto en Key todo lo que necesario para estar bien.
Su relación era pura y hermosa, como un noviazgo adolescente. Ambos cuerpos se atraían con un magnetismo tan intenso, que comenzaba a ser normal encontrarse abrazados, o despertar con los labios casi juntos, besarse el cuello, los hombros, la espalda.
Una noche de esas, Key vio a Jonghyun llorar. «¿Nunca te sentiste realmente sólo?» había dicho el menor, sin intenciones de hacerle daño. «Invisible. Como si, de llegar a morirte, nadie notara la diferencia». Entonces, Jonghyun comenzó a hablar tanto que hasta él pareció sorprenderse. De la familia que no tenía, de cómo jamás iba a casarse y de cuánto sus visiones lo alejaban de la realidad, Key lo escuchó durante largas horas, mientras le acariciaba el cabello y asentía con paciencia.
-¿Quieres que hagamos otra cosa? –Ofreció, cuando las palabras de Jonghyun comenzaron a atascarse y sus ojos se volvieron brillantes.- No llores, por favor.
-No estoy llorando –respondió el mayor, aunque bajó la vista de todos modos.- Soy alérgico a… a los gatos.
Key sonrió de lado, atrayéndolo un poco más hacia él.
-Esa excusa sería válida si tuviéramos uno, cariño.
Podía sentir el cuerpo de Jonghyun temblando junto al suyo, sus pulsaciones irregulares y su respiración quebrada. Se habían abrazado y Key lo observaba aturdido, perdiéndose en las líneas de su rostro. El ángulo perfecto de su nariz, la textura carnosa de sus labios, el color tostado de su piel y sus mejillas rosadas por el sol de Julio. Las tomó entre sus manos, acariciándolas despacio y sumergiendo sus dedos en las raíces del cabello oscuro. De pronto, se encontraba respirando de su aliento y temblando tanto como él, porque la atracción entre sus cuerpos era intensa e irreprimible. Cerró los ojos. Todo parecía mil veces más vivo y real: el aire fresco de verano abrazándolos, el latir violento de su sangre, la calidez que desprendían ambos cuerpos. Respiró hondo, inclinándose hacia delante, y rozó el labio inferior de Jonghyun hasta atraparlo con sus dientes. Entonces, el mayor suspiró y respondió al beso con suavidad, mientras acariciaba el cuello de Key con las yemas de los dedos. La boca de Jonghyun era tibia y húmeda, y sabía a cigarros, a café, a hombre. Se había acoplado a la de Key con una perfección extraña para un primer beso, ligera y delicada, cuidadosa a pesar de la confusión que sentía. Separó un poco el cuerpo del menor, con la única intención de observarlo, y sonrió perdido en sus ojos soñolientos y en sus labios hinchados. El corazón de Jonghyun estaba acostumbrado a olvidar; pero supo entonces que nunca dejaría ir el recuerdo de Key, ni aunque perdiera la memoria.
Y allí estaba él, por otra parte, acercándose tembloroso para besarlo de nuevo. Pensó que lo haría durante toda la eternidad, que Jonghyun era la única persona con la que quería estar por el resto de su vida. El amor dormido comenzaba a aflorar y era intenso, vivo, excitante. Había despertado de pronto, sin señales de dolor, y se preguntó durante cuánto tiempo lo habría ignorado.
Se quedó quieto, sintiendo el latir brusco de ambos corazones. Sus alientos iban y venían, morían sobre los labios contrarios y sólo se oían las mordidas, los rostros rozándose, las respiraciones ahogadas sobre el silencio.
Tembló. Jonghyun no necesitaba hacer nada para conquistarlo. Lo había atrapado desde el primer momento, la noche en que le pidió matrimonio antes de decirle su nombre.


Y no sé donde guardas tu niebla de sorpresas,
Pero estoy acercándome a este mundo,
Y al volver de la luna de mi cuerpo inmediato,
Estoy tentado con mirarte más.
Para mí que ni volar
Es más que amarte.



Cuando comenzaron a tener sexo, su relación se convirtió en un viaje a montaña rusa, rápida y con los frenos rotos. Key halló en el cuerpo de Jonghyun una lujuria oscura y desconocida, un placer sublime, una atracción tan poderosa que parecía hechizarlo. Todo su ser era erótico y sexual: sus labios rosados y carnosos, su piel tersa, siempre tostada; su vientre cálido y levemente redondo, su cuello tierno, su cintura perfecta. El temblor de sus párpados y de sus dedos cuando su respiración se aceleraba, la forma en que sus músculos se relajaban, su respiración pesada intentando recuperarse. Jonghyun, por otra parte, se sentía extraño. No era una rareza nacida del miedo o del rechazo, más bien del desconocimiento. El cuerpo de Key había sido la puerta a un mundo de sensaciones nuevas y muy suaves, tibias, delicadas. Con él alcanzó niveles de placer que creía inexistentes, y descubrió, a medida que pasaba el tiempo, las facetas más puras del sexo. No importaba si era romántico, salvaje, apasionado, divertido, Jonghyun siempre estaba pendiente de la comodidad de Key.
Lo besaba despacio, lo acariciaba, lo hacía reír, estaba pendiente de su respiración y de su ritmo cardíaco, y disfrutaba más con él que con cualquier amante. Apenas terminaban, estiraba su brazo y le alcanzaba el inhalador, tan precipitado que Key acababa riéndose de él. Jonghyun nunca le decía «te quiero», ni le gustaba demostrarlo demasiado, pero no podía evitar aquellos pequeños traspiés de preocupación. Key, sin saberlo, se había convertido en su posesión más preciada, en el eje alrededor del cual giraba su vida.
Eso no lo libraba de ciertos placeres culposos, por supuesto. Continuaba viendo a otros hombres, teniendo citas y divirtiéndose a costas de la adivinación. Aunque lo intentara, Key no podía enfadarse con él. Sus peleas eran intensas y cortas, y siempre acababan desnudos, uno sobre el otro, como si nada hubiese ocurrido.
Jonghyun le había mostrado un universo nuevo, más libre y despreocupado que el que ya conocía. Lo ayudó a ganar autoconfianza, recalcándole (algo avergonzado) lo lindo que era, y mostrándole que las cosas que menos le agradaban de sí mismo eran las más hermosas. Hasta hizo que saliera con él, que hablara con otros hombres, que consiguiera amantes nuevos y tuviera experiencias diferentes, pero Key siempre se negaba a besar a alguien más.
Sus horarios desaparecieron por completo. Vivían en un mundo propio, guiados sólo por sus necesidades y no por costumbres o protocolos. Comían y dormían cuando lo dictaba el organismo, no el horario; se bañaban juntos y pasaban horas mirando televisión. Key estaba enamorado de Meg Ryan; Jonghyun, de Billy Crystal, y solían interpretar sus papeles en un escenario improvisado cuando estaban aburridos. También implementaron sus dotes artísticas, especialmente el mayor, que solía usar como lienzo el delicado cuerpo de Key. Nunca dejaron de escuchar ABBA, ni de hacer sombras con las manos, ni de dormir siestas frescas. Cuando no tenían ganas de hacer las compras, Key, aprovechando su estructura delgada, se colaba en el jardín vecino y robaba frutas de los árboles que alcanzaba.
Algunas noches, Jonghyun ponía Back in black y hacía un pseudo-strip-tease, y siempre acababan más muertos de risa que de placer. Se acostumbraron, durante los días más calurosos del verano, a caminar desnudos alrededor de la casa; y ya no hacían el amor en la cama, sino donde estuvieran cuando los atacara la excitación. La mesa de la cocina, la bañera, el suelo fresco del recibidor o el balcón tibio, bañado del Sol de la tarde.

Vivían encerrados en la calidez de su hogar, en la felicidad de esa burbuja a prueba de todo, y así se mantuvieron durante largos años. El desastre que ninguno imaginaba (pero que seguía siendo inminente) los alcanzó en 1998, una tarde lluviosa y oscura.
Spoiler:
Key se había levantado temprano, y pasó la mañana dando vueltas en círculos, con cuidado de que sus pasos no despertaran a Jonghyun. Sólo cubriéndose con una frazada naranja y sin muchos ánimos de vestirse o de ducharse, el menor parecía presentir la catástrofe que se avecinaba. Sin embargo, él sería quien tirara el gatillo, quien disparara la única bala que su refugio no podía resistir. Iba a hacerlo de todos modos.
Cuando Jonghyun despertó, cerca del mediodía, lo primero que sintió fue una frialdad extraña y angustiante: Estaba sólo. Se había acostumbrado a la tibieza de Key, a las expresiones raras y divertidas que tomaba su rostro al desperezarse, a su respiración ruidosa y a pasar horas recostado junto a él, acomodando su cabello enredado. Tanto le agradaba despertar con el menor, que se recostaba a su lado hasta las noches que tenía a otros amantes; pero, esa mañana, Key no estaba allí.
Lo encontró en la sala, aún caminando rápido y sin detenerse, y lo tomó enseguida de las puntas de su frazada.
-Bonjour –susurró, apegándose a él hasta encontrar la tibieza buscada. Sonrió y le dio un beso pequeño.- Deja de dar vueltas en círculos, mon amour, el suelo comienza a hundirse.
Rió, pero Key lo observó con tanta seriedad, que acabó esfumando cada vestigio de diversión.
-¿Qué ocurre, lindura? –preguntó entonces, alejándose un poco.
El menor suspiró y se sentó en el sofá.
-¿No lo viste?
-¿Qué…? No, no tengo visiones hace bastante.
Key asintió, con la mirada perdida, mientras intentaba concentrar todo el valor que había conseguido. Jonghyun se acercó al sillón para sentarse junto a él.
-Puedes confiarme lo que sea, pequeño. Vivimos juntos, dormimos juntos, nos bañamos juntos… –dijo, intentando reducir la tensión que sentía- ¡Tu lavas mi ropa interior!
Rió por lo bajo.
-Digo, no es como si tuviéramos muchos secretos.
El menor asintió, con la respiración quebrada y las manos temblando, y susurró las únicas palabras que podían destruirlos:
-Te amo, Jonghyun. Estoy enamorado de ti.




He limpiado varios rincones
Y he regado jardines sin soles
Y he buscado en miles de cofres
Algo que viva, algo que mate
Algo que escuche y algo que mire
Algo que escriba, algo que borre
Algo en el viento,
Algo en la lluvia
Algo de vos.



El amor, para ellos, fue un despertar. Fue abrazarse por veinte minutos seguidos, sin decir una palabra; fue arroparse juntos los días de frío. Fueron siete años de descubrimientos, de tibieza silenciosa o de lujuria viva y juvenil.
Todos quieren enamorarse, pero nadie sabe lo profundo que puede ser el amor. Te empuja, te golpea, te sacude hasta marearte y acabas rindiéndote ante él. Te hace perder todo tipo de individualidad. Convertirte en un ente esclavo de otro, sin voluntad propia, dependiendo siempre de la persona que estás supuesto a querer. Pero, ¿Key y Jonghyun? No. Key y Jonghyun eran diferentes. Ellos conocieron la fase más sana, más pura, más sublime: Se enamoraron en silencio y así vivieron años, amándose tanto que les era imposible comprenderlo. No tenían palabras para su amor: cuando pensaban en él, en las cosquillas tibias que sentían al besarse, las descripciones parecían estúpidas y superfluas, porque no había forma de transmitir un sentimiento tan fuerte.
Esa tarde, Key tomó un tren y volvió a Barcelona. Ninguno se despidió, él no lo hubiera logrado y Jonghyun estaba con alguien mas, como si nada ocurriera. Tenía la ilusa creencia de que, tarde o temprano, las cosas volverían a su lugar y ellos estarían nuevamente juntos. Sin embargo, la única certeza que sentía, en lo más oculto de su alma, era que todo estaba acabado. Pero pensar en eso era muy doloroso y difícil de enfrentar.
Ninguno podía precisar cuándo sucedió. El amor se había plantado en ellos como una pequeña semilla: se perdió en sus pieles, creció, brotó y sus raíces se hundieron cálidas en ambos corazones. Lo cierto era que no estaban listos para aceptarlo, para cuidarlo y dejarlo crecer. Key no podía mantener algo así con Jonghyun, y éste se negaba a cambiar en nombre del amor.
Desde entonces, los años se volvieron lentos y difíciles de sobrepasar. Cuando Jonghyun admitió su error y se propuso solucionarlo, Key ya estaba en New York, estudiando la carrera que abandonó para vivir en Paris. Localizarlo hubiera sido imposible.
Dejó de vivir y comenzó a alimentarse del pasado, de los recuerdos más nítidos que tenía de Key. Buscaba cada vestigio de él, cada señal de que había existido, de que su partida sólo era un mal sueño. Nunca subió el colchón, ni volvió a oír el cassette de ABBA, ni abrió su caja de pinturas. Pasaba las noches sentado en el suelo de la habitación, donde se habían besado por primera vez, y lloraba. Lloraba porque nunca le advirtió, nunca le dijo a Key que él sabía todo aquello, antes de que siquiera viviesen juntos. Que, cuando le pidió que se casara con él la noche en que se conocieron, fue porque sabía que esos siete años iban a suceder. Lo había visto apenas juntaron sus manos.




Ya no me puedo contestar un “¿yo que sé?”, por fin entiendo que en tus redes yo caí. Ya no me encuentro preguntándome “¿por qué?”, por fin entiendo que esta vez es “porque si”. Porque te vi, te deje entrar, cerré la puerta y te elegí.





Jonghyun corría como sólo se corre por asuntos de vida o muerte: un incendio, un robo, un accidente, un estreno de Billy Crystal o que el amor de tu vida esté escapándose de tus manos. Miró rápidamente el gran reloj digital de la estación, con números rojos y cuadrados: Doce de febrero de 2003, 11.45 p.m.
Respiró hondo, sintiendo cómo el calor de su cuerpo difería con la frialdad seca del invierno europeo, y continuó corriendo a través del andén. Podía ver su espalda pequeña y su cabello oscuro cada vez más cerca, y recordó cuánto le gustaba acariciarlo, cómo le gustaba su olor a frutas.
Había tenido aquella visión tres noches atrás. Key volvería, con sus estudios terminados, para enseñar Literatura en la Universidad de Paris. Y allí estaba Jonghyun, intentando alcanzarlo, sólo sabiendo que no volvería a dejarlo ir.
Cuando estuvo a centímetros de su cuerpo, seguro de haber utilizado todas sus reservas de oxígeno, le tocó el hombro y comenzó a toser.
-¿Jong…? –Musitó Key, luego de voltearse, genuinamente confundido.- ¿Eres tú?
Entonces, el mayor alzó la vista y experimentó una de esas sensaciones violentas y electrizantes, que lo desorientó durante algunos segundos. Key se veía igual que en 1991, doce años atrás, cuando había entrado a ese bar sucio y atestado que tanto desentonaba con su personalidad. Sus ojos felinos lo miraban con sorpresa, redondos y brillantes, y tenía el ceño levemente fruncido. Sus labios, tan rosados como los recordaba, se entreabrían en busca de algo para decir; y Jonghyun sonrió al ver su nariz y sus mejillas enrojecidas, igual que todos los inviernos que pasaron juntos. Aún vestía ese tipo de ropa extraña, sweaters de estampados graciosos y su chaqueta de cuero negro, sólo que llevaba una corbata extraña pero conocida. Azul, con pájaros naranjas.
-Sabías que iba a venir –afirmó Key.
Jonghyun, apenas sobrepuesto a la sensación brusca de melancolía y felicidad, respiró hondo antes de hablar.
-No, para nada –dijo, irguiéndose con cuidado- ...Bueno, quizá tenía algunas pistas.
Key alzó las cejas.
-Touché. Lo sé hace unos días –musitó Jonghyun - Estuve esperándote toda la noche.
El menor suspiró, levantó un maletín que había pasado desapercibido y comenzó a caminar. No tardó en oír los pasos de Jonghyun, apresurados y torpes sobre el pavimento frío. Debía haberlo imaginado. Debía haber sabido que iba a encontrárselo, que, como siempre, el mayor lo atraparía de una u otra forma.
-No quiero que hablemos –dijo, volteándose de golpe. El cuerpo de Jonghyun chocó con el suyo y ambos necesitaron bajar la vista, incómodos y avergonzados.
-Sólo déjame decirte algo, Key prometo que…
-No –interrumpió Key.- Te conozco, Jonghyun, no necesito ser vidente para saber lo que ocurre. Se te acabaron los hombres de Europa, ¿cierto? ¡Felicidades, nuevo récord! –Suspiró.- No me importa si tienes que cambiar de continente para encontrar a alguien que quiera acostarse contigo, Jonghyun, no empieces buscándome a mí.
El mayor cerró los ojos, como si eso calmara el dolor que estaba sintiendo. Los labios le temblaban y las lágrimas se atascaron en su pecho, su tráquea y su mandíbula, dándole suaves pinchazos bajo la piel.
-Te amo –dijo entonces, con la voz quebrada.- Te amo, Key. Te amo.
Key frunció el ceño, entreabrió los labios y volvió a tomar el maletín.
-No lo hagas, Jonghyun –recriminó, esforzándose tanto por hablar que le dolió la garganta.- No me engañes así. No quiero que me busques, que aparezcas como si nada hubiera ocurrido, que me mientas para llevarme a la cama y que luego me vuelvas a reemplazar. No, no, no…
Parecía ser la única palabra que podía formular, tan conmocionado y tembloroso como estaba. Miles de veces había imaginado que peleaba con Jonghyun, que le decía todo lo que había callado durante su relación, pero nunca lograba oraciones coherentes. Jonghyun lo había convertido en alguien feliz, vivo y despierto, y nunca lo hubiera herido a propósito. No nacía en él la necesidad de venganza, de rencor: en lo más profundo de su alma, el enojo era inexistente y sólo lo llenaba un dolor violento y abrasador.
-No te estoy mintiendo –dijo Jonghyun, con un poco más de firmeza, tomó el hombro de Key y lo volteó hasta que sus ojos se encontraron. Ambos mirando su reflejo en los ojos amados, aguados, muy abiertos.- Nunca antes había extrañado a alguien.
Tragó saliva.
-Te amo. Amo que me hagas reír, amo como te ves por las mañanas, amo que tu piel sea tan suave y que me abraces cuando te quedas dormido. Amo hablarte de música y que pretendas que te interesa, amo que siempre me dejes ganar, amo el color que toman tus mejillas en invierno y cómo intentas ocultarlo, aunque yo crea que estás hermoso.
Tomó aire, cerrando los ojos, y no se atrevió a mirar a Key antes de seguir.
-Me encanta alzarte para besar tu boca con más comodidad, me encanta que me arropes cuando hace frío, me encanta que tengas cosquillas cuando te beso. Me encanta que seas todo lo que necesito para estar bien. Amo que cocines cantando y me gustaría escucharte durante el resto de mi vida, Key.
Suspiró, sintiendo cómo la sangre subía a su rostro, y tragó saliva mientras observaba al menor. Éste le sonrió, con los ojos llorosos.
-¿Entonces no…?
-No, no vine porque quiero acostarme contigo –volvió a interrumpir Jonghyun.- Vine porque no podría envejecer sabiendo que no luché por ti, que el hombre de mi vida se despierta junto a otra persona porque yo no tuve el valor de decirle que lo amo.
Key asintió, temblando de pies a cabeza. Entonces, dejó caer el maletín y se sumergió entre los brazos cálidos de Jonghyun, con tanto ímpetu que casi caen al suelo. Hundió el rostro húmedo en su pecho, lo olió, lo acarició y volvió a encontrar esa tibieza que sólo tiene el hogar. Jonghyun era su hogar. Nunca más se alejaría de él.
Las manos del mayor rodearon su cintura y lo alzó con debilidad, aún sintiendo los vestigios del nerviosismo y del llanto. Rozó su mejilla tibia con los labios, mientras se detenía a oler la esencia de su piel, y le besó la frente durante varios segundos.
-¿ Jong? –Musitó el menor- ¿Aún guardas ese cassette de ABBA…?
El mencionado asintió, riendo sobre la piel de su amante.
-Está justo donde lo dejaste.
Sus bocas se encontraron despacio, con la suavidad temblorosa del primer beso; y se entregaron de a poco a esa caricia cálida que tanto conocían. Jonghyun sonrió, mientras sumergía los dedos en el cabello de Key y oía su respiración ahogada sobre el silencio del andén. No necesitaba nada más.

Y solearme en tu boca
Es parar la consciencia
Y estoy contento
Con amarte así.


_____________________

Entiendo si les parecio increiblemente kilometrico, tedioso, aburrido y patetico, pero me gusto tanto hacer esto que tuve que ponerlo xoxo


Última edición por _anilem el Lun Oct 24, 2011 9:27 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Bithae el Lun Oct 24, 2011 7:57 pm

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Mensaje por enilk el Lun Oct 24, 2011 9:56 pm

apaaaaaaaaaaaaartoooo!!!
ashasagsas no es justo me he enterado taaan tarde!!!
DDDDDDDDDDDDDDD:
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Mensaje por mitaemin el Mar Oct 25, 2011 8:38 am

me encanto me encnta me gusta asi de largo y descriptivo asi me encanta ajajajaj me encanta como descrives los sentimientos de cada uno
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Mensaje por Kim Key-sshi el Dom Oct 30, 2011 6:29 pm

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Mensaje por MiiisaO el Mar Nov 01, 2011 12:18 pm

Buaaaa unnie me hizo lloraaaaaar ;^; que lindooo T-T *-*
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Mensaje por thaluuu el Vie Feb 10, 2012 1:59 pm

APARTO (YA LO LEÍ FUE HERMOSO)
EDITO CON MAS DETALLE CUANDO REGRESE DE LA U
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Mensaje por xeronew el Sáb Feb 11, 2012 5:50 pm

Hola!! despues de tantos intentos fallidos, lo pude termianr de leer!!!
No se habia algo que no me dejaba terminarlo, pero ya lo hice, me encanto,
Es como algo misterioso, romantico, extraño, cursi.
Esta lindo!! lindo JongKey!!, debo recalcar que en una historia muy original!! :)
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Mensaje por Yakumo el Sáb Feb 11, 2012 9:26 pm

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Fue tan hermoso, waaaawwww amo como escribes, de verdad que me lei todo y estaba totalmente encantada con lo que leía, la historia ha sido hermosisima, y creo que eso es poco para describirla, es una excelente historia de amor *O*

Jonghyun tonto que sabía todo lo que pasaría junto aquel chico, debio haber visto también que lo amaria, y que hubiera sido bueno le expresara sus sentimientos, pero claro uno no ve lo que tiene hasta que lo pierde u_u

Lo bueno fue que al final, el tonto se dio cuenta,y estuvo a tiempo para recuperar al amor de su vida ♥

Por ultimo, me declaro tu fan *O*, espero sigas escribiendo
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Mensaje por Miko el Sáb Feb 11, 2012 11:18 pm

me dejaste...anonadada.
me calló unas lágrimas..es que logré captar lo que querías decir y fué tan intenso y perfecto que...rayos! fue realmente perfecto
necesito leer mas de ti! juro que quedé...wou! aunqe igual el remate final hubiese sido mejor pero aún asi fue realmente hermoso y con sentimiento <3
quiero leer mas escritos tuyos!!!!! >u<
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Mensaje por TsukiLov el Dom Feb 12, 2012 2:43 pm

;_______;
estas loca mujer donde esta lo aburrido y tedioso?
si fue simplemente hermoso, escribes excelentemente
y todo lo descrito pudo fluir con facilidad por mi mente
hermosisimo
me emocione con cada detalle que pusiste
y cuando lei que Jjong ya sabia lo de los 7 años
me dio ganas de golpearle por estupido <.<
todo que lo vio y tuvo tiempo de hacerse a la idea
y no lo hizo ;___;
fue hermosisimo
ya lo dije y lo seguire diciendo
....
ya bueno mi comentario si es aburrido xD

te dejo ojala sigas escribiendo cosas bellas
*3*


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Mensaje por ShawolDD el Dom Feb 12, 2012 5:04 pm

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WOW yo... me quedé sin palabras después de leerlo *0* Fue tan perfecto, comencé a leerlo y te juro que no pude pausar ni una sola vez hasta acabarlo, me atrapó por completo.
Qué manera de escribir, me hizo sentirlo todo. Sus personalidades tan contrarias, la magnitud de su amor, esa relación tan... no encuentro un modo para describirla, tan profunda, sin necesidad de palabras entre ellos, no lo sé, pero me gustó muchísisisimo!♥
Tediosa y aburrida sería la opinión más tonta que alguien podría tener sobre esto! e___e Sin duda se va a mis favoritos, fue un escrito tan puramente hermoso T.T
Te juro que me dejaste sin palabras para comentar, simplemente lo amé demasiado :3 Adoré esa descripción de la forma de ser de cada uno, a pesar de que eran tan distintos, lograron amarse de tantas maneras, fue un escrito muy especial para mí por eso! Jonghyun tuvo el valor, a pesar de que dejó pasar mucho tiempo, para decirle sus sentimientos a Kibum, y éste sabía que a pesar de todo lo iba a aceptar si volvía a verlo. Qué cosa tan más hermosa, volvería a leerlo miles de veces! ♥____♥

Muchísimas gracias por compartir tan bella historia n.n Un saludo!



Última edición por ShawolDany el Dom Feb 19, 2012 12:36 am, editado 2 veces
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Mensaje por Kimmy~ el Miér Feb 15, 2012 11:53 pm

yay porfin acabo de terminar de leerlo TwT
asdasd que puedo decir? D: amé que la historia fuera tan única, tan original <3
me encantó como lo describiste.. se sentía tan real TuT
Jonghyun del mal.. era todo un bitch (??) felizmente se dió cuenta de su error ;____;
ayy~ fue tan hermoso el final.. tan romantico lo que dijo puppy que me derretí ;O;
se le declaró a Key como era debido <3
wah~ morí en serio ;u; escribes increíble *-* asdf <3
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Mensaje por Shinee Fangirl el Miér Ene 29, 2014 9:06 pm

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Mensaje por Shinee Fangirl el Dom Mayo 04, 2014 4:34 pm

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Mensaje por KiBomie~ el Miér Mayo 28, 2014 12:50 pm

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Mensaje por Cyndy el Lun Jun 02, 2014 3:12 am

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